Dominio público

¡Qué cruz!

EVA MINTENIG

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Hace 15 años, en el momento de hacer la declaración de la renta, decidí poner la cruz en la casilla que destinaba el 0,52% (en el próximo ejercicio ya será el 0,70%) de mis impuestos a la Iglesia católica. No soy creyente ni practicante, y anteriormente siempre había marcado la otra casilla, la de "otras opciones", que llevaba mis dineros a otro tipo de organizaciones de acción social, las ONG. Tomé la decisión de marcar la otra casilla (por aquel entonces había que optar por una de las dos) por una cuestión personal. Un familiar muy cercano, con una enfermedad estigmatizada que arrastraba desde hacía décadas, tuvo por fin una atención hospitalaria digna y eficaz y nosotros, los familiares, agradecimos enormemente el trato humano, el respeto y la profesionalidad que se nos dispensó. Aquel hospital pertenecía a una orden religiosa católica y, afortunadamente, tenía un convenio con la Seguridad Social.

Ahora he cambiado de opinión, y en mi próxima declaración la casilla "Iglesia católica" quedará en blanco. No es que aquel hospital haya cambiado de orientación. Lo que pasa es que he sabido que, si marco esta casilla, el 0,70% de mis impuestos destinado a la Iglesia se empleará en el mantenimiento de la estructura de esta institución, y no en la obra social que realiza a través de organizaciones católicas. Y el mantenimiento de su estructura incluye la financiación de la emisora radiofónica Cope, la cadena de los obispos españoles cuyos locutores y tertulianos insultan, mienten y siembran el odio y la crispación entre sus oyentes. Cada vez con más descaro, es decir, con menos vergüenza. Como ciudadana nacida en Barcelona, y por tanto catalana, me siento especialmente ofendida por la iracunda campaña de la Cope contra los catalanes, injusta y mentirosa. Yo nunca he escuchado la Cope, y me enfado con los amigos y compañeros que sí lo hacen. "¿Has oído lo que ha dicho la Cope esta mañana?". Mi respuesta es invariable: "No, no me interesa". Me niego a enfurecerme cada jornada a primeras horas del día con informaciones tergiversadas o directamente falsas, y con opiniones que parecen salidas del túnel del tiempo, del tiempo nefasto, quiero decir. Ni un euro de mi bolsillo financiará esta operación.

Esto viene a cuento porque el otro día leí que en el último ejercicio de la declaración de la renta el número de contribuyentes catalanes que sólo marcaron la casilla de las ONG creció un 6% respecto al año anterior, y ya constituye el 38,59% de la población que paga impuestos en Catalunya, frente al 17,11% que marcó sólo la casilla de la Iglesia. Quiero aclarar dos cosas: que desde hace dos años se pueden marcar las dos casillas a la vez (con lo cual no destinaremos el 0,70% de nuestros impuestos a estos fines sino que será el 1,40%), y que escoger sólo la opción ONG no quiere decir que estos recursos no lleguen a organizaciones de inspiración católica como Cáritas, que me merece un profundo respeto. Por eso las ONG están haciendo campaña para que los católicos solidarios marquen las dos casillas y no solamente una. Si marcan únicamente la de la Iglesia, el otro 0,70% de sus impuestos irá a parar directamente a las arcas del Estado. Y francamente, creo que el Estado va sobrado.

Por lo que a mí respecta, lo tengo clarísimo: sólo pondré la cruz en la casilla "otras opciones". Y, aparte, daré el dinero que me dé la gana a aquel maravilloso hospital y a otras entidades o personas vinculadas a la Iglesia que me merezcan respeto y confianza. Les hablo, por ejemplo, del sacerdote Manuel Pousa (paremanel.org), del barrio de Verdún de Barcelona, con años y años de dedicación a los presos y a otros colectivos excluidos; de Enrique de Castro (San Carlos de Borromeo, en Madrid); de tantos hombres y mujeres religiosos que alivian penas y resuelven problemas cotidianos de muchas personas y que, seguramente, no deben de escuchar la radio a menudo. Lo que no quiero es que ni un céntimo mío alimente lenguas viperinas impregnadas de odio y de ira y que sólo aspiran a recuperar el poder que perdieron un día. Si estas voces dejaran de contaminar las ondas, quizás volvería, una vez más, a cambiar de opinión y volvería a marcar con una cruz la dichosa casilla de la declaración de la renta. Ya lo dicen: rectificar es de sabios.

Eva Mintenig es periodista