Dominio público

Mujeres y poder

 MARGOT WALLSTRÖM Y ELLEN SIRLEAF-JOHNSON

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Al celebrar por 98ª vez el Día Internacional de la Mujer, hemos de constatar que la actualidad sigue estando marcada por retos que afectan a toda la población mundial. Problemas como la crisis económica, el cambio climático, el desempleo, la pobreza y el acceso a la energía suscitan una grave preocupación en todo el mundo. En tiempos como los que vivimos, el empoderamiento de la mujer es un tema más actual que nunca.
En Liberia se ha puesto en marcha un importante proyecto internacional, gracias a la iniciativa conjunta de la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, y de la de Finlandia, Tarja Halonen: el Coloquio sobre Empoderamiento y Desarrollo del Liderazgo de la Mujer, Paz y Seguridad Internacionales que concluye hoy y que cuenta con la asistencia de personalidades liberianas e internacionales (jefes de Estado o de Gobierno, ministros, directivos de empresas, presidentes y directores generales y líderes de ONG y comunidades), con una destacada representación femenina, para compartir y poner en aplicación buenas prácticas en materia de empoderamiento económico, influencia en el cambio climático y desarrollo sostenible.

La igualdad entre hombres y mujeres y el empoderamiento de la mujer son derechos humanos esenciales para avanzar y lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio. A pesar de los progresos realizados, menos del 16% de los escaños parlamentarios del mundo están ocupados por mujeres, dos tercios de los menores que no tienen acceso a la escolarización son niñas y, tanto en tiempos de conflicto armado como tras las puertas cerradas de sus casas, las mujeres siguen siendo, sistemáticamente, víctimas de la violencia. El 70% de la población más pobre del mundo, de quienes viven con menos de un dólar al día, son mujeres. Las mujeres constituyen el apoyo exclusivo o fundamental de un número cada vez mayor de familias. Por tanto, los proyectos encaminados a mejorar las condiciones de vida de los pobres no pueden ser efectivos a menos que las mujeres participen en su definición y aplicación, como contribuyentes y como beneficiarios.

Las mujeres más pobres de los países en desarrollo son las más afectadas por el cambio climático, debido a su impacto en la agricultura, la seguridad alimentaria y la gestión del agua, que son actividades tradicionalmente femeninas. Según la Organización Mundial de la Salud, más de tres millones de niños menores de cinco años mueren cada año por causas y afecciones relacionadas con el medio ambiente. Según la organización National Wildlife Federation, las enfermedades relacionadas con el agua sucia matan a entre 5 y 12 millones de personas cada año, la mayoría mujeres y niños.
La experiencia demuestra que, cuando las mujeres realmente desempeñan un papel importante en la toma de decisiones, toda la sociedad tiende a beneficiarse de los resultados.

El Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat) presenta buenas prácticas de empoderamiento de la mujer. En Malawi, por ejemplo, la participación de mujeres en los comités de gestión del agua, gracias a programas de formación, hace que el abastecimiento de agua de las comunidades periurbanas sea más eficaz. A diferencia de los hombres, que están fuera del barrio la mayor parte del día, las mujeres saben qué factores hay que tener en cuenta al planificar la ubicación, las características y el uso de los puntos de suministro de agua.
En el asentamiento de Set Setal de Dakar (Senegal), los servicios municipales solo podían recoger el 35% de las basuras, mientras que el 51% de los hogares no tenía sanitarios y el 76% no disponía de sistemas adecuados para tratar las aguas residuales. Las mujeres pusieron en marcha un amplio programa de gestión de residuos, contribuyendo así a hacer retroceder las enfermedades infecciosas, como el tifus y la malaria, y a reducir el índice de desempleo.

Otro ejemplo positivo del empoderamiento de la mujer puede hallarse en Liberia, donde la violación fue durante mucho tiempo el delito más extendido. En 2007, el Gobierno de la India envió a Liberia a más de 100 mujeres policía, el primer cuerpo policial exclusivamente femenino desplegado por las Naciones Unidas. Esta presencia ha animado a las mujeres liberianas a acercarse a la policía, y no sólo para denunciar agresiones, sino también para ingresar en el servicio de policía de su país.

Según el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem), la creación de una unidad femenina en la policía de Kosovo ayudó a denunciar públicamente el tráfico de seres humanos y la prostitución forzosa, que eran graves problemas en Kosovo tras el conflicto armado, y a hacer que la policía los considerase cuestiones prioritarias.
Es importante que demos repercusión a estos logros. Hemos llegado a un momento en el que es imposible relegar a las mujeres, pasar por alto su experiencia y todo lo que pueden aportar. Su participación en todos los ámbitos de gestión cosecha éxitos, una y otra vez, tanto en pequeñas comunidades como en grandes organizaciones, en bancos, empresas, parlamentos, gobiernos o al más alto nivel de la toma de decisiones.
Aumentando la inclusión de la mujer en los procesos decisorios podemos hacer que su experiencia, sus conocimientos, sus intereses y su talento sean plenamente reconocidos y aceptados. A pesar de que constituyen la mitad de la población, las mujeres siguen estando mal representadas en el proceso de toma de decisiones. Es una cuestión de democracia dar más poder a las mujeres.

Para dar un giro a los contenidos de las políticas, las mujeres deben hacer oír su voz y actuar a nivel local, nacional, regional y mundial. Juntos podemos marcar la diferencia, en beneficio de la mujer y de toda la sociedad.

 Margot Wallström es Vicepresidenta de la Comisión Europea y Presidenta de Finlandia

Ellen Sirleaf-Johnson  es Presidenta de Liberia