Dominio público

Autopsia del 23-F

José A. González Casanova

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La Anatomía de un instante, de Javier Cercas, bien pudiera titularse Autopsia del 23-F, porque este magnífico libro coincide en su método con otras acepciones del vocablo: "Visión con los propios ojos", "examen de un cadáver para investigar las causas de su muerte" y "análisis minucioso de cualquier cosa". Cercas se basa para su detallado análisis del 23-F, con sus causas y efectos, en la imagen televisiva de un instante histórico, el asalto al Congreso, y lo eterniza en su íntima y ambigua verdad. Su visión no es subjetiva. Es muy propia, pero tan apropiada como apropiable. Historiadores y politólogos no nos hemos curado aún de nuestro predominante interés por las estructuras sociales y políticas (hecho necesario tras una historia de monarcas y batallas) y tendemos a minusvalorar el factor psicológico en el drama político. ¿Puede explicarse la era franquista sin el psiquismo del astuto y mediocre general que le dio nombre? Cercas es aún más objetivo e imparcial que otros analistas del 23-F, pues trabaja con datos idénticos, pero se abstiene de justificar o condenar el golpe en función de prejuicios, tópicos o bulos. Su autopsia penetra en el corazón de las tinieblas que acortinan la trama. Usa la intuición para atravesar la imagen de TVE, para imaginar el suceso desde la psique de los actores. No es fantasía novelera, sino novela psicológica cervantina, en la que no importan tanto los hechos como saber por qué se realizan. La fotografía deviene radiografía.

Su intuición imaginante revela el carácter trágico del drama político. La tragedia griega oscila entre el fatalismo de Esquilo y el libre albedrío de Eurípides. En el punto medio, Sófocles. La libertad estriba en construir duramente el destino personal dialogando con otros y reaccionando ante los golpes de la Fortuna. Cercas, como el griego, funde su análisis racional de impecable lógica con la percepción de unas fuerzas oscuras que escapan del mismo y deja que el enigma inicial lo desvele su propio desarrollo. Aporta una visión holística de hechos que, como todos los épicos, ocultan su núcleo trágico incluso con trazos operísticos. Grecia vio la tragedia como un rudo diálogo entre egos (¡cuántas palabras se intercambiaron durante el 23-F!) y un forcejeo de fuerzas en donde el exceso de ambición es un bumerán que derriba al desatinado. La meta de la tragedia es la catarsis: limpiar el alma u otras acepciones idóneas para el

23-F, eliminación de substancias nocivas para el organismo o de recuerdos que perturban el estado psíquico. El Ejército, tras esa fecha, depuró su mentalidad y olvidose de su idolatría franquista. El psicodrama del rey logró en minutos lo que un manual de Derecho Constitucional hubiera tardado años.

Desvelados los sentimientos que anidaban en los héroes de la conspiración (celos, desprecio u odio hacia Suárez) y en los constitucionales (redención, sacrificio, firmeza democrática civil y militar), Cercas nos hace evidentes sus conductas ambiguas, llenas de matices, pero más reales que las pintadas en un maniqueo blanco o negro. Vivisecciona, a lo Shakespeare, la capacidad humana de autoengaño y de disfrazar de nobles ideales (patria, monarquía, democracia) deseos inconfesables.

Según el autor, el más honesto sería Tejero, por ingenuo y primario. Él es quien hace fracasar el Golpe de Armada, un traidor que sólo buscaba mayor poder. Tras él, el rey, manipulado por su antiguo tutor hasta que descubre su traición, es el que pone firmes al generalato y no cae en el error de su abuelo y su cuñado griego. Asienta así una monarquía parlamentaria (o república coronada) frente a la falsa república autoritaria de la derecha ex franquista. Cercas aún logra algo más: simbolizar en la pugna de unos sentimientos demasiado humanos nada menos que un momento arquetípico de la España eterna. En el contexto político-social del 23-F, circunstancia apropiada para el drama, se ordenan, clasifican y relacionan conductas personales según un juego de correspondencias simbólicas.

El punto de partida es la clave de todo el proceso. Sólo Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo se mantienen erguidos pese a los balazos. Un trepador del franquismo más un golpista del 36 coinciden con un republicano comunista que dedicó su vida a combatirles. Los tres encarnan la transición democrática porque han abandonado sus trincheras durante el régimen anterior. Frente a ellos, Tejero reencarna a un Franco idealizado; Milans, a sus antepasados monárquicos, maniacos del pronunciamiento, y Armada, al cortesano canovista con ambición de valido, que denuncia al rey el exceso de democracia. Los tres prolongan la tradición militar golpista del pasado. La tragedia es, por tanto, la perpetua de las dos Españas. Pero Cercas desvela con su autopsia del 23-F que a la tercera va la vencida y que la vencida es la Guerra Civil. Entre siete héroes trágicos, cada uno en su papel libremente elegido, la habrían enterrado para siempre.