Opinion · Dominio público

Una Marea para cambiar Andalucía

Manolo Monereo

Teresa Rodríguez, candidata a Secretaria General de “Por una Marea Andaluza”, diputado y componente de la iniciativa “Andalucía Sumamos”Maribel Mora, senadora y componente de la candidatura “Por una Marea Andaluza”Mari García, diputada en el Parlamento de Andalucía

Teresa Rodríguez, candidata a Secretaria General de “Por una Marea Andaluza”
Manolo Monereo, diputado y componente de la iniciativa “Andalucía Sumamos”
Maribel Mora, senadora y componente de la candidatura “Por una Marea Andaluza”
Mari García, diputada en el Parlamento de Andalucía

Podemos Andalucía está en un proceso electoral interno. El debate está siendo tranquilo, aportando ideas y señalando objetivos. Hay una cierta autocontención: debatir para fortalecer el proyecto, para construir la alternativa, para ser útiles. En este sentido, es un buen antecedente para lo que viene. Lo que nos une es mucho; se trata ahora de pulir las herramientas, de profundizar en el programa y definir una estrategia adecuada. Ahora de lo que se trata es de construir propuesta y dirección a la altura de las exigencias de nuestra tierra.

Los que defendemos la Marea Andaluza lo hacemos en positivo y con el propósito claro de construir la alternativa al régimen de Susana Díaz. Los debates internos nos interesan poco y lo hacemos para fortalecer un proyecto que creemos que es absolutamente necesario. El papel jugado por la Secretaria General del PSOE en Andalucía ha sido claro y dice mucho de su personalidad política. El dato decisivo es que los poderes fácticos han intervenido a un partido como el PSOE, en alianza, hay que subrayarlo con fuerza, con dirigentes como Susana Díaz para echar a Pedro Sánchez. La opinión que tengo sobre el antiguo Secretario General del PSOE es conocida y no merece la pena detenerse en ella, pero hay que escucharlo. Dice lo que muchos sabíamos, que en España gobiernan los grandes poderes económicos financieros, que existe una “trama” muy articulada entre poderes mediáticos, una parte importante de la clase política, conectada con las cloacas del Estado y al servicio de la oligarquía. Lo que no dice, pero insinúa, es que una parte significativa de la propia dirección del PSOE forma parte de esa trama. No es casualidad que sean los barones y la baronesa la parte fundamental que se ha levantado contra Pedro Sánchez.

Se afirma en los mentideros de la Villa y Corte que Susana Díaz dijo, refiriéndose a Pedro Sánchez, que “no sirve pero nos sirve”. Ella cometió el error de otros muchos dirigentes, intentar gobernar al PSOE a través del “mando a distancia” esperando una oportunidad para asaltar el poder. Susana Díaz ha enseñado qué tipo de político es, cómo entiende la vida pública y la democracia en el partido. Sabemos con mucha certeza lo que intuíamos por su gestión en Andalucía: prepotencia, desprecio a las ideas ajenas y una enorme ambición personal. Es el tipo de político usual en la época neoliberal, sin ideología, con control firme de los instrumentos del poder y un autoritarismo sin límites.

Lo que ha quedado claro es que el PSOE vive una crisis orgánica en todas partes, incluida Andalucía. Detrás de ella hay muchos datos relevantes: pérdida de afiliación y de militancia, desconexión con una parte sustancial de su base social tradicional y de las nuevas generaciones; pérdida de identidad y carencia de una propuesta solvente frente a la derecha. El PSOE tiene que hacer enormes esfuerzos para aparecer como diferente de la vieja y nueva derecha y está al borde de ser parte de una gran coalición “de facto”. Susana Díaz quiere hacernos creer que la crisis del PSOE es solo cosa de Madrid, pero se equivoca, esta es su crisis y abre la cuestión de la alternativa en Andalucía.

Hablamos de alternativa, para decirlo más claro, una alternancia para la alternativa es lo que Andalucía necesita. El PP andaluz es la simple alternancia, el enemigo ideal para Susana Díaz e incapaz siempre de organizar un proyecto con posibilidades reales de vencer. La alternancia para la alternativa es, sobre todo, un nuevo proyecto político para Andalucía con el objetivo preciso y nítido de construir un futuro social, económico y ecológicamente sostenible. La clave, otro modelo de desarrollo que sitúe en su centro las necesidades básicas de las personas, que construya capacidades, que genere una igualdad real entre hombres y mujeres y que organice una democracia de la vida cotidiana.

Cambiar Andalucía para cambiar todo el Estado. Nos oponemos al populismo del “regionalismo de oposición” (autoafirmación en negativo frente a Cataluña) que practica la presidenta andaluza, ligado de mil formas a lo más rancio del nacionalismo español. Defendemos un federalismo plurinacional y democrático para construir un nuevo tipo de Estado que defienda la soberanía popular frente a la Europa alemana y que reconozca el derecho a decidir de los pueblos que así lo consideren. Queremos a Andalucía como vanguardia de la transformación social en todo el Estado y antecedente de los cambio por venir. Nuestra Marea mira a una Andalucía que se construye como sujeto histórico, parte del bloque social y político del cambio en todo el Estado, abierta al mundo y lugar de paz, de justicia y libertad.

Los que estamos en la Marea Andaluza no somos neutrales ni equidistantes. Tomamos partido hasta mancharnos con las mayorías sociales, con nuestros asalariados y asalariadas, por las clases trabajadoras, por los miles de autónomos sin derechos, por nuestros agricultores y jornaleros, por decenas y decenas de microempresas que tienen que competir en el mundo salvaje del capitalismo financiero. No, no somos neutrales. Vamos a reivindicar el papel de la democracia como autogobierno de las personas y decisión colectiva, empezando por nuestros devaluados ayuntamientos. Sabemos, siempre lo hemos sabido, que las libertades se defienden ejerciéndolas, que el conflicto social es una parte insoslayable de nuestro modo de vida y que las instituciones se desarrollan cuando se acercan a las necesidades populares, se impone una ética republicana y se las compromete al servicio del pueblo.

Lo hacemos a la luz del día, debatiendo con respeto con los compañeros y las compañeras, estando siempre presente el futuro del proyecto y su unidad. Nuestras paredes son de vidrio y queremos que la ciudadanía nos vea tal como somos, sabiendo -somos conscientes- que le damos argumentos a nuestros enemigos. La clave es ahora, como lo fue siempre, otras formas de hacer política y ejercerlas para un nuevo proyecto de país.