Dominio público

España y Rusia: nuevos tiempos

Miguel Ángel Moratinos

MIGUEL ÁNGEL MORATINOS

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El lunes se inició la visita de Estado del presidente de la Federación Rusa, Dimitri Medvédev, a España, la primera que realiza a un país de la Unión Europea tras asumir el poder el pasado 7 de mayo. A su vez, el rey fue el primer jefe de Estado de un país occidental en ser recibido por Medvédev en el Kremlin. Ambos gestos dicen mucho de la dimensión privilegiada que han adquirido nuestras relaciones y del prestigio de nuestro país en la escena internacional. En las relaciones entre España y Rusia y, por ende, entre Rusia y Europa– el cambiante contexto nos dirige
hacia nuevos tiempos, portadores de nuevos horizontes para nuestros ciudadanos.
El primer elemento sobre el que se sustenta esta nueva relación es la necesidad compartida de avanzar hacia una Europa más unida. En la primera mitad del siglo XX, Europa conoció toda clase de fracturas que la hirieron profundamente: las dos guerras mundiales, que tanto dividieron el continente; las dictaduras, que fueron fuente de marginación; y el llamado Telón de Acero, que tanto aisló a la llamada Europa del Este. Sin embargo, el siglo XX concluyó con la sutura de casi todas estas heridas: de la confrontación se pasó a la unión, y hoy la UE integra a casi todos los Estados europeos. Quizás la principal herida que aún falta por cicatrizar es la del reencuentro con Rusia.
Es patente el potencial que tenemos para actuar en común. Nuestras economías tienen una complementariedad notable, nuestras culturas una gran capacidad de enriquecerse mutuamente y nuestra acción internacional ganaría en fuerza al estar bajo una mayor concertación.

Cuesta poco imaginar lo positivo que sería para Europa contar con la energía, el conocimiento científico y las dimensiones de mercado que posee Rusia. Por su parte, Rusia podría beneficiarse de la experiencia de Europa en diversificación económica y de su potencial en términos de capital, conocimiento y mercado. Juntos podemos frenar los riesgos de la proliferación nuclear, contribuir a traer la paz en Oriente Medio y proteger el medio ambiente.
Ha llegado el momento de cooperar. La actual crisis económica internacional evidencia tanto nuestras fragilidades como el valor de la unión frente a las derivas unilaterales y refuerza la solidaridad frente al aislamiento. En el caso de Rusia, la crisis fortalece la idea de la diversificación industrial. No vale confiar sólo en las ventajas naturales (energía, materias primas, etc). El verdadero desarrollo debe basarse en la diversificación, y la UE es, por su nivel de desarrollo y su perfil económico, el socio natural de Rusia.

Para la UE, Rusia representa un mercado de tales proporciones y posibilidades que una alianza impulsaría el crecimiento y consolidaría su posición como gran actor mundial. Este continente que afronta los embates de la crisis económica puede entender y valorar con mayor claridad el coste que puede suponer la
no gran Europa.

España y Rusia, dos de los países que cierran en sus extremos el gran espacio europeo, hemos tomado buena conciencia de esta nueva mano que nos tiende el nuevo siglo. Aunque Europa sea nuestro punto central de anclaje, Rusia y España tenemos en nuestra identidad una dimensión que trasciende las estrictas fronteras europeas: España, con su profunda implicación en Iberoamérica y el Mediterráneo sur, y Rusia, con su intensa penetración en Asia. De ahí que un diálogo intenso, sincero y efectivo entre nosotros pueda contribuir a modelar conceptos y estrategias claves en este siglo. En esta línea, hemos concluido una declaración política de asociación estratégica que inicia el camino hacia un Nuevo Tratado de Amistad y Cooperación.

Por otra parte, la próxima presidencia española de la UE, que comenzará el 1 de enero, y la actual presidencia española del Consejo de Europa nos brindan la posibilidad de compartir con el resto de los países estos planteamientos con especial intensidad. Los grandes proyectos son capitales como factor de desarrollo, y así lo hemos experimentado en Europa con el euro, que, cuando han llegado las tormentas financieras, nos ha resguardado de la división del mercado interior que seguramente se hubiera producido al darse una diferente evolución de las monedas nacionales. Debemos, pues, progresar hacia un marco que integre mejor nuestras capacidades y refuerce la seguridad y el progreso de nuestros ciudadanos. En este sentido, es oportuna la propuesta del presidente Medvédev de reflexionar sobre una nueva arquitectura de seguridad europea que, preservando los esquemas existentes, redoble la seguridad de todos y cada uno
de nosotros.

Los nuevos tiempos en nuestras relaciones han llevado a la intensa participación de nuestra sociedad civil en esta visita de Estado. Por primera vez se ha producido un encuentro de rectores de universidades españolas, rusas y de América Latina para plantear una mayor presencia de nuestras culturas a través de la vasta red que ofrecen las universidades. Además, se han estudiado fórmulas para favorecer la movilidad de nuestros investigadores, profesores y estudiantes. El futuro compartido en el mundo del conocimiento y la formación de las nuevas generaciones ha dado con este evento un paso importante. Por otra parte, la celebración del primer Foro de la Sociedad Civil, fruto de la acción de la fundación Consejo España-Rusia, que propusieron en su día los presidentes de nuestros Gobiernos, ha creado un espacio de diálogo y encuentro para importantes actores del mundo económico, cultural y mediático.
Los tiempos nos llevan a redescubrirnos y a reencontrarnos, y en este proceso muchas puertas cargadas de posibilidades se están abriendo estos días en Madrid.

Miguel Ángel Moratinos es ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación

Ilustración de Iker Ayestarán