Dominio público

El peligroso cóctel de petróleo y terrorismo

Andrés Piqueras

Profesor de Sociología. Universidad Jaume I de Castellón

Andrés Piqueras
Profesor de Sociología. Universidad Jaume I de Castellón

Este año la sobreproducción de petróleo que estaba destinada a desplomar los precios para hundir a los "Estados hostiles" (Rusia, Irán, Venezuela, Ecuador…) terminará por hacer quebrar el demencial negocio del fracking estadounidense, como ya es sabido. Lo que quizá no se sepa tanto es que las compañías que se encargan de esa dañina técnica están aseguradas por entidades que incorporan en sus haberes Fondos de Inversión y de Jubilación, así como deudas de Administraciones y Estados, etc. Es decir, otra vez el mismo macabro juego que provocó la debacle en 2007-2008.

En este proceso hay un país que desempeña un papel clave: Arabia Saudí.

La pléyade de jefes de Estado, personalidades y políticos de primer nivel que se han acercado a presentar sus condolencias a la monarquía feudal de Arabia Saudí da clara muestra del lugar que este Estado ocupa en la geoestrategia mundial. Veamos:

a) Tiene un proyecto de integración regional, en virtud de su hegemonía económico-política, y de su función "subimperialista", subordinada a EEUU y por tanto, de estrecha alianza con Israel. Está buscando levantar una especie de UE árabe en la que él representaría a "Alemania" (salvando todas las distancias de esta comparación ilustrativa), una vez que EEUU le ayude a "limpiar" de Estados díscolos la zona, reduciéndolos a la barbarie.

b) Es el gozne en la confrontación en curso entre centros viejos y nuevos posibles centros del Sistema Mundial capitalista (a los que se empeñan en llamar "Occidente" y "Oriente" respectivamente).

c) Se mueve en una delicada línea de tensión que le puede hacer entrar en contradicciones con los propios EEUU: una extraña "desaparición" de oro saudí en la Banca suiza apunta al Departamento de Finanzas de EEUU. El país árabe no puede terminar de vender su petróleo a cambio de papeles verdes sin valor. Si cambia su política toda la hegemonía del dólar se derrumba. De momento, su acercamiento económico a Rusia (intercambio energético en sus respectivas monedas) no parece agradar mucho a los norteamericanos.

d) Es a todas luces el principal financiador directo del Estado Islámico y otros cuerpos militares y paramilitares del fascismo asiático repartidos por buena parte de ese continente (frente a los que hasta ahora apenas sólo la titánica y sobrecogedora resistencia del pueblo kurdo, amén del sirio, ha logrado frenar en su expansión), con ramificaciones en África y Europa, como los europeos estamos constatando con dolor cada vez con más frecuencia.

¿No es curioso que los mismos Estados que dicen sufrir tal "terrorismo fundamentalista" vayan a rendir homenaje a la dinastía corrupta que le nutre? ¿No está sirviendo aquél para el endurecimiento del control y la represión, e incluso para dar la puntilla a todo lo "progresista" y "social" dentro del capitalismo europeo? Preguntas demasiado serias como para no tener en cuenta.

De hecho, probablemente el capital transnacional hace tiempo que ha decidido sacrificar una de sus versiones o de sus columnas de apoyo: la socialdemocracia europea. De ahí el de otra forma incomprensible de "suicidio" de la misma, que ya hemos visto en el caso griego, británico e irlandés, entre otros (¿también el alemán?) y que poco a poco vamos a comprobar en más lugares, como muy probablemente sea el caso de España.

En este sentido, los abrazos de Pedro Sánchez con Rajoy son un aviso a navegantes, un anticipo del "Gobierno de concertación nacional" al que nos condenará el Bipartido Único (PPSOE) en caso de necesidad, si los resultados electorales no les van bien. Lo que a todas luces supondría el sacrificio de la versión "progresista" (socialdemócrata) del capitalismo español (esto es, el desplome del PSOE).

La clase dominante española, con la Corona a la cabeza, se recrea yendo a besar las manos de los tiranos saudíes. Sus personalidades de gobierno se compungen frente a Auschwitz mientras miran para otro lado cuando se les pregunta por el Auschwitz de más de 60 años instalado en Gaza, y mantienen un silencio cómplice frente al genocidio franquista, negándose sistemáticamente a condenar ese terrorismo.