Dominio público

Este sí es el tiempo del cambio

José Manuel López

Portavoz del Grupo Podemos en la Asamblea de Madrid

José Manuel López
Portavoz del Grupo Podemos en la Asamblea de Madrid

La dimensión de la crisis económica, acompañada de una crisis política, ha sido proporcional a los cambios que hemos vivido en los últimos años. Las transformaciones sociales han ocurrido a menudo de forma vertiginosa, algo que a veces dificulta que seamos conscientes de lo diferentes que "estamos" y de cómo las instituciones y el sistema político se parecen ahora mucho más a cómo "somos".

Desde que el 15M y sus distintas consecuencias interpelaron al bipartidismo acerca de su responsabilidad en la contundencia de la crisis, y su capacidad para resolverla sin provocar más daño social, la ciudadanía decidió iniciar un proceso de profundos cambios. Al surgimiento de colectivos en defensa de derechos fundamentales, de uso de las redes sociales para combatir la desinformación, de mayor control de las instituciones, se terminó sumando un proyecto político destinado a representar el nuevo protagonismo ciudadano. Podemos nació de la necesidad de una nueva política, del agotamiento de un sistema de partidos que había desatendido los derechos fundamentales, que se había alejado de la sociedad y había dejado de escucharla.

El deseo de participación ha sido una de las demandas fundamentales de este tiempo político del cambio. En las grietas de una nueva realidad, resquebrajada por la crisis, han surgido con fuerza sectores sociales recién politizados, colectivos y militantes cansados de partidos políticos blindados. La mayor parte de las organizaciones del sistema de partidos con el que alcanzamos la crisis o se dedicaban al clientelismo, tomando medidas contrarias a los intereses de las mayorías, o dedicaban ingentes esfuerzos a peleas internas y luchas de poder que poco tenían que ver con la transformación social. El surgimiento de Podemos tiene por tanto su origen en las carencias e inercias de los partidos que han ocupado las instituciones en los años del régimen del 78, y en un deseo de amplios sectores sociales por que las cosas cambien.

La sorpresa que dieron los cinco eurodiputados de Podemos en las elecciones europeas de 2014 fue el anticipo de un proceso de catarsis electoral que se ha extendido en los comicios municipales y autonómicos del pasado 24 de mayo. En menos de un año hemos vivido el advenimiento de un profundo y vertiginoso cambio: ¿quién podía pensar hace apenas unos meses que las alcaldesas de Madrid y Barcelona serían Manuela Carmena y Ada Colau, dos mujeres que encabezaban por primera vez una lista electoral y de formaciones inexistentes hace un año?

Al mismo tiempo, los parlamentos autonómicos han visto llegar a más de un centenar de  nuevos diputados y diputadas empujados hasta allí por el viento de una nueva representación, por el empoderamiento de una parte creciente de la sociedad que quiere unas instituciones abiertas, atentas, capaces de escuchar y responder a sus demandas. Estamos en un momento diferente del proceso; ya no sólo se trata de indignación, ahora se trata de articularla desde las instituciones, de una forma efectiva para mejorar la vida de la gente.

El nuevo tiempo político comienza a dar sus frutos. En la Asamblea de la Comunidad de Madrid el Partido Popular ha perdido una votación por primera vez en veinte años –¡veinte años!-. Ha sido en la aprobación de una Comisión para la Auditoría del Endeudamiento y la Gestión Pública, propuesta por Podemos y que será presidida por una de sus diputadas.

En los últimos ocho años la deuda de la Comunidad de Madrid ha pasado de 10.000 millones de euros a 25.000 millones. Dinero que se ha ido a financiar proyectos innecesarios como las autopistas radiales o las infraestructuras para las olimpiadas. Dinero con el que se podría haber evitado la creciente desigualdad que hay en la sociedad madrileña.

Se trata además de la respuesta a otra de las demandas ciudadanas; la transparencia. Sólo desde el conocimiento minucioso de las decisiones políticas, de los errores, de cómo se han "cocinado" las tramas corruptas, podremos regenerar la gestión pública.

Ahora, aparecen en el horizonte la elecciones generales y la lupa se ha puesto de nuevo sobre la vida orgánica de Podemos, sus relaciones internas y externas. Sin embargo, el cambio se está produciendo en el parlamento aragonés, donde se ha exigido a las compañías eléctricas un céntimo por kilovatio, para paliar la pobreza energética. También en el de la Comunidad Valenciana, donde los inmigrantes vuelven a tener tarjeta sanitaria. En Madrid, la Comisión aprobada va a permitir renegociar los sobrecostes de algunos procesos de construcción y privatización y evitar obras innecesarias, como el desdoblamiento de algunas autovías que el PP pone encima de la mesa.

El proceso ha sido rápido pero, si se quita la lupa, se ve cómo ahora hay políticas reales que hace apenas cinco años eran impensables; políticas que dan respuestas a los problemas que nos han traído hasta aquí, como la desigualdad o la corrupción.

En Madrid los 20 años de la mayoría absoluta del Partido Popular han sido una penitencia que se ha hecho muy larga para muchos madrileños y madrileñas. La votación que han perdido por la iniciativa de Podemos tiene valor efectivo y real; y mucho valor simbólico. Me preguntaban el otro día sobre qué pensaba que sería mejor para para iniciar un tiempo de innovación política, si la confluencia en sus variantes o sólo Podemos. Quitemos la lupa, el cambio ya está aquí. Bienvenidos al cambio.