Opinion · Dominio público

Desde Viena: separación de poderes

Josep-Maria Terricabras

Eurodiputado por ERC

Con la cantidad de actos, también de carácter socio-político, que se llevan a cabo todos los días, no es raro (quizás extraño) que algunos eventos de relevancia queden ocultos y pasen inadvertidos. De ahí que me parezca interesante señalar un Fórum sobre Derechos Fundamentales que acaba de tener lugar en Viena.

En el Parlamento Europeo dirijo un informe sobre la situación de los Derechos Fundamentales en la Unión Europea en 2017. Es evidente que el informe puede abordar muchísimas cuestiones, pero me he limitado a subrayar temas muy cruciales, algunos de los cuales se vienen arrastrando de años anteriores. Los temas escogidos por mí y aceptados por mis compañeros de comisión son el Estado de derecho y la separación de poderes, la migración, los derechos de la mujer, la libertad de prensa, de expresión y de reunión, el racismo y la xenofobia, así como otras discriminaciones de diverso tipo. Lamentablemente, en estos ámbitos, y en algunos otros, la Unión Europea presenta deficiencias que, en ocasiones son muy alarmantes. Es precisamente en esta misma línea de crítica europeísta que hace pocos días el Parlamento ha aprobado, por una insólita mayoría de dos tercios, una denuncia contra Hungría por ir contra derechos fundamentales, crítica que ahora deberá substanciar la Comisión y el Consejo Europeos.

Mi informe sobre esas cuestiones en 2017 es el que explica mi participación en el foro vienés sobre Derechos Fundamentales, que acoge a más de mil quinientas personas en tres días y organiza numerosas mesas redondas. Mis compañeros de mesa eran ilustres representantes de la judicatura europea y de organismos que defienden los derechos humanos y luchan contra la corrupción. A los componentes de esa mesa nos correspondió tratar específicamente el problema de la corrupción en relación con la independencia judicial.

Nuestras aportaciones se refirieron básicamente a la necesaria separación de poderes para garantizar el funcionamiento efectivo del Estado de derecho. Y nos ocupamos también de debatir sobre la función de la ley: ¿es ella la que rige, siendo nosotros simples destinatarios, o somos nosotros quienes debemos servirnos de la ley para estar bien regidos? La diferencia no es banal. O es la ley la que se impone de forma directa como si su aplicación fuera inocente, o bien somos nosotros quienes procuramos que la ley acuda en nuestra ayuda y servicio. Mi posición, desde luego, fue defender la segunda posición, según la cual la ley está hecha para las personas y no las personas para la ley. Porque las personas son dueñas de la ley y, gracias a ella, viven o sufren.

Se trató de un debate de gran interés teórico. Pero también se bajó a referencias concretas y el debate quedó unido a la denuncia reciente de la situación en Hungría. A ello se añadieron referencias a otros dos países.

a) De una parte, se mencionó el caso de Polonia, donde las ramas ejecutiva y legislativa interfieren sistemática y abusivamente con la legislatura. Precisamente el 24 de setiembre pasado la Comisión Europea decidió llevar Polonia a la Corte de Justicia de la Unión por las violaciones del principio de independencia judicial creadas por la nueva Ley Polaca sobre la Corte Suprema.

b) De otra parte, surgió el caso de España. Se señalaron básicamente tres aspectos: los superpoderes dados el 2015 al Tribunal Constitucional, criticados por la Comisión de Venecia; los intercambios de correos electrónicos entre magistrados insultando a líderes independentistas (“hijos de puta, gusanos, nazis…”), con lo que se pone en duda la independencia de muchos jueces en caso de tener que participar en juicios que les afecten; la continuada acusación de rebelión y sedición a líderes independentistas, aun cuando jueces de Alemania, Bélgica, Escocia o Suiza lo han desestimado.

La Agencia de Derechos Fundamentales, organizadora del Fórum, se convirtió con ello en sede de otro debate básico para la democracia.