Opinion · Dominio público

Evidente, no es lo mismo poner lazos que quitarlos

Tomás Alberich

Sociólogo http://tomasalberich.blogspot.com.es/

Cualquier persona que haya puesto algún tipo de cartel, pegatina, pancarta o algo en la calle, sabe que no es lo mismo ponerlo que quitarlo. No tiene el mismo mensaje ni la misma fuerza simbólica elaborar y poner algo que arrancarlo o retirarlo. Ni siquiera las repercusiones legales se pueden tipificar de la misma manera.

Cuando se pone algo en el espacio público, primero hay que ver en qué tipo de espacio. Si es en “mobiliario urbano” (un banco, farola, marquesina de bus…) el que lo coloca se arriesga a ser multado según la normativa municipal vigente, especialmente si lo pega o adhiere con algún producto que estropea ese mobiliario o que quitarlo conlleva un tiempo de trabajo de un operario que pagamos todos. Más claro si es, por ejemplo, una pintada, que es punible y está prohibida siempre.

Si algo se coloca en un espacio libre y no estropea nada, la situación es diferente: por ejemplo, colocar carteles en espacios públicos precisamente previstos para este fin (tablones instalados por el Ayuntamiento u otro tipo de soportes para uso libre) o, como es tradición en este país, colocar carteles, avisos o folios publicitarios en tapias, espacios abandonados, paredes de transformadores de electricidad, etc. En todos estos casos no sería sancionable.

Segundo, hay que ver cual es el mensaje que va en ese cartel o publicidad: si es o no ofensivo y para quién. No es lo mismo un cartel anunciando un acto (cultural, social, político, etc.) que uno que incluya insultos, calumnias, llamadas a la violencia, etc.

En la inmensa mayoría de la realidad cotidiana lo que hay son carteles publicitarios de entidades que no se pueden pagar anuncios en medios de comunicación o no quieren. Y también en la inmensa mayoría de los casos no pasa nada. Pero sí pasa si alguien los retira por su cuenta y riesgo.

Comentaba un tertuliano en Radio Nacional: “cualquiera que hemos puesto algún cartel en algún momento, como en las campañas electorales, nos molesta bastante que alguien lo arranque o retire, es evidente…”. Le contestaba una tertuliana diciendo “pero eso lo hacíamos cuando no había democracia o en la transición, con la democracia no se hace”. O sea esta bendita señora puso un cartel en una pared en los años 70, hace más de medio siglo, y no ha vuelto a poner un cartel en la calle en su vida. Y considera ofensivo o al menos incorrecto que alguien los ponga.

Aquí está parte de la explicación sociológica del escándalo surgido con los lazos amarillos: la mayoría de la población española no ha puesto un cartel social o político en un espacio público en su vida. Ni un cartel ni una pegatina ni nada de nada. Por dios eso es cosa de gente de la política o perroflautas… La “gente de bien” no hacemos esas cosas.

Pero también sabemos que el carácter ofensivo o no de un mensaje es claramente subjetivo y variable. Por citar un ejemplo: recientemente en el municipio donde vivo se han puesto carteles con un toro ensangrentado junto a un torero y el mensaje “¿Es esta la fiesta que quieres?” solo decía esto, junto al anuncio de una cita, sin más explicaciones y el firmante (Villalba sin sangre). Algo simple y casi neutro, con pregunta socrática. Pues causó “indignación” entre los taurinos y algunos carteles aparecieron rotos o arrancados. Paralelamente en los mismos días decenas de grandes carteles anunciaban las corridas y los festejos taurinos, dentro de las oficiales fiestas patronales. Incluso en sitios prohibidos por la normativa. Pero al parecer estos otros carteles no debían de ofender a nadie.

Por lo tanto, aparentemente para mucha gente es ofensivo que se coloque cualquier mensaje en un espacio público. Pero en la práctica depende del mensaje. Del significado o del significante que se le asigne.

A pesar de lo que dijo un dirigente del actual Gobierno (tanto derecho hay a poner lazos como a quitarlos), es evidente que, al romper o retirar un cartel, el que está actuando violentamente es el que destroza la obra de otros, no el que lo ha puesto. Se puede considerar que literalmente “se está tomando la justicia por su mano”. Ya que el único que debe retirar algo colocado en el espacio público es el que legalmente tiene encomendada su conservación: el Ayuntamiento en la mayoría de los casos (sobre el vallado, cerramientos, mobiliarios urbanos, muros, etc.). Y otras instituciones o el dueño de un edificio privado si es en su fachada o propiedad.

