Dominio público

Lo que queda por descubrir

Rafael Rodrigo

dominio-07-20.jpgRafael Rodrigo

Si hubiera que poner un nombre al periodo iniciado en los años sesenta, la mayoría estaríamos de acuerdo en llamarle Era Espacial. Es evidente que muchas disciplinas científicas han sufrido un auge espectacular en las últimas décadas pero, desde su inicio, quizás por su multidisciplinariedad y por la unión de la ciencia básica y el desarrollo tecnológico al que ha dado lugar, la investigación espacial ha nacido y madurado rápidamente, y hemos vivido una auténtica explosión de logros científicos y tecnológicos.

Muchos de esos logros han marcado nuestra memoria, y otros, que por habituales pasan desapercibidos, afectan a nuestra vida diaria y al bienestar de los pueblos. No es raro, pues, que exista un enorme interés por todo lo relacionado con la exploración e investigación espacial.

Los más entrados en años pueden, sin duda, recordar, y hasta con pasión, la carrera para conquistar la Luna y su éxito más importante, el 20 de julio de 1969, con la llegada del primer hombre a nuestro satélite. Los más jóvenes han podido sentir el interés revivido por la exploración de Marte. Pocos podían prever este fuerte desarrollo que nos ha colocado en una situación en la que la ciencia espacial ha empezado a superar a la más fantástica ciencia-ficción.
Así, las grandes potencias de la época dilucidaron su supremacía en la carrera espacial. La conquista de la Luna marcó un hito, quizás irrepetible, como proyecto colectivo de una sociedad totalmente volcada en la investigación y en el desarrollo. El proyecto implicó a más de un millón de personas y supuso toda una demostración de lo que se puede avanzar en sólo una década.

Algunos ciudadanos pueden todavía pensar que no utilizan las aplicaciones espaciales, pero las imágenes de satélite y los logros de la Era Espacial nos llegan a casa diariamente en forma de predicción meteorológica y nuevos productos. Utilizar un cajero automático, la conexión a Internet, el teléfono móvil y la televisión, por citar sólo unos ejemplos, es posible gracias a los satélites artificiales.

Todo ello redunda en una mayor calidad de vida, y aunque pudiera pensarse que sólo beneficia a las sociedades más desarrolladas, no hay nada más lejos de la realidad. Los nuevos desarrollos han permitido obtener una visión global de nuestro planeta y de los fenómenos que ocurren en su superficie y su atmósfera. La observación de la Tierra desde el espacio contribuye a la lucha tanto contra desastres naturales, como contra los producidos por la actividad humana, como los accidentes petrolíferos, la deforestación y la polución. Al tener una visión global de las zonas afectadas, se puede realizar su seguimiento y establecer estrategias de prevención y lucha mucho más efectivas.

El agujero de ozono fue detectado desde el espacio, y su seguimiento y estudio ha promovido entre los gobiernos la articulación de medidas para salvaguardar nuestro escudo protector. Hoy en día es posible realizar desde estimaciones de cosechas, pesca, reservas de petróleo y de minerales, hasta calcular los depósitos de agua que se producirán en el deshielo de la nieve de las montañas. Todavía no hemos sacado el máximo provecho, quizás porque los avances producidos nos superan en ocasiones y porque no se produce la necesaria reacción y modernización de nuestras administraciones y

sociedades.

Asimismo, la exploración del Cosmos y de nuestro entorno más cercano está sufriendo grandes avances. Gracias a la instrumentación espacial hemos obtenido información vital sobre el Universo más temprano, más frío o más energético. Sin duda, cada vez estamos más cerca de ser capaces de dar respuestas, no siempre únicas ni absolutas, eso sí, sobre nuestro origen y el de la vida. En los próximos años, la exploración de los cuerpos celestes vecinos y de sus condiciones físicas puede arrojar luz sobre los marcos en los que es posible la vida.

Conviene en este punto señalar que la Astronomía en España se ha desarrollado de modo espectacular durante los últimos 40 años, especialmente en la última década. Tanto si nos referimos a la producción científica y tecnológica, como a los recursos humanos o las infraestructuras clave, muchos centros españoles de investigación, universidades, observatorios, etc., son, en la actualidad, referentes mundiales en la investigación astronómica. Un ejemplo es el Gran Telescopio de Canarias (que se inaugurará el próximo día 24), y que será el mayor telescopio óptico del mundo; un "ojo gigante" al cielo de 10,4 metros de diámetro desde el hemisferio norte.

Además, este año más de 140 países de todo el mundo se han unido a la celebración de 2009 como Año Internacional de la Astronomía, que reconoce la contribución de esta ciencia a la sociedad. Con cientos de actividades, esta iniciativa pretende estimular a los ciudadanos el interés por la Astronomía y la Ciencia en general.

El futuro de la exploración espacial, aún lleno de las lógicas incertidumbres, casi lo podemos tocar e intuir. La existencia de estaciones espaciales y naves tripuladas a otros mundos no es un sueño. Los avances que ello comportará a las ciencias de la vida, con nuevos fármacos y materiales, no han hecho sino empezar. Pero, para un correcto desarrollo de todas aplicaciones, será preciso contar con la ciencia básica, a veces tan olvidada como necesaria.

Me gustaría proponer, a modo de reflexión final, una famosa cita de Konstantin Tsiolkovski (1857-1935), pionero ruso de la astronáutica: "La Humanidad no se quedará para siempre en la Tierra, sino que en busca de vida y espacio, saldrá primero tímidamente de la atmósfera y finalmente conquistará todo el Sistema Solar". ¿Quién lo iba a decir en 1935?, pero en ese camino estamos.

Rafael Rodrigo es Presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Ilustración de Iker Ayestaran