Opinion · Dominio público

Juan Carlos Monedero y las primarias de Madrid

Carlos Fernández Liria

Santiago Alba RicoFilósofo y escritorProfesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid

Santiago Alba Rico
Filósofo y escritor
Carlos Fernández Liria
Profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid

No sabemos quién ganará las primarias de Podemos Madrid ni de qué manera el resultado determinará el futuro del partido a nivel estatal, pero nadie puede poner en duda que las dos candidaturas más fuertes –injustamente olvidada la tercera- se han tomado muy en serio la partida. Debates públicos, entrevistas en televisión, apoyos de prestigio, la campaña se hubiera desarrollado de forma apasionada y deportiva, pugnaz, banal y festiva, si el ‘caso Espinar’ no hubiera revelado y alimentado tensiones no bien gestionadas –a nuestro juicio- por algunos de los rivales de la contienda.

Los firmantes de este texto hemos votado la lista de Adelante Podemos, encabezada por Rita Maestre, por motivos que ya hemos expuesto en otro sitio y que no es el caso repetir. Se trata de otra cosa. Hemos votado a Rita Maestre y no queremos que todo el mundo comparta nuestro punto de vista, pero sí poder reivindicarlo con la respiración ancha y desde el presupuesto de que este voto, como cualquier otro, pretende defender el proyecto Podemos y no nos convierte en quintacolumnistas de las fuerzas del Mal que quieren destruir el partido. Tenemos muchos amigos que forman parte o apoyan la candidatura de Espinar, Juntas Podemos, y algunos han escrito o difundido buenos razonamientos en favor de su candidatura. Pienso, por ejemplo, en la reflexión, irónica pero bien argumentada, de Isidro López, diputado del parlamento madrileño, o en las declaraciones de la también diputada Cecilia Salazar, amiga querida y admirada militante. Unas Primarias deben servir, entre otras cosas, para afilar el ingenio y ensayar argumentos, y para comprobar hasta qué punto es fácil discutir con quien es fácil también estar de acuerdo. Unas primarias tienen como objeto, por tanto, afirmar al mismo tiempo la pluralidad interna y la unidad del proyecto: el antagonismo, incluso áspero y vivaz, viene a confirmar precisamente el compañerismo recíproco.

Por eso nos ha dolido mucho la intervención agresiva e irresponsable de nuestro amigo Juan Carlos Monedero, siempre díscolo y travieso, pero esta vez francamente desafortunado. Sus declaraciones el 6 de noviembre a El País –¡a El País! desacreditando la propuesta de Rita como una “desviación” respecto del proyecto de Pablo Iglesias (“se perderá la capacidad de que Madrid apoye la política de Pablo”), su vídeo de campaña en el que no muy sutilmente criminaliza el voto a Adelante Podemos como un voto a PRISA (o incluso de PRISA) y el tuit en el que de nuevo se convierte en portavoz del secretario general para apoyar a Espinar (“sólo con Pablo podemos ganar y hacer algo nuevo”) constituyen maniobras dolosas y poco deportivas que contaminan seriamente la campaña y –peor aún y con independencia del resultado– afean nuestros procesos democráticos, seña identitaria del partido, y ello en el momento en el que todas las voces, desde todas las corrientes, reclaman una democratización de los fundamentos organizativos improvisados en Vistalegre para afrontar el calendario electoral. Nuestra opinión es que esta superación de Vistalegre, objetivo mayoritario de nuestros inscritos y simpatizantes, se articula mejor en la propuesta de Adelante, que apuesta por un podemos feminista, feminizado, desinhibido y descentralizado que no da miedo a la gente y sí, en cambio, al Ibex35. En todo caso, no lo olvidemos, lo que da verdadero miedo a los poderosos es un Podemos fuerte, unido y con capacidad transformadora.

Las intervenciones de Monedero no sólo alimentan las divisiones que busca generar el grupo PRISA, sino que, de hecho, parten virtualmente en dos el censo de los inscritos (los buenos y los malos) culpabilizando a los votantes de Rita, que no nos limitaríamos a apoyar una candidatura distinta a la suya sino que, al hacer eso, estaríamos conspirando contra el secretario general y contra la existencia misma de Podemos. Creo que los que, desde el respeto a todos los candidatos y todos los votantes, estamos convencidos de que Adelante Podemos sirve mejor al proyecto común, merecemos una disculpa por parte de Monedero, cuyo carácter impulsivo, tan seductor en los mítines, se ha clavado esta vez como un cuchillo en el corazón mismo de los principios y procedimientos que estamos todos obligados a proteger y cuidar.

Pero creemos –aún más– que Monedero debería pedir perdón también a los votantes de Espinar, que querrían haber votado libremente, sin que nadie guiara su voto desde fuera o desde arriba. Ese es el espíritu Podemos. Con su malhadada intervención, Monedero, sinceramente rebelde, el más díscolo y antiburocrático de nuestros líderes, ha usurpado la autoridad del secretario general y ha explotado en favor de una parte el peor legado de Vistalegre, el que fue necesario asumir –verticalidad, dirección centralizada, listas plancha jerarquizadas– para construirse con los pies descalzos y sobre brasas y que ahora es necesario revisar para conservarse, crecer y finalmente voltear de verdad el tablero. ¿Podemos? Sí, pero no de cualquier manera.