Dominio público

Sin cambio no hay pensiones

Jorge Moruno

Sociólogo

Jorge Moruno
Sociólogo

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, pide abaratar el despido y bajar salarios, pero él se subió un 5% el sueldo en 2014. Su sueldo bruto en 2014 fue de 174.733 euros. Según el INE, el sueldo más habitual en España asciende a los 15.500 euros al año. La OCDE indica que entre 2007 y 2011, el 10% de los españoles más desfavorecidos perdieron un 13% de ingresos al año y el INE nos dice, que el 42% de los hogares españoles no puede afrontar un gasto imprevisto. Linde aconseja a los jóvenes ahorrar porque su pensión será baja. Por partes, ahorrar con salarios basura es imposible: de hecho los bajos salarios, junto con las subvenciones a la contratación, son una de las mayores causas por las cuales los ingresos a las Seguridad Social de las nuevas cotizaciones sociales, son casi inexistentes. Así no hay para financiar pensiones.

En 2013, el sueldo de los trabajadores temporales fue un 36,6% más bajo que el de un trabajador indefinido y en 2014, el 92% de los contratos firmados fueron temporales. Los trabajadores a tiempo parcial cobran unos 5 euros menos la hora que uno indefinido. Hay quienes ante esta situación piden acabar con la dualidad igualando por abajo, esto es, precarizando a los que todavía no lo están. Trabajan en ello: desde 2011 se han destruido 1,3 millones de empleos a tiempo completo y 667.000 indefinidos. Quienes como Linde se suben el sueldo, exigen a quienes se lo han bajado, que cobren cada vez menos y que ahorren cada vez más.

Según la Fundación Funcas, se ha recuperado el 39% del PIB perdido en la crisis, pero solo el 13% de empleo. Una cosa son los datos macro y otra muy distinta es entre quiénes se reparten las mejoras. Lo que nos imponen las élites es muy claro: el paro crónico y la precariedad perpetua se convierten en una constante. Además, como todo es ideología, Linde omite nombrar que hay otras formas de financiar las pensiones si se tiene como prioridad, o que el aumento de la productividad a lo largo de estas décadas permite, que con mucha menos gente empleada se puedan costear más pensionistas. Es decir, puede repartirse más tiempo libre y asegurado entre más gente, con menos gente empleada. Pero sucede que ese aumento de la productividad no recae sobre el beneficio de la sociedad, lo hace sobre el aumento de beneficios privados. En 1970 había casi siete personas trabajando por cada pensionista, mientras que a comienzos de la crisis el número de trabajadores por cada pensionista no llegaba a tres. Había superávit en la hucha de las pensiones, hoy Rajoy se ha gastado un 38% de esa hucha en solo tres años.

¿A quién le beneficia la incertidumbre, tirar abajo el sistema público de pensiones, subir la edad de jubilación, o la cuenta de la vieja de tanta gente trabajando toca a tantos pensionistas? A los seguros privados, a los planes de pensiones privados, pero en ningún caso a la mayoría de la ciudadanía. Esto no es cosa de números, no es mera aritmética, esto va de decisión política sobre la economía de la gente. Un pueblo movilizado por el miedo acaba adoptando el pensamiento de esclavo; eso buscan. Uno movilizado por la alegría y el cambio es un pueblo libre y ese, no obedece a los que se benefician de su ruina. En noviembre podemos cambiar este rumbo injusto e ineficaz.