Dominio público

OMC y soberanía de los pueblos

Marina Albiol
Portavoz de Izquierda Unida en el Parlamento europeo
Pablo Jiménez
Miembro del Área Federal de Medio Ambiente de Izquierda Unida

Hace apenas una semana finalizó la undécima Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), una cumbre que los defensores del libre comercio presentaban  de elevada importancia pero que ha acabado  siendo una "oportunidad perdida", en palabras de la propia Comisaria Europea de Comercio, Cecilia Malmström.

Dos personas posan para una foto en la entrada del centro donde se ha celebrado en Buenos Aires la undécima Conferencia Ministerial de la OMC. REUTERS/Marcos Brindicci
Dos personas posan para una foto en la entrada del centro donde se ha celebrado en Buenos Aires la undécima Conferencia Ministerial de la OMC. REUTERS/Marcos Brindicci

Acuerdo sobre la Facilitación del Comercio

Eran muchas las expectativas abiertas en esta cumbre para los defensores de la llamada multilateralidad comercial,  alentados por los avances logrados en conferencias anteriores de Bali y de Nairobi, notoriamente por el Acuerdo sobre la Facilitación del Comercio (AFC) que había entrado en vigor en febrero de este año, cuyo objetivo era simplificar los procedimientos internacionales de importación y exportación y que fue apoyado de manera entusiasta por la Unión Europea y por todas los organismos e instituciones –FMI, BM o BID- al servicio de los intereses de las grandes corporaciones mundiales.

Por el contrario, han sido numerosas las organizaciones y colectivos sociales, además de investigadores africanos y latinoamericanos, que desde un primer momento denunciaron las consecuencias de estas iniciativas. Especialmente críticos por no existir evidencia empírica alguna de beneficios para los países empobrecidos y sí numerosos estudios que apuntan a la profundización de las asimetrías existentes entre los países del norte y el sur, al crear un espacio para escapar de cualquier atisbo de regulación y democratización de la economía y reforzar un modelo de relaciones comerciales ya de por si nocivo para el interés público.

Además, en un contexto global como el actual, los países de economía menos internacionalizada perderían capacidad comercial a favor de economías con mayor alcance internacional y, también a operaciones encubiertas encaminadas a la evasión fiscal, dada la complejidad financiera construida para evitar precisamente los eventuales controles gubernamentales que con este acuerdo se reducen sensiblemente.

Así las cosas, el AFC está considerado por los medios afines al ultraliberalismo como una de las grandes victorias de la OMC y éstos querían sacar pecho en Buenos Aires para reivindicar los avances en otros aspectos encaminados a la desregulación: la simplificación de las normas de origen y de las preferencias acordadas para los servicios y los prestatarios de servicios de los países llamados menos avanzados (PMA); la supresión de las subvenciones agrícolas de algunos productos a la exportación; y una modificación del peligrosísimo Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC).

Conferencia Ministerial de Buenos Aires

En este contexto de éxito, la OMC venía a Buenos Aires con la intención de conseguir acuerdos en materia de control de subvenciones a las pesquerías, eliminación de subsidios a la agricultura o racionalización de la sobrecapacidad siderúrgica. Pero sobre todo, uno de los principales objetivos se encontraba en la intención de abordar y alcanzar acuerdos significativos en materia de comercio electrónico y en servicios.

Todo ello, bajo dos falsas premisas generales para la Cumbre de Buenos Aires: la defensa de los intereses de las micro, pequeñas y medianas empresas en el contexto comercial mundial y hablar del comercio como impulsor de la igualdad de género.

Tan falso es que el comercio desregulado y globalizado actual sirva para acabar con la desigualdad de género como que el modelo desregularizado que se busca beneficie a la pequeña o mediana empresa. En Europa, casi el 80% de estas empresas no se dedican a la exportación operando solamente en ámbitos territoriales cercanos.

La pregunta es obligada. ¿Si los promotores de este encuentro neoliberal estaban esperanzados en lograr resultados significativos, como es posible que haya fracasado? Para dar una respuesta adecuada hay que tener en cuenta qué se mueve tras la OMC y, sobre todo, habría que preguntarse a qué tipo de desarrollo se refieren.

Si es al modelo occidental que estamos viendo crecer globalmente, volveríamos a ver que estamos ante una idea falsa, inasumible ambientalmente y socialmente etnocéntrica, que busca perpetuar y legitimar la dependencia de los países del sur, en un empobrecimiento permanente, con respecto a los del norte, enriquecidos bajo una suerte de neocolonialismo.

Resultados de la Conferencia

Lo que sí parece también bastante cierto es que no se ha llegado a acuerdos importantes en torno a los cinco ejes que estaban sobre la mesa: Agricultura, Pesca, Servicio, Desarrollo y Comercio Electrónico. Se han alcanzado acuerdos menores como la creación de una mesa de trabajo sobre comercio electrónico formada por 70 países pero sin mandato para negociar reglas y la creación de grupo de "Amigos de las Mipymes" compuesto por 87 naciones, que parece insustancial, máxime si tenemos en cuenta que no tienen el apoyo de los representantes de las pymes de todo el mundo, que no fueron invitados al debate.

Los países del norte han insistido en sus objetivos fundamentales: facilitación de inversiones y apertura de los servicios –objetivo antiguo que tiene su máxima expresión en el Acuerdo de Servicios, el TiSA-, con especial énfasis en el comercio electrónico. Facilitación de inversiones no es otra cosa que apertura de fronteras para bienes y servicios -de ninguna manera para las personas- en línea con el AFC. Más allá de este acuerdo que ya está en vigor, no se ha avanzado mucho más por la posición antagónica de los países del norte y del sur, los primeros interesados en introducir agendas nuevas como la de comercio electrónico y propiedad intelectual y los segundos con interés en acceder a mercados agrícolas, principalmente en Estados Unidos y en la Unión Europea. En cuanto al comercio electrónico, tiene relación con las grandes corporaciones de Silicon Valley, el llamado grupo GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft), deseosas de cerrar un acuerdo favorable a sus intereses en Buenos Aires. Su objetivo es la desregulación total de los tres ejes en los que se desarrolla su negocio y que consideran una barrera al comercio: la protección de los datos personales de los usuarios, la obligación de localización de la información y la transferencia de tecnologías. Tanto la India como varios países africanos se han negado rotundamente a esta posibilidad, por lo que supone de dejación de soberanía y renuncia al acceso a las nuevas tecnologías.

Países del Norte y Países del Sur

La división actual de los países miembros de la OMC bajo bloques que seguirían supuestos criterios técnicos y no "criterios de clase", es decir, de desarrollo económico y comercial, otorga una clara preponderancia en la toma de decisiones para los países del norte.

Obviamente, esto ha generado una gran desconfianza en países emergentes como India o Sudáfrica o en países empobrecidos que tienen en sus recursos agrícolas el sustento de su población, a los que se les quiere obligar a eliminar cualquier ayuda a su producción o al mantenimiento de algún tipo de tasa arancelaria, cuando los productos agrarios de los países del norte siguen siendo en su mayoría fuertemente subsidiados.

En ese objetivo, es particularmente grave la batalla que tiene abierta la OMC, bajo el dogma de considerarlo una distorsión del mercado, a los programas públicos de existencias de alimentos que mantienen algunos gobiernos -comprados a precios fijados con anterioridad sin consonancia necesaria con los del mercado-, como legítima decisión política de seguridad alimentaria de cara a su población.

La alternativa a la globalización neoliberal

Y es aquí, donde nos toca hablar de la alternativa. La Conferencia de Buenos Aires pretendía dar un nuevo impulso a la liberalización económica global, y una vez más, sin contar con las mayorías sociales. En palabras de un activista de una ONG presente en Buenos Aires: "sin incluir a sectores sociales, sino solamente una agenda corporativa en beneficio de las grandes empresas". Es decir, la OMC como una herramienta al servicio del gran capital, una más para imponer su agenda neoliberal.

Así las cosas, todo parece indicar que esta conferencia ha fracasado, pero no se puede equiparar fracaso con dejación de objetivos. Si una herramienta no funciona o funciona defectuosamente utilizamos otras. Y es lo que pasa con la OMC. No funciona como algunos quisieran, pero sin descartarla, siempre puede servir. Y el objetivo sigue intacto: imponer cueste lo que cueste la agenda neoliberal.

No nos equivoquemos, el fracaso de la cumbre de Buenos Aires no es una victoria de las que defendemos un modelo comercial radicalmente diferente –a los sectores sociales ni tan siquiera se las permitido estar presentes- , sino una falta de entendimiento de un gran capital que tiene múltiples herramientas para conseguir sus objetivos y para que prevalezca el interés privado sobre los de las clases populares.

No se ha conseguido una victoria en la cumbre de la OMC de Buenos Aires ni en el retraso de la firma del tratado de la UE con Mercosur. Son aplazamientos de unas políticas que pretenden implementarse a nivel global. Lo que ha sucedido, salvo en algunas cuestiones concretas y salvando las diferencias entre países del norte y del sur, son pugnas entre diferentes actores del capitalismo global, que miran para los intereses de los grupos empresariales a los que representan y buscan obtener posiciones ventajosas para las siguientes negociaciones.

La oposición al fundamentalismo neoliberal no es su fracaso a la hora de compaginar intereses, sino la lucha en la defensa de los intereses de las clases populares, que en estos días se ha visto reflejada en la Cumbre de los Pueblos que se celebraba a la par de la de la OMC también en Buenos Aires.

En su Declaración Final "Fuera OMC, construyendo Soberanía", que Izquierda Unida suscribe, se califica a la OMC como "una organización que sólo toma en cuenta las necesidades del capital, ayudando a reproducir las relaciones capitalistas de explotación y saqueo", se plantea trabajar a favor de las soberanías alimentaria, energética, sanitaria, educativa, feminista, y se denuncia el agronegocio y la extracción continuada de combustibles fósiles como responsable de los dos grandes desastres ambientales del momento –cambio climático y pérdida masiva de biodiversidad-.

Además, se rechaza la conversión de nuestros alimentos en mercancías, la precarización de los sistemas públicos de salud, la educación como un bien comercializable, el trato discriminatorio hacia las personas migrantes y el mantenimiento del patriarcado que afecta de forma diferencial la vida cotidiana de las mujeres.

Éste es el camino. Trabajar unitariamente en torno a la soberanía de los pueblos. Una buena oportunidad de unir estos esfuerzos será en el próximo Foro Social Mundial (FSM), en Salvador de Bahía, del 13 al 17 de marzo de 2018.