El vecino que se siente molesto por lo que han colocado otros, lo único que debe de hacer es avisar al Ayto. o poner una denuncia judicial para que se retire. Y si ese vecino vive en un municipio donde la mayoría ha votado, por ejemplo, una Corporación independentista, pues seguramente tendrá que aguantar los lazos amarillos u otras simbologías.

Eso no quita que, si se utiliza el derecho a la libertad de expresión u otros derechos de forma abusiva, incidiendo en presionar a una parte de la población en cualquier sentido, es normal y lógico que haya protestas. También los molestados pueden colocar otras simbologías o banderas. Pero quitarlos y, peor, hacer publicidad a favor de su retirada, es un acto violento. Como lo han hecho los líderes del partido Ciudadanos (C’s) animando a hacerlo (apología de la violencia) y de desobediencia a la autoridad, que es la única que podría retirar los lazos o cualquier otra instalación. C’s no lo ha denunciado a los tribunales, seguramente porque sabe que lo perdería. Después de meses pensándolo… lo ha comunicado a un Defensor del Pueblo, pero han emitido diferentes recomendaciones el de España (Madrid) y el de Barcelona.

Un apunte: recordar que los lazos amarillos no son por la independencia ni de “independentistas”. Son para denunciar el encarcelamiento de políticos catalanes, sin juicio ni razón de orden público que lo sustente. Sin razón moral ni política. Algo que considera injusto la mayoría de la población que vive en Catalunya.

a mayoría silenciosa en buena parte se identifica con aquello de que la gente “de bien” no quiere entrar en una guerra de banderas ni de símbolos. Es apolítica pero le molesta la política de denuncia: si no fuera así no le molestarían los lazos amarillos. No es apolítica: es antipolítica solo contra lo que consideran antiespañol, o simplemente de derechas. C’s trabaja por quitarle el voto de la ultraderecha españolista al PP y parece que se le da bien. Lo malo es que provoca, aparte de violencia, que el PP se fascitice aún más y que, dado el españolismo de ambos, el PSOE gire hacia ellos. Como siempre ha ocurrido. El PSOE parece no darse cuenta de que, haga lo que haga, le acusaran de izquierdista y antiespañol. Con una derecha echada al monte de los ultras, el PSOE, para ocupar el centro, se derechiza más.

Pero a esta gente tan molestada no le molestan otras cosas:

Las banderas de media hectárea en la entrada de algunos pueblos o en la plaza de Colón (Madrid) colocadas por el PP y o C’s parece que no molestan a nadie. Bandera constitucional sí, borbónica también.

El que el espacio público esté tomado por banderas, estandartes y procesiones católicas varias semanas al año, parece que no molesta pero sí: apenas un 14% de la población española se declara católica practicante. Según los diferentes estudios y encuestas alrededor del 70% de la población se declara católica, pero, de estos, solo alrededor del 20% va a misa. Es decir que seguramente a más del 85% de los españoles les molesta que no puedan circular libremente esas semanas, y a una importante parte les molestará ver todos los edificios públicos haciendo proselitismo confesional, engalanados por una ideología. Se pueden sentir molestos por procesiones que desfilan por todo el municipio con participación institucional de alcaldes, concejales, policía y fuerzas armadas. Pero no hay manifestaciones ni quejas al defensor del pueblo para que se limiten o reduzcan.

Los lazos amarillos molestan, pero en muchos rastros, rastrillos y mercados municipales se instala algún puesto con banderas franquistas, de la Falange, incluso venden libremente insignias, escudos nazis y retratos de Franco, Mussolini, Hitler, etc. esto ¿molesta? Los Ayuntamientos que lo permiten ¿tienen algo que decir?

En conclusión. Es comprensible que a mucha gente en Catalunya le moleste tanto lazo amarillo por todos lados y tanta bandera independentista. Tienen la vía de la protesta y la de la denuncia judicial. A otros muchos nos molestan otras cosas. Algunas de las citadas y especialmente que se mantenga en prisión a gente sin juicio, por defender unas ideas.