Opinión · Dominio público

¿Es España Grecia? ¿Es el PSOE el Pasok?

 Manuel Escudero

Economista. Responsable del programa electoral en la candidatura de  J. Borrell  a la Presidencia. Impulsor de la iniciativa para la adopción estatutaria de las primarias en el PSOE

 

La respuesta clara a estas dos preguntas es: no. España no es Grecia ni culturalmente, por tamaño, por trayectoria o por peso en la UE. Ni el PSOE es el Pasok, no se ha relacionado con la derecha del mismo modo y su huella en la conformación de la sociedad española ha sido bastante más profunda.

Sin embargo, para muchos la comparación es inevitable. En un entorno donde los problemas se han agudizado debido a la misma política de austeridad suicida practicada desde la UE, el colapso de un partido histórico como el Pasok junto con la ascensión de Syriza, plantea inevitablemente ecos en sus pares españoles – de esperanzas fundadas para Podemos, y de lógicos nervios para el PSOE.

En esta coyuntura, no son suficientes los movimientos superficiales – como decir que todos estamos contra las políticas “austericidas” o presentes en la batalla europea por el crecimiento. Con un gran cariño por su historia, y con gran respeto por lo que ha hecho por España en cuanto a su modernización y la puesta en pié de un Estado de bienestar, creo que el PSOE debe ahora reexaminar con nuevos ojos la realidad y reposicionarse estratégicamente para seguir siendo útil a España hoy.

Un buen modo de hacerlo es comenzar por afirmar que para defender en la España de 2015 los intereses de la mayoría, de las clases trabajadoras y medias, se necesita un sector privado vigoroso, un sector público vigoroso y una sociedad civil vigorosa. Sin embargo, hoy nos encontramos en una situación de enorme desequilibrio de esos tres actores.

1.- El mercado prima sobre el estado, y lo privado sobre lo público

Desde la caída del Muro de Berlín, lo privado ha ido triunfando sobre lo público, y el mercado sobre el Estado. Lo cierto es que la socialdemocracia no ha sabido colocar este hecho nuclear en el primer plano.

Las manifestaciones de la dominación de las grandes empresas y los grandes inversores financieros en nuestra sociedad son múltiples:

–     El esfuerzo fiscal de las grandes empresas es mucho menor que el de los ciudadanos.

–     Las grandes empresas pueden eludir legalmente el pago de sus impuestos y trasladarlos a paraísos fiscales.

–     La connivencia de las grandes empresas con el sector público hace posible la opacidad en la fijación de precios y la apropiación de monopolios: los que soportan estos excesos son los ciudadanos como consumidores.

–     El discurso dominante de prevalencia del mercado sobre el bien común hace posible que estemos volviendo a situaciones generalizadas de explotación sobretodo de los jóvenes trabajadores y profesionales a través de la temporalidad, los becarios o los falsos autónomos.

–     Lo público ha acudido en ayuda de las grandes empresas en el momento de la crisis, de modo que la redistribución se ha paralizado para favorecer la recapitalización de las grandes empresas.

–     Sus “lobbies”, crecidos en este caldo de cultivo, hacen declaraciones políticas o recomendaciones sobre las políticas bajo el manto de la “racionalidad económica”, recomendaciones que se dirigen a apuntalar su dominación sobre toda la sociedad.  Un ejemplo de ello es el calculado desembarco del club de las empresas del IBEX 35, el Consejo Empresarial de Competitividad, en la CEOE y su intervención creciente en el campo de la política.

Las desigualdades crecientes en España no son un hecho fortuito, sino el resultado de esa dominación privada sobre el bien común, que está llevando a las clases medias y trabajadoras a un deterioro enorme, poniendo en peligro la sosteniblidad de la propia sociedad.

Por ello, el primer elemento para un (re)posicionamiento estratégico es reconocer que  en la época actual un elemento nuclear de la política y las políticas del socialismo democrático es volver a poner bridas al capitalismo. Por otra parte, esa convicción no es algo nuevo. Como ya se definió en 1959 en Bad Godesberg por parte de los socialdemócratas alemanes: “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario”. Ese principio debería ser rescatado hoy.

2.- El debilitamiento de lo público y el deterioro de la democracia

Para que lo público vuelva a poner bridas al mercado, se precisa una democracia fuerte. Desafortunadamente, en España tenemos un régimen democrático deteriorado, por el poder excesivo que tienen las cúpulas de los partidos políticos. La combinación de una Ley de Partidos laxa respecto a los criterios democráticos internos, y una Ley Electoral con listas cerradas y bloqueadas, han hecho que las cúpulas dirigentes sean las que decidan:

– La selección de las élites políticas más por afinidades corporativistas y clientelistas que por méritos

– La ausencia de mecanismos adecuados de rendición de cuentas de los representantes populares ante quienes les eligieron

– Parlamentos donde la voluntad de las cúpulas de los partidos se sigue de modo férreo y donde las mayorías parlamentarias no tienen problemas para asegurar la imposición de sus decisiones políticas

La invasión bajo el designio de las cúpulas de los partidos del resto de las instituciones del Estado: Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial, Fiscalía del Estado, Tribunal de Defensa de la Competencia,  Tribunal de Cuentas, Empresas Públicas, Medios de Comunicación Públicos.

– La invasión por parte de los partidos ha llegado a organismos que inciden directamente en el ámbito privado, como la Comisión Nacional del Mercado de Valores, las Comisiones Reguladoras de sectores de interés general, el Banco de España o los Consejos de Administración de las antiguas cajas de Ahorro, e incluso los Consejos de Administración de grandes empresas.

La corrupción, ya desde comienzos de los años 90 del pasado siglo ha sido un efecto colateral de la impunidad en la rendición de cuentas del sistema, implicando a casi todos los partidos políticos del arco parlamentario y a una buena parte de sus instituciones.

Por ello, el segundo gran elemento para un (re)posicionamiento del socialismo democrático es reconocer que el desarrollo de la democracia en España ha llevado a que los dirigentes políticos tengan un poder desmedido, se renueven con criterios no siempre reconciliables con el bien común, colonicen el resto de poderes del Estado e instituciones sociales fundamentales y, como consecuencia, se incremente la corrupción. Ese reconocimiento, y el consiguiente cambio de posicionamiento para reformar radicalmente el régimen democrático en España es la segunda  condición básica para convertir la democracia en un arma poderosa contra la supremacía de los poderes privados.

3.- La inevitable ascensión de la sociedad civil

España es un país en el que la sociedad civil se encuentra particularmente debilitada. El ejemplo más emblemático es la falta de financiación que el sector padece. En nuestro país las desgravaciones fiscales para financiar asociaciones de la sociedad civil apenas alcanzan el 40%, mientras que en Francia, por poner un ejemplo cercano, las desgravaciones se sitúan en el 70%.

Sin embargo, la sociedad civil española está en ascenso. Tres hechos lo atestiguan sobradamente:

–     Un movimiento de asociacionismo ciudadano en crecimiento: desde comienzos del nuevo siglo hemos sido testigos de la emergencia y crecimiento de miles de asociaciones de la sociedad civil. Son organizaciones pluralistas, donde sus miembros no se adhieren al programa de un partido, sino a la consecución de un objetivo compartido de desarrollo, lucha contra los abusos de poder, solidaridad, etc…

–     La proliferación de iniciativas comunitarias: los movimientos de base,  nacidos sobre la base de valores de sostenibilidad, nuevos hábitos de vida saludable, autoorganización y ayuda a los más desfavorecidos a escala local.

–     La emergencia de un nuevo tipo de iniciativas económicas: con marcado fin social, – emprendedores sociales que organizan nuevas iniciativas empresariales con una reglas de juego diferentes a las de la iniciativa privada tradicional y nuevas iniciativas económicas que construyen  nuevos movimientos de economía social, participativa, o circular. 

La evolución de la sociedad civil española y su pujante vitalidad pese a todas las trabas, es la mejor garantía para reequilibrar lo privado y sanear lo público en España.

Pero esto solamente será posible si los partidos políticos, en vez de colonizar a la sociedad civil, cambian su naturaleza y se convierten en vehículos eficaces de la misma.  Los partidos políticos de la izquierda deben ampliar enormemente su contacto con la sociedad civil porque es ésta la que aporta la nueva savia de la sociedad

Por ello, el tercer (re)posicionamiento es cambiar la naturaleza de los partidos y hacerlos reconocibles para la sociedad civil: con estructuras creadas de abajo a arriba y no de arriba abajo. Organizaciones con primarias, limitación de mandatos, incompatibilidades, ejemplaridad ciudadana de sus líderes y ausencia de privilegios como elementos básicos de una organización política útil.

Poner nuevas bridas al capitalismo desde el sector público, hacerlo reformando radicalmente nuestro régimen democrático y dar más poder a la sociedad civil son tres elementos nucleares de la política de la izquierda hoy. No son fáciles de acometer, y menos en una época electoral. Pero a veces, en vez de en la calma de las ensenadas, la única alternativa es reparar el barco en altamar. ___________________________________________________________________

@EscuderoManu