Opinion · Dominio público

El G-20, mano visible

MIGUEL ÁNGEL MORATINOS

dominio-02-03.jpgA pesar de los estragos de la crisis, la economía española y nuestras empresas cuentan hoy con más resortes y mejores condiciones que hace sólo dos décadas. Una mayor estabilidad macroeconómica, la solidez del tejido empresarial, su diversificación y el liderazgo de nuestra banca y compañías transnacionales nos hacen más fuertes, y también más europeos. No corren tiempos para el desánimo sino para la audacia, la concertación eficaz y el impulso colectivo. Como dicen destacados miembros de la Administración norteamericana, “nunca se debe desaprovechar una crisis”.

La actual crisis desborda las barreras nacionales y nuestra estrategia de ajuste pasa necesariamente por Europa y la zona euro, así como por la adecuación del sistema financiero internacional. Las políticas global y europea necesitan instituciones cada vez más ágiles, participativas y legitimadas si queremos gestionar objetivos a medio y largo plazo, así como las dificultades que demandan soluciones inmediatas y urgentes. Debemos acelerar las incipientes y tímidas reformas de organismos internacionales para asegurar la eficacia de una nueva gobernanza mundial. Los países que participamos en el Foro de Estabilidad Financiera, donde se elaboran propuestas para la cumbre del G-20 ampliado de Londres, percibimos que estamos ante el desafío de una crisis sistémica que, sumada a otras, nos sitúa ante un escenario de cambio de paradigma. Así lo señalan muchos analistas que han iniciado la búsqueda de nuevos modelos, aunque “la dificultad no reside tanto en concebir nuevas ideas sino en cómo saber librarse de las antiguas”, como afirmó Keynes.

Entre lo inmediato y lo urgente está la regulación del sector financiero y la reforma del Fondo Monetario Internacional y, lógicamente, gestionar con eficacia los planes de estímulo que ascienden a casi 400.000 millones de euros en toda Europa; es decir, el 3,3 por ciento del PIB de la Unión. Los planes de choque nacionales son el resultado de un gran esfuerzo público y la garantía del mantenimiento de un modelo social europeo. Por ello, se ha activado también un plan de 5.000 millones de euros destinados a interconexiones energéticas y telecomunicaciones, mientras que el empleo sigue estando en el epicentro de la preocupación política europea. Los planes de recuperación están en marcha y, afortunadamente, la red social en Europa es fuerte y goza de buena salud.

Desde el Foro de Estabilidad Financiera se apuesta por la actuación conjunta y por mayores medidas de vigilancia; por un buen control público frente a las tendencias fracasadas de autorregulación. Necesitamos normas para articular el sector financiero internacional y reformarlo, para adecuarlo a una economía global e interdependiente y para hacerlo más previsible. De ahí que “la mano invisible” deba ser cada día más visible y más previsible. No se puede poner en riesgo el desarrollo actual y los estímulos globales asumidos por los compromisos de la comunidad internacional en materia de ayuda al desarrollo. Como señala Ban Ki-moon, “es cuestión de necesidad económica pragmática”, pues la interrelación de los desafíos globales que nos avanza el futuro requiere de mayores dosis de diálogo político, de confianza y de concertación eficaz.

En el último Consejo Europeo se reforzó la posición común para la reunión del G-20, al tiempo que se acordó el incremento de recursos para el Fondo Monetario Internacional. Este organismo debe ser reformado a fondo, ampliar su transparencia,
optimizar sus mecanismos de gestión y garantizar su financiación. El objetivo marcado de los 370.000 millones de euros para el FMI es factible y así lo hemos hecho saber los europeos e importantes países asiáticos.

Ante este panorama conviene recordar que la crisis es fruto del descalabro de las bases ideológicas conservadoras y de las decisiones de sus referentes políticos que, a día de hoy, sólo miran para otro lado mientras reducen o acallan sus dificultades internas. “Aparentemente, la ideología conservadora tiene permiso para dejar de lado la sensatez”, afirma Paul A. Samuelson, lo que debe animar amplios acuerdos e innovar para propiciar un cambio de modelo, desde los ámbitos político-institucionales, económico-financieros, sociales y culturales.

La consecuencia más dramática de esta crisis son los más de 50 millones de personas de todo el mundo que previsiblemente engrosarán el desempleo. Para afrontar el nuevo paradigma, la cumbre del G-20 debe profundizar en el diseño de unas bases de negociación para establecer relaciones financieras, económicas y comerciales más justas y equilibradas. Debemos ir más allá de los planes de rescate, de la recuperación de la demanda, de la modernización del FMI y las instituciones económico-financieras, de la implantación de mayores garantías de regulación, y diseñar también un plan de rescate para las economías emergentes y los países menos desarrollados. Más que “un New Deal a escala global” debemos cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio y concretar políticas y medidas orientadas a los países en desarrollo y a favor del crecimiento económico de los países africanos.

Tenemos que mantener y ampliar el crédito dirigido a estos países y a los programas de lucha contra el hambre, la pobreza y la enfermedad. Darle la vuelta a las previsiones de contracción del capital dirigido a los países emergentes y del África Subsahariana, que necesitan también de líneas de crédito y de financiación para afrontar con éxito posibles tensiones políticas, sociales y culturales, y demostrar que no aciertan agoreros y escépticos.

El gran reto del G-20 no es sólo legitimar y hacer visible la mano de Adam Smith, sino estimular el control y la transparencia del sistema financiero internacional, así como el efecto multiplicador keynesiano en la economía mundial. Y activar este efecto también en el campo de la confianza, un valor que debemos aportar desde la responsabilidad de la sociedad civil global para vencer las dificultades.


Miguel Ángel Moratinos
es ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación

Ilustración de Patrick Thomas