Dominio público

Se acerca el viento del cambio

Carolina Bescansa

Responsable de la Análisis Político y Social de Podemos

Carolina Bescansa
Responsable de la Análisis Político y Social de Podemos

Con agradecimiento a los estudiantes de mi curso de Metodología por su generosidad en el debate de las interpretaciones

Seguramente nunca ha sido tan difícil hacer pronósticos electorales en España como lo es hoy. Con independencia de las estimaciones finales que están llevando a cabo cada uno de los institutos de opinión del país, todos señalan caídas sin precedentes en los niveles de fidelidad de los electorados de los viejos partidos. Ayer mismo, el CIS nos decía que si las elecciones generales se celebrasen hoy, sólo el 52% de los que votaron al PSOE en 2011 volverían a hacerlo ahora. Esa proporción de leales cae al 49% en el caso del PP.

En estas condiciones, ¿qué cabe esperar que ocurra el próximo 24 de Mayo? Muchas cosas. Muchas e importantes. Aunque las encuestas publicadas a lo largo de las últimas semanas no parecen ponerse de acuerdo sobre quién va primero, segundo o tercero en la competición, sí revelan la existencia de tendencias que condicionarán de manera decisiva lo que ocurra dentro de poco más de dos semanas.

El primer punto común a todos los estudios que estamos conociendo es el consenso sobre la definición de un nuevo sistema de partidos con cuatro partidos relevantes. Dejando a un lado la cocina que lleva a cabo cada cual, la intención directa de voto de todas las encuestas, incluida la que el jueves nos brindó el CIS, dibuja escenarios de empate técnico entre el PP y Podemos y establece distancias relativamente cortas entre ambos partidos, el PSOE y Ciudadanos.

La segunda tendencia de fondo se refiere a la tasa de concentración del voto, es decir, el porcentaje de voto que conseguirían los viejos partidos. En este ámbito, el proceso de descomposición del sistema de partidos en nuestro país se expresa, con toda su profundidad y sus contradicciones, en la veintena de encuestas que el CIS hizo públicas en su barómetro de mayo. De acuerdo con esos datos, si las elecciones generales se celebrasen mañana, los viejos partidos tendrían difícil alcanzar entre ambos el 50% de los votos. El CIS apuntala las tendencias que se venían dibujando desde las elecciones europeas de 2014 y describe un escenario en el que tanto el PP como el PSOE cosechan los peores resultados de su historia. Afinando un poco la lectura de los datos publicados, si las elecciones generales se celebrasen mañana, el CIS nos dice que el PP perdería en torno al 45% de los apoyos con los que contó en 2011, es decir, unos 5 millones de votantes. Sin ningún género de dudas, una pérdida sin precedentes, la mayor de toda su historia. Por su parte, en esas mismas hipotéticas elecciones generales, el CIS sostiene que el PSOE se dejaría por el camino unos 2 millones de votantes, es decir, el 29% de sus apoyos en 2011, cuando Rubalcaba cosechó los peores resultados de su historia. Un escenario inédito en el que el PP lograría el apoyo de 6 millones de votantes y el PSOE de unos 5.

La tercera tendencia dibujada por todos los institutos se refiere al escaso grado de cristalización del voto a escasas dos semanas de las elecciones. Las proporciones de personas que todavía no han decidido a qué partido votar varían de encuesta a encuesta, pero todas hablan de proporciones que oscilan entre el 25% y el 50% de electorado. Un escenario sin precedentes en la historia electoral de nuestro país.

Y sin embargo, escuchando las valoraciones de los portavoces de los viejos partidos pareciera que ambos caminasen a paso de vencedores hacia un triunfo memorable. ¿Cómo se explica esta paradoja? Bien, como muchas cosas en la vida, ganar o perder es, sobre todo, una cuestión de expectativas. Situados frente a los abismos, la expectativa de conservar la mitad de sus electorados tradicionales resulta un excelente resultado tanto para el PP como para el PSOE. Por el contrario, para Podemos sólo vale ganar, porque sólo ganando podremos empezar el cambio real en nuestro país, ese cambio que permita recuperar el crecimiento económico y el empleo que nos han arrebatado los  corruptos y los sinvergüenzas y ponga, de una vez para siempre, las instituciones al servicio de la gente.