Dominio público

La pseudodemocracia, una trampa para la participación

Carmen Salamanca

Periodista. Militante del PSM-PSOE. Miembro del equipo Gana Madrid. Exdirectora de Comunicación del PSM

Carmen Salamanca
Periodista. Militante del PSM-PSOE. Miembro del equipo Gana Madrid. Exdirectora de Comunicación del PSM

Los métodos pseudodemocráticos son,  en muchas ocasiones, peor que los claramente antidemocráticos, porque hacen que nos perdamos en el  espejismo y no reivindiquemos la auténtica participación.

El método al que hemos asistido estos días para la elección en el PSM (método, por otra parte, tradicional) para elaborar la lista completa de los candidatos a la Asamblea de Madrid y al Ayuntamiento de la capital adolece, precisamente, de esta característica, es pseudodemocrático.

Cada militante, cada agrupación propone todos los nombres que quiere (lo que le da la pátina de método democrático). Normalmente no se vota, y todos los nombres suben directamente a la comisión de listas. Nadie sabe el número total de compañeros propuestos, nadie sabe el nombre de todos los aspirantes, nadie sabe por qué se quieren presentar ni cuáles son sus proyectos para la ciudad o la Comunidad.  Finalmente, ninguno de los candidatos está realmente respaldado por los votos de la militancia.

La comisión de listas, junto a la dirección del partido y el cabeza de lista, elabora la lista final con total libertad de movimientos, porque, lógicamente, ya se han encargado previamente de que los nombres integrantes en las mismas hayan sido  propuestos en varias de las asambleas celebradas. Es verdad que, posteriormente, esta lista vuelve a pasar por las agrupaciones para su aprobación, pero, realmente, se trata de un mero trámite.

Estas listas se elaboran atendiendo fundamentalmente a los intereses de los lobbys del partido, de las distintas familias y del poder interno de cada una de ellas. La valía personal, profesional y política del candidato o candidata, su trabajo en el entorno social, su lucha por los derechos ciudadanos pasan a un segundo o tercer plano o, simplemente, no se tienen en cuenta.

Sin embargo, es bastante fácil realizar unas elecciones verdaderamente democráticas de las personas integrantes  de las listas para cualquier tipo de elección.  Sólo es cuestión de voluntad política.

Así, cualquier militante podría presentar su candidatura para ser diputado o concejal, acompañada de un currículum profesional y político, presentando, a su vez, un pequeño resumen de las razones que le impulsan a querer presentarse, así como las ideas fundamentales de la gestión que llevaría a cabo de ser elegido.

Toda esta documentación estaría a disposición de los militantes y simpatizantes, tanto en la red como en todas las agrupaciones. Los candidatos deberían estar en disposición, vía internet, telefónica o personal, de ampliar la información a cualquier persona que lo solicite.

La comisión de listas sólo tendría que elaborar dos listas: hombres y mujeres. Cada militante o simpatizante podría votar por los compañeros y compañeras que considerase más adecuados para representar a la ciudadanía. Las votaciones se podrían realizar a través de Internet o en las agrupaciones mediante urnas.

La dirección del partido no tendría más que sumar los votos de cada candidato o candidata para establecer el orden de la lista definitiva a presentar en las diferentes elecciones.

El problema es que la pseudodemocracia, finalmente, sustituye a la verdadera democracia y, en vez de una auténtica participación, nos acostumbramos y  conformamos con la pseudoparticipación.