Opinion · Dominio público

Telemadrid, con los pies en el fango

Enrique Pérez Cabezas

Realizador de televisión y editor de contenidos del blog de comunicación MAIALab.com

Enrique Pérez Cabezas
Realizador de televisión y editor de contenidos del blog de comunicación MAIALab.com

La radiotelevisión pública madrileña afronta esta semana un debate parlamentario trascendental para su futuro. Vida o muerte, una vez más. Vida o muerte tras el secuestro: nada más y nada menos. Desde que atraparon su cuerpo las movedizas arenas ideológicas de Esperanza Aguirre,  por las que cualquier no afín a su régimen puede ser considerado ‘rojo’, la emisora de la Ciudad de la Imagen se hundió en el fango y no consigue zafarse, no levanta cabeza. Este jueves se presenta ante la cámara autonómica la votación para constituir el Consejo de Administración, resultado de aplicar la nueva Ley de Telemadrid, inventada por Ciudadanos para el PP. Un gran invento. La anterior ley, perfilada a demanda de pasadas mayorías absolutas, no favorecía ya sus intereses. Gracias al tul naranja, el viejo cocodrilo se nos presenta vestido de modernismo y con los labios pintados de independencia (o de despolitización, que algunos quieren que usted piense que viene a ser lo mismo).

Ya no están al frente de la Comunidad ni Esperanza Aguirre ni Ignacio González, que en su ático descanse. Es un nuevo tiempo, todo es diferente. Tampoco están sentados frente al televisor los millones de madrileños que en su día seguían fielmente los informativos y programas de un canal público que constituyó una emblemática referencia. Se aburrieron los madrileños cuando se lo cambiaron por el sucedáneo informativo-propagandístico de los halcones aguirristas y por un manojo de estrambotes oportunistas que jamás soñaron llegar a disponer de tan gran altavoz para decir barbaridades.

Tampoco están, desgraciadamente, los 861 trabajadores que pagaron en sus carnes el desastre de gestión, con un ERE injusto y declarado ilegal por la justicia: por ser solo trabajadores y no disponer de más pedigreé constituían un ‘nido de rojos’ muy peligroso y, por tanto, lo prioritario fue inculparlos y extirparlos. Y así se hizo. La gestión económica trufada de aberraciones fue hinchando el globo de la deuda. Hasta 240 millones de Euros que hemos ido pagando entre todos, poco a poco y discretamente, para que parezca que nunca han existido. Pues bien, una vez liberados del lastre vía presupuesto público, los mismos gestores de la época González presumen ahora de buena gestión. La cuadratura del círculo está servida: El dorado soñado por los neoliberales. Nos ofrecen una televisión pública para Madrid barata, sostenida por un núcleo de redactores ideológicamente afines, bien cribado, a los que exigirles fidelidad no hace ni falta, pero que ahora nos alejarán de “lo político”. Juguemos: la vida es bella. Para todo lo demás, Telefónica, beneficiaria directa de la externalización de la producción y servicios técnicos. Es un nuevo tiempo, con un aire más puro, y el azul del cielo ahora se está volviendo anaranjado. Como de un nuevo amanecer. Lo que queda feo, claro, es que se cuelen vetas rojas.

Bueno, y que dimita la presidenta recién nombrada por ellos mismos, tampoco queda bonito, no. Solo hay un problema más: al otro lado de los receptores sigue sin haber madrileño que lo aguante y el castillo de naipes se desmorona por falta de credibilidad. La audiencia se reduce a un irrisorio 4,6% en el mes de Marzo* de 2016 mientras que la media de FORTA para el mismo mes fue del 7,6%. Muchos ya no la tienen ni sintonizada.

Desde que Ciudadanos llegó para salvar los muebles de la inundación de mierda que cada día crece en Génova 13 y que amenaza ya a varios diputados regionales y alcaldes de Cifuentes, Telemadrid va a pasar de ser “La Casa de las Gárgolas” a despolitizarse. Mágico concepto. Despolitizar quiere decir que como la composición del Consejo de Administración con la ley anterior no salía a gusto del PP, con la ayuda de Ciudadanos se inventaron una ley nueva y ahora no hay control parlamentario; lo que era un Ente público, sujeto a las normas de lo público, ha pasado a ser una sociedad anónima cuyo control y destinos ejerce exclusivamente el Gobierno de la Comunidad (que como todos sabemos no es político: solo gestiona nuestro bienestar).

Reluciente les ha quedado el objeto, señorías: la única pata que le falta al banco, para asentarse, es el control del nuevo Consejo de Administración, porque pasar de las palabras a los hechos es complicado y por ahí se nos puede estropear todo. Un Consejo que supuestamente se debe abrir a la sociedad, aceptando en su seno a representantes de asociaciones diversas y, además debe buscar un equilibrio entre los representantes de los partidos presentes en la Asamblea, limitando su presencia a uno por grupo.

Pues bien, si a la presidenta de la Comunidad no le gusta que entre las asociaciones se presente un sindicato, aunque cumpla con todos los requisitos que PP Y Ciudadanos han impuesto para formar parte del Consejo, lo veta y punto (porque ella lo vale, que es apolítica y de buena familia). Y si se veta a un sindicato, ¿por qué no hacer lo mismo con los representantes del resto de de los grupos de la cámara que son de izquierdas? (de izquierda quiere decir ‘rojos’, por si lo dudan). Pues ya está: una vez metidos en el fango, ¿qué más da…?

Para eso se arma un bloqueo en la elección de los miembros del Consejo de Administración, rompiendo un pacto previo, y se hace una campaña diciendo que no pueden hacer la nueva Telemadrid porque no les dejan los ‘rojos’. Tan ricamente. Se siembra la sospecha de ‘politización’ en los representantes de los grupos de izquierdas mientras no ven en el ojo propio la viga de proponer como candidato del PP a un acreditado tertuliano-periodista que aparece en el sumario de la trama Gürtel. Y a otra cosa, que está amaneciendo la nueva democracia. Esperamos que no llegue el día que exija su puesto en el Consejo de Administración de Telemadrid un representante de la trama Púnica, porque entonces…  Buenos días y buena suerte.

*Fuente: Barlovento Comunicación