Opinion · Dominio público

La Penúltima

Nerea Fulgado, David G. Marcos y Paula Siles

Miembros de La Penúltima (@penultima_)

“La política es el arte de saber medir los tiempos
Nicolas Maquiavelo

Orwell decía que, para controlarnos, el Gran Hermano sólo tenía que espiarnos. Palahniuk le respondió que sólo necesitaba entretenernos. Y por un tiempo, nosotros nos creímos que sólo quería vernos discutiendo de política con nuestros vecinos. El problema es que todo (el espionaje, el entretenimiento y hasta la discusión política) siempre ha sido a su manera, claro, y al final éramos nosotras las que, unas veces más conscientes y otras menos, aspirábamos a ser productos dentro de su propia cultura política.

Cuando, hace unos años, las televisiones empezaron a girar hacia donde veían que ya había girado la gente, empezamos a recuperar esperanza en ventanas de oportunidad: mientras los realities eran eclipsados por las tertulias, nosotros sustituíamos el cinismo habitual por proyectos de cambios y de cambio. Nos habíamos encontrado en las plazas y, poco a poco, lo que allí se fraguó lo empezamos a reconocer en todas partes: en las luchas de otros países, en lo que antes eran conversaciones de fútbol en los bares, en nuestras reuniones familiares -incluso con nuestros cuñados-, en nuestra televisión y hasta en nuestra clase política. Nuestras demandas, nuestras prioridades, empezaban a ser el lugar común y hasta votábamos con ilusión. Era 2014 y el BBVA nombró a “Selfi” (sic) como la palabra del año. Pero en nuestros círculos, la palabra del año fue “hegemonía”.

Era el fin del fin de la historia y todo parecía cambiable. Pero que todo fuese cambiable no era una concesión, sino una condición de futuro. Todo cambia. Y cambia a toda hostia. También nosotras. Y el principal problema es que la velocidad del momento nos hace difícil ver dónde, cuánto y cuándo. ¿Somos nosotras ahora producto de la cultura política que veníamos a disputar? ¿quién tiene tiempo siquiera de pararse a pensarlo? Lo que hoy es noticia, mañana es olvidado con la misma rapidez en que un smartphone se queda sin batería. Los tiempos se aceleran entre “la tiranía de la inmediatez”, de la actualidad y la coyuntura. El día se divide en ediciones del telediario. Los ciclos, en elecciones. Pero, ¿quiénes somos nosotras ahí? ¿Qué queremos? No hay tiempo para informarnos ni mucho menos para cuestionarnos. Por eso cuando tratamos de recuperar algo de debate, lo hacemos mal. Casi da igual protagonistas y temas, los debates últimamente tienen más de ring de boxeo que de plaza común. Zascas, memes y fake news sustituyen a los argumentos, las dudas y los datos. Y cuando parece que, por fin, queremos enterarnos en profundidad sobre lo que se está discutiendo, ya hemos pasado de página… ya estamos en otro último trending topic del momento.

Por eso creemos que es necesario recuperar tiempos y recuperar espacios. Y de esa creencia nace la apuesta por La Penúltima: para generar espacios de reflexión y pensamientos colectivos e integradores desde los que ganar perspectiva, en donde abandonar sectarismos que ni definan el nosotros ni reduzcan la complejidad y donde se asuma el reto, a veces tan difícil, de seguir debatiendo a fondo, con nuestros propios ritmos y, si toca, a contra corriente. No sólo para quienes podemos y queremos reflexionar, sino para quienes aún hoy no pueden hacerlo.

La Penúltima es una revista de debate y reflexión que nace con la humilde intención de ayudar y es, desde su nombre a su primer número, una declaración de intenciones. El número con el que empezamos es sobre cultura política, y es una manera de desmarcarse de todos los últimos debates y, de alguna manera, empezar por abordarlos todos. ¿Qué hace que pensemos como pensamos? ¿De qué manera la cultura política que nos viene dada configura cómo nos relacionamos incluso para cambiarla? ¿Cuáles son las experiencias de otros sitios? Pasar del árbol y apuntar al bosque.

El nombre de la revista también es otra declaración. Durante los últimos tiempos nos hemos dejado llevar por los ritmos que nos marcaban otros y a menudo nos hemos perdido en lo último: la última oportunidad, el último proyecto para disputar el poder, el último proceso electoral o interno, la última polémica… y cómo ganar siempre en eso, en lo último que haya que ganar