Dominio público

Hacia la Europa de 2020

Antonio Estella

ANTONIO ESTELLA

03-03.jpgLa Comisión Europea presentará hoy sus propuestas sobre la Estrategia 2020, que sustituirá a la Estrategia de Lisboa. Lo primero que hay que decir es que la Estrategia de Lisboa no ha sido la panacea que muchos esperaban que fuera. Pero tampoco ha sido, como algunos de sus detractores señalan, completamente ineficaz. Una evaluación científica de los resultados que la misma arroja nos permite señalar que Europa había conseguido, antes de la crisis económica, alcanzar varios de los objetivos propuestos (por ejemplo, en materia de empleo femenino). Sin embargo, es cierto que, en muchos otros sentidos, la Estrategia de Lisboa no ha dado buenos resultados. En particular, no ha sido eficaz a la hora de intentar solucionar uno de los problemas más importantes que padece Europa (y España con ella), que es el de la productividad.
Por tanto, la reflexión que nos permiten hacer estos datos es que un ejercicio de coordinación de políticas económicas como el que encarna la Estrategia de Lisboa merece ser retenido, si bien, precisamente por los defectos que presenta en algunas áreas, es necesario reorientar la Estrategia. ¿Hacia dónde, exactamente?
La Fundación IDEAS ha querido participar en este fundamental debate para el futuro de Europa elaborando un Informe en el que se hacen toda una serie de recomendaciones y propuestas sobre la dirección hacia la que la nueva Estrategia 2020 debería quedar encaminada. Pensamos que, fundamentalmente, habría que reorientar la Estrategia tanto en lo que se refiere a su contenido como, sobre todo, en lo relativo a su gobernanza. En relación con lo primero, lo que proponemos es que la Estrategia 2020 se reoriente hacia una gran finalidad, la prosperidad, a través de tres objetivos específicos, la sostenibilidad económica, social y medioambiental, introduciendo para ello nuevos y menos indicadores (concretamente nueve indicadores). En efecto, Europa tiene que cambiar de modelo económico. Tiene que pasar del crecimiento y la creación sin más de puestos de trabajo, a un crecimiento y una creación de puestos de trabajo de calidad. Así, por ejemplo, esta crisis está poniendo de manifiesto que, a pesar de la intensa destrucción de empleo que está dejando por el camino, los empleos de calidad son los que menos se destruyen, los que mejor parapetados están frente a la crisis. Europa debe profundizar en esta vía.
Además, es muy importante que reordenemos la Estrategia de Lisboa en lo que se refiere a sus instrumentos de gobernanza. Para empezar, hay que plantearse un sistema sensato de incentivos positivos y negativos dirigidos a fomentar el cumplimiento de los objetivos de la Estrategia, que acabe con el exceso de flexibilidad del Método Abierto de Coordinación (que, por cierto, ha tenido mucho más de apertura que de coordinación). Proponemos un esquema en el que el sistema de incentivos se articule, fundamentalmente, a través de la creación de lo que denominamos el "Fondo Lisboa", que supondría una ampliación del techo del presupuesto comunitario del 1,05% de la Renta Nacional Bruta (RNB) al 1,27%.

Esta ampliación se financiaría a través de nuevos impuestos sobre transacciones financieras y emisiones contaminantes a la atmósfera. Así constituido, lo que proponemos es que, por un lado, las 2/3 partes del Fondo Lisboa se dediquen específicamente a que los estados miembros cumplan con los nuevos objetivos de la Estrategia 2020. El tercio restante constituiría lo que hemos denominado el "premio Lisboa": es decir, serían fondos adicionales que se repartirían entre los estados miembros que fueran cumpliendo objetivos. En este sentido, los estados no serían elegibles para cobrar el premio Lisboa cuando, a propuesta de la Comisión europea, se produjera una decisión del Consejo de la UE cerrando el paso a ese premio. La Comisión europea no solamente penalizaría el incumplimiento de objetivos Lisboa, sino más bien los incumplimientos que fueran consecuencia del desarrollo de políticas manifiestamente contrarias al cumplimiento de dichos objetivos, o irracionales. Por tanto, el cobro del premio sería automático, y solamente se suspendería cuando la Comisión, de manera activa, promoviera una decisión en este sentido.
Además, la gobernanza de la Estrategia de Lisboa debería transformarse para que esta pivotara de manera más clara en torno a la Comisión. Proponemos a este respecto la creación de un Mr. (o Miss) Lisboa comunitario, que debería ser, bajo nuestro punto de vista, el presidente de la Comisión. Este vería reforzados sus poderes de coordinación y control de las carteras fundamentalmente conectadas con la Estrategia 2020 (la económica, la social y la medioambiental). Pero, al mismo tiempo, se le debería exigir responsabilidad por los éxitos o fracasos relativos a la implementación del programa de reformas. Es decir, la Estrategia 2020 sería un punto fundamental en el programa de gobierno de cada Comisión entrante. Completarían ese incipiente gobierno económico europeo el presidente del Consejo Europeo, el del Eurogrupo y el del Banco Central Europeo, quienes tendrían asignada la misión de fijar las orientaciones generales de la política económica comunitaria.
En definitiva, Europa necesita una Estrategia 2020 con nuevos objetivos y una nueva forma de gobernanza económica no solamente para salir de la crisis y recuperarse, sino también para seguir siendo relevante económicamente en los próximos decenios.

Antonio Estella es responsable del Área Internacional y de Cooperación de la Fundación IDEAS

Ilustración de Mikel Casal