Dominio público

¿Es Podemos un 'soufflé'?

Enrique del Olmo

Sociólogo y militante socialista

Enrique del Olmo
Sociólogo y militante socialista

En las últimas semanas el viento que pegaba de cola al barco de Podemos o se ha aplacado o ha girado y de pronto la mayor innovación de la política española parece que va a desaparecer del panorama cual soufflé que pierde su cuerpo y su prestancia.

La salida de Monedero y el estancamiento o bajón en las encuestas han provocado una reacción airada tanto dentro como fuera de la formación morada.

Las sonrisas han vuelto a aflorar en las caras de los representantes más conspicuos de la derecha y derechona española, tanto en su versión mediática como en la política. Pero también en la histórica izquierda del PSOE e IU muchos han respirado pensando ¡al fin se rompe el espejismo, ya las cosas vuelven a su cauce! Y su campaña en muchos casos calcada de los argumentos de la derecha (populismo, inviabilidad, chavismo, autoritarismos, indefinición programática) ha girado hacia el nosotros somos la única izquierda real.

Y todo el movimiento generado a partir del 15-M y luego integrado de alguna forma en el espacio político por Podemos también se ha agitado para exigir la vuelta a los orígenes, al abandono del posibilismo político, el retorno a los Círculos e incluso a un nuevo proceso constituyente podemita. Ya con el primer ejercicio de política parlamentaria en Andalucía, algunos sectores se habían encastillado de nuevo en el "PSOE, PP..." y alertaba de los graves peligros de contaminación institucional instalándose en el miedo a lo desconocido.

Sin embargo, la situación dentro de su complejidad sí marca unas tendencias generales a las que hay que responder. Hay que poner la mirada larga sin dejar de luchar en el día a día en la conquista de posiciones de cambio en la sociedad y las instituciones. Hay que mirar en las aspiraciones de cambio en la sociedad y no tanto en las dificultades internas de cada uno, que siempre afloran cuando el viento no sopla a favor.

En primer lugar, hay que partir de una frase extraordinariamente acertada de Monedero: "El sistema sí ha hecho bien los deberes". Efectivamente, era de una cierta ingenuidad pensar que después de las grandes movilizaciones del periodo 2011-2014,  y de sus expresiones políticas en la crisis del bipartidismo,  la agudización de la tensión con Cataluña y la decadencia monárquica, los poderes fácticos del sistema iban a permanecer contemplando pasivamente su caída. En absoluto, de inmediato se pusieron a levantar un cortafuegos muñiendo Felipe González de Secretario General del Régimen: el primer punto del programa la abdicación de Juan Carlos, el 19 de junio del 2014, una institución clave como la Corona con un grado de aceptación cada vez menor (34% en esa fecha) era rescatada mediante la entronización de Felipe VI con una resultado inicial claramente positivo (76%) para el nuevo Rey; los otros puntos del programa de "rescate" del sistema también han sido claros y explícitos: la apuesta por la gran coalición, si las crisis bipartidista se agudizaba; y la generación en el último periodo de un nuevo actor, Ciudadanos, más limpio y novedoso que el PP y menos rupturista y temerario que Podemos; la reforma limitada de las reglas del juego: reforma y maquillaje constitucional que no avanza lo necesario por la torpeza y ceguera del PP;  y todo ello en el marco del acatamiento férreo de la doctrina de austeridad de Bruselas y el Bundesbank que el PP aplaude enfáticamente y la dirección del PSOE se distancia a veces parcialmente pero sin cuestionar en absoluto el modelo.

El cansancio de la tensión independentista catalana y la apariencia de una mejora económica han hecho el resto. Se ha pasado de una situación de crisis y ruptura a una situación de cambio limitado, pero sin olvidar los dos términos: cambio, que lo hay y limitado, lo que alarga los plazos del cambio más profundo. Cuantitativamente se ha pasado del escenario de los tres 25% (PP, PSOE y PODEMOS) donde además la fuerza rupturista tenía margen de seguir creciendo en diversas direcciones y lugares; a un escenario de cuatro 20% (PP, PSOE, PODEMOS y Ciudadanos) donde tres fuerzas juegan al establishment y una queda aislada.

En este nuevo escenario el más grave error que puede cometer Podemos es mirarse hacia adentro, hacia los problemas lógicos de toda organización en construcción (cuando está construida los problemas son de otra índole, muchas veces inverso) y esto incluye también no ensimismarse en la presión mediática, en los procedimientos, en el funcionamiento. Desde luego que ha habido decisiones controvertidas: el monolitismo de la dirección, la teoría de la centralidad (que cada uno interpreta como quiere) y sobre toda la de mayor alcance social, la no presentación a las municipales. Estos debates tendrán que hacerlos pero por encima de todo hay que mirar hacia la sociedad, hacia una mayoría social de cambio se manifieste en términos políticos. He aquí una de las claves, lo central no son las decenas de miles de personas organizadas y movilizadas, que son importantísimas, la gran tarea es que hay que convencer a los millones de personas que no soportan más está situación, que rechazan la inmensa estafa de la crisis, la insoportable desigualdad, esta corrupción como sistema y este cinismo instalado en gran parte de la clase política. Y ese cambio es algo que demandamos desde diversos ángulos políticos y no son ni la etiquetas, ni las adscripciones las que lo definen.

Si alguien duda de que la primera tarea donde estamos comprometidos todas las personas que apuestan por un cambio es derrotar al PP, que escuche durante 10 minutos a Esperanza Aguirre, Cospedal, Montoro o Rajoy para saber que el futuro con ellos es un nuevo giro de tuerca en la austeridad, en las mordazas y en la pérdida de derechos. No se puede mirar para otro lado ante este reto, luego se podrá discutir de todo: como se configuran los gobiernos, cuales son los apoyos, que participación se tiene institucionalmente, lo que se quiera, pero para abrir un nuevo espacio y un nuevo periodo la derrota de la derecha clásica es un condicionante sine qua non.

Vivimos un periodo de extraordinaria complejidad y Podemos, acostumbrado a un periodo de mieles dulces, va a tener que acomodarse: sin perder impulso pero sin quedar en el limbo de los justos. Se tiene que mostrar como una fuerza de cambio, como ha dicho Pablo Iglesias recientemente: "Debemos explicar que nuestro programa es el programa del cambio, precisamente porque se centra en rescatar a los ciudadanos, en transformar el modelo productivo, en favorecer el empleo de calidad y con derechos, en promover la innovación tecnológica y en crear instituciones que protejan la democracia de la corrupción y del saqueo de lo público". Pero es que ese programa va mucho más allá de Podemos, son muchas las fuerzas que se presentan con valores comunes y alrededor del mismo se podrán establecer pactos, alianzas y acuerdos, sin prejuicios ni condicionamientos previos. Fuerza de cambio sí, pero también fuerza fiable y capaz, es decir, que logre políticas prácticas y concretas para el bienestar de los ciudadanos y sobre todo de los sectores con mayores dificultades, la gente no va a esperar a que nadie se aclare o soluciones sus problemas internos es imprescindible desde el minuto uno que se sienta que se está ante una opción útil.

Evidentemente no todo es posible ni realizable —ahí tenemos el ejemplo de Syriza— pero ahí juega la comunicación permanente con la sociedad que es uno de los grandes valores de los procesos de unidad popular que se han ido generando, junto a los instrumentos que hacen posible esto. Un buen ejemplo es la investidura de Susana en Andalucía, desde el principio hubo sectores que señalaban que bajo ningún concepto se podía facilitar la investidura de la candidata socialista, y se soltaba la misma retahíla de las graves responsabilidades del PSOE desde la muerte de Manolete hasta nuestros días. Pero la realidad y la exigencia de la ciudadanía era otra, le dio fuerza a Teresa Rodríguez para que fuese útil no para hacer una declaración estética de antibipartidismo, y también emitió un mensaje claro a Díaz; eres la fuerza mayoritaria pero no absoluta, tienes que demostrar los cambios.

Las tres propuestas de Podemos que nacen del sentido común y no de un programa son la prueba del algodón de la disposición del PSOE-A de cambio, no son ni ultimátum ni chantaje (como han dicho el corro de aduladores de Susana), sino mejoras concretas de la lucha contra la corrupción, contra los desahucios y en defensa de los servicios públicos. Este tipo de tesituras son las que van a estar a la orden del día a partir del 24-M para todo el mundo y de forma especial para Podemos, donde se mostrará que son un instrumento de cambio y no una simple declaración de intenciones.