Opinion · Dominio público

¿Ni burócratas ni outsiders?

Dina Bousselham

Politóloga y miembro de Podemos

Dina Bousselham
Politóloga y miembro de Podemos

Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia.
Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo.
Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.
Gramsci

Ojala los partidos políticos en España afrontaran debates  estratégicos con el mismo nivel de honestidad intelectual y transparencia pública con la que se afrontan en Podemos. Sería muy interesante, y un ejercicio de valentía política, ver como se piensan a sí mismos el resto de partidos. Dicho esto, me gustaría apuntar un par de cuestiones en la línea de la hipótesis que presentaba Pablo Iglesias en los cursos de verano de la UCM.

Decía Kierkegaard que atreverse es perder el equilibrio momentáneamente, y no atreverse es perderse uno mismo.  Hace dos años una fuerza extraparlamentaria (un outsider institucional) que venía principalmente de leer políticamente y analizar socialmente, en los grandes think tanks populares que son las universidades públicas españolas, lo que venía sucediendo en los últimos cinco años en nuestro país desde la emergencia del 15M, elaboró una hipótesis de impugnación del régimen que, fundamentalmente, introdujo una nueva forma de pensar e interpretar la realidad política. La creación de un nuevo sentido común, derivado de la crisis de régimen (crisis cultural, crisis política, crisis social y crisis económica) abrió una ventana de oportunidad que permitió a Podemos traducir la indignación popular en votos, aprovechando el ciclo electoral para dar inicio al fin del bipartidismo. La historia es de sobra conocida; las europeas, los gobiernos del cambio, los cinco millones de votos del 20D y el 26J.

Un 26J que cierra pero que también abre un nuevo ciclo. Más pausado, reflexivo y complejo. Unidos Podemos se ha consolidado institucionalmente dentro del sistema de partidos como la única alternativa real a los partidos del turnismo (alternativa o pesadilla del bipartidismo). Una fuerza de fuerzas, de sensibilidades y de diferentes identidades que se miran de tú a tú sin complejos. ¿Hacia dónde nos dirigimos ahora? Con 71 diputados en un parlamento fragmentado y sin consensos claros que obligan a los partidos a dialogar, Unidos Podemos es la principal fuerza de oposición al régimen. Con un PP que hegemoniza el espacio conservador, dejando a Cs como partido bisagra-residual, y un PSOE con su representación parlamentaria más baja desde 1979 -y un debate interno sobre su propio viraje ideológico que amenaza con romper sus débiles equilibrios internos-, pero que a pesar de todo sigue siendo un fuerza clave en la conformación de gobierno para los próximos años, tenemos un escenario político que expresa un cambio de paradigma. Unidos Podemos, un partido con esencia de movimiento cuyo desafío es aprender a conjugar políticamente la acción institucional (la actividad parlamentaria, necesaria para poder cambiar el sistema desde dentro) sin perder pie en la calle (espacio imprescindible de lucha, participación, rendición de cuentas y empuje de la ciudadanía). ¿Va a ser fácil? Nadie dijo que ganar lo fuera.

La izquierda tradicional lleva más de un siglo enfrentándose al dilema de elegir entre actuar dentro de las instituciones o echarse a la calle. Una falsa dicotomía, un falso “nudo gordiano”, del que debemos deshacernos de un solo corte. Los socialistas optaron a comienzos del siglo pasado por hacer política dentro de la legalidad y los comunistas se inclinaron por la revolución. Hoy comprendemos como una evidencia que ambas posiciones son complementarias y no excluyentes. El debate no es tanto renunciar a una de las opciones, como encontrar ese delicado equilibrio entre estar dentro y seguir fuera. No queremos convertirnos en burócratas que normalizan las relaciones de poder y de conflicto profesionalizando la política. Ahí es cuando renunciamos a nuestro ADN y nos convertimos en ellos. Pero tampoco se puede construir una alternativa de gobierno sólo desde el exterior. Tenemos que encontrar una lógica de retroalimentación que sea capaz de impugnar el esquema de dominación desde una vertebración del movimiento popular en las instituciones democráticas.

En esta estrategia de retroalimentación popular de la praxis institucional la guerra de movimientos va a ser clave. Es muy probable que la ventana de oportunidad se vuelva a abrir en un contexto en el que Podemos asuma el papel institucional de oposición a un posible gobierno del PP mantenido con la abstención del PSOE –básicamente cumpliendo con las fantasías del Sr Cebrían y obligándoles a enfrentarse a sus propias contradicciones- mientras que se reactiva en la calle aquella indignación que salió como resultado de un hartazgo del 99%. Nosotros frente a ellos. Esto podría acelerar nuevamente el ciclo, alterando los tiempos, o como diría un viejo compañero, nos volveríamos a encontrar con décadas donde no pasa nada y semanas donde pasan décadas. Y si eso no sucede ahora, habrá que seguir dando la pelea, en otros términos, hasta conseguir abrir las grandes alamedas.

Venimos de haber resistido mucho y de haber sido derrotados durante mucho más tiempo. Eso sí, tanto fuera como dentro no debemos olvidar jamás el porqué nació Podemos: Para luchar con y por los de abajo, para parar desahucios, para que los abuelos no tengan que estirar su pensión para darles de comer a sus nietos, para que vuelvan los que se tuvieran que exiliarse, para que los autónomos, pequeñas empresas y familias puedan vivir dignamente. Para echar a los corruptos y a la mafia que nos gobierna. Para devolverles la sonrisa a la gente. Para volver a vernos en el brillo de los ojos de todo un pueblo. Para pelear por nuestro futuro y por los que vendrán después de nosotros.

Vamos despacio, porque vamos lejos.