Dominio público

Balcanes: tiempo de balance

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Como era lógico y previsible, el anuncio del repliegue de las tropas españolas en Kosovo ha generado cierto debate, que como todo debate descansa en algunas paradojas y requiere un poco de perspectiva, en un doble sentido. Enmarcar el debate en una cierta perspectiva histórica y también en una perspectiva (actual) más amplia, que vaya más allá del caso de Kosovo. En cuanto a la paradoja, la cuestión es que en sede parlamentaria y de líderes políticos, parece haber un considerable consenso sobre el fondo de la decisión, retirarse militarmente de Kosovo, mientras que las críticas (al menos las más ponderadas) se centran en el modo como se ha anunciado la decisión. No es una paradoja menor, pero es una noticia positiva: en algunos aspectos de política exterior, en España parece haber más consensos de fondo de los que el debate político sobre otros temas puede dar a entender.
La perspectiva temporal, o histórica si se prefiere, es obvia. Ninguna decisión política actual relativa a los Balcanes, es decir toda la ex Yugoslavia, más Albania y otros países vecinos, puede perder de vista que los criterios jurídicos abstractos están bien, tienen su utilidad, pero han de enmarcarse en una explicación causal de los acontecimientos. Lo que queda de la Yugoslavia de Tito es el resultado de un proceso político y de unos conflictos armados que se han extendido durante casi 20 años, con responsabilidades claramente adjudicables. Como bien ha recordado Javier Solana, España ha estado en primera línea (y ha pagado un alto precio por ello) desde la primera misión de Unprofor (cascos azules) en Bosnia Herzegovina en el otoño de 1992 hasta su presencia actual, pasando por las misiones IFOR y SFOR (de implementación de los Acuerdos de Dayton de 1995).

Nadie puede negar que la situación, por delicada que siga siendo política, económica y socialmente, ha tenido una evolución espectacular, desde el punto de vista de los cambios relativos a las razones que en su día imponían una presencia militar realmente consistente. Estados Unidos es uno de los países, por ejemplo, que fue reduciendo su presencia militar desde los días de IFOR y SFOR hasta la actualidad, desde sus propios criterios e informando a sus aliados. Como, Francia, como Reino Unido, como tantos otros. Y Javier Solana, en sus recientes declaraciones, habla desde una doble autoridad: su actual posición en la Unión Europea, pero también su condición de quien fue secretario general de la OTAN en la parte más difícil de los años noventa.

En relación al tema de Kosovo, sin que se trate de casos idénticos, hay argumentos paralelos. La misión ha durado diez largos años, su evolución política ha sido complicada, pero con los datos que cualquier observador tiene a mano, la situación actual parece militarmente estabilizada e irreversible. En todo caso es muy positivo que la parte serbia, en la actualidad (y no siempre ha sido así), haya explicitado que mantiene su reivindicación de Kosovo en sede diplomática, ante las instituciones internacionales oportunas (Naciones Unidas, UE) y mirando hacia donde la totalidad de los Balcanes mira por fin: Europa y sus instituciones regionales.

Es tiempo pues de la política y de la diplomacia, se puede ir cerrando la parte militar de la presencia internacional en Kosovo. Y se puede porque, como pasó con los Acuerdos de Dayton, la parte militar de la presencia internacional se ha cumplido, se han cubierto los objetivos asignados a KFOR, y la prueba es que –antes e independientemente de la reciente decisión española–, a pocos meses vista está previsto que los efectivos pasen de 15.500 a 7000, es decir, una reducción diez veces superior al contingente que España retira. Y posteriormente, se prevé que un retén de disuasión de unos 2.000 soldados permanezca en reserva por un tiempo. A ello cabría añadir que otros países militarmente más importantes, como Francia y Reino Unido, han hecho saber que su agenda es similar: reducción sustancial o retirada de tropas, acompañamiento diplomático e institucional.

Es mejor, además, explicar las cosas con claridad. La situación en los Balcanes en general, y en Kosovo en particular, ha cambiado para mejor, y no en diez o quince años: en los últimos tres o cuatro años. Pero efectivamente, hay en encuadrar y acompañar este tramo final desde las instituciones internacionales apropiadas (Naciones Unidas, Unión Europa, OTAN y OSCE). Y esta situación todavía evolutiva se refleja en que la misión de Naciones Unidas en Kosovo sigue vigente, pero su relación con el despliegue de Eulex, las nuevas tareas que ello comporta para IFOR (que ya no son las iniciales), hace que los países que han reconocido a Kosovo (22 de 27 en la UE, 21 de 26 en la OTAN, 57 en todo el mundo) puedan adaptar su presencia a esta nueva situación, y los que no han de poder tomar
sus decisiones.

Y una última reflexión: estamos hablando de organizaciones internacionales de estados, en las que las decisiones se toman por consenso cuando procede, o con opciones distintas cuando es el caso. Una Unión Europea a 27, si quiere tener más PESC (política exterior y de seguridad común) y más PESD (política europea de seguridad y defensa), tendrá que adaptarse a estas situaciones variables, en las que los principios y valores compartidos convivirán con momentos en los que intereses y prioridades de unos y otros serán distintos.
España ha cumplido con creces en los Balcanes en los campos de la diplomacia, de la acción humanitaria y de su presencia militar. Cualquiera que haya frecuentado aquellas tierras en los últimos 15 años puede dar fe de ello.

Pere Vilanova es  Catedrático de Ciencia Política y analista en el Ministerio de Defensa