Dominio público

Nos falta comenzar

Miguel Lorente Acosta

Médico forense y exdelegado del Gobierno contra la Violencia de Género

Miguel Lorente Acosta
Médico forense y exdelegado del Gobierno contra la Violencia de Género

20 años después el tiempo nos sitúa en el mismo lugar de aquel entonces, en ese momento en el que mañana sólo puede ser la erradicación de la violencia de género. El escenario es distinto, no cabe duda de que en en estas dos décadas han cambiado mucho los elementos y los instrumentos para actuar frente a la violencia de género, pero todavía hoy tenemos pendiente dirigir nuestros esfuerzos contra el machismo, no sólo contra sus consecuencias.

Intentar resolver un problema sin acabar con la causa que lo produce es imposible, se podrá mejorar la respuesta, anticipar las medidas, prolongar el tratamiento… pero siempre se hará junto a las causas que dan lugar al problema y, por tanto, bajo la continuidad de la violencia que se pretende erradicar.

El asesinato de Ana Orantes puso ante los ojos de la sociedad lo que el machismo era capaz de hacer. Y lo logró no sólo por lo que hizo su asesino, sino, sobre todo, por mostrar el tipo de razones por las que es capaz de actuar el machismo. Hasta entonces la sociedad estaba acostumbrada a enfrentarse a cada uno de los homicidios de género a través del resultado y de la interpretación que se hacía de ellos, generalmente presentados como "crímenes pasionales" movidos por los celos, el arrebato, el alcohol, las drogas… pero en el caso de Ana Orantes toda España vio cómo la libertad que mostró al hablar de su vida fue suficiente para que el hombre que la había intentado dominar en su relación decidiera matarla.

Y eso es lo que aún nos falta, dirigir nuestras acciones contra ese machismo capaz de dar razones a cualquier hombre que las necesite para construir la violencia y el homicidio de una mujer. Los homicidios por violencia de género son crímenes morales, que a diferencia de los instrumentales, llevados acabo para conseguir algo material a cambio y de forma relativamente inmediata, se cometen para defender las  ideas, valores,  creencias… de quien los realiza. Un maltratador asesina para reivindicarse como hombre, no para quitarle el bolso a la mujer, y lo hace desde esa posición de superioridad que cree tener para juzgar la conducta de la mujer, y decidir, llegado el caso, acabar con su vida.

No podemos cuestionar al machismo sólo por lo que ocasiona, debemos hacerlo fundamentalmente  por lo que significa, por esa construcción de la desigualdad a partir de las ideas de los hombres dejando que sean ellos quienes ocupen las posiciones de referencia, y quienes impongan su criterio y sus instrumentos, entre ellos la violencia, a la hora de mantener el orden que consideren adecuado. Y en estos 20 años no hemos hecho lo suficiente para cambiar este modelo. Esa es la razón por la que la violencia continúa y con ella los homicidios de mujeres, y por la que la gente joven reproduce en sus opiniones y conductas los dictados del machismo al justificar y aceptar la violencia de género.

El ejemplo más cercano de lo que aún nos falta es el "Pacto de Estado contra la violencia de género" recientemente aprobado. De nuevo se han centrado las medidas en la violencia de género, no en el machismo que la produce, lo cual es otra de sus trampas en la que nos ha hecho caer una vez más. Todas las medidas aprobadas son necesarias, de eso no hay duda, pero el enfoque y el objetivo último es incorrecto. La trampa es tan clara que cuando se han firmado otros pactos de Estado contra una violencia, como ocurrió con el terrorismo de ETA y el terrorismo yihadista, si hicieron "contra el terrorismo", no contra los "atentados terroristas" ni contra la "violencia terrorista".

El machismo consigue hacerse invisible entre la normalidad de una cultura androcéntrica, y de ese modo logra hacer invisibles a cada uno de los machistas por medio de excepcionalidad al recurrir a los mitos del alcohol, las drogas o el trastorno mental. Por eso los hombres están ausentes en la lucha contra la violencia de género, por ello incluso se sienten atacados por las leyes democráticas dirigidas a su erradicación, y por dicha razón en una sociedad que convive con las ideas, valores y creencias de ese machismo, a pesar de vivir cada año el homicidio de 60 mujeres, sólo el 1-2% considera que esa violencia es un problema grave (CIS).

Nos falta trabajar de forma decidida para erradicar al machismo y para sacar a los hombres de la falsa neutralidad en la que creen estar. En violencia de género no hay neutralidad, o se está decididamente contra ella o se está a favor de que continúe golpeando.

No se puede gestionar el machismo, sólo se puede erradicar, por ello tenemos que ponernos a hacerlo de forma decidida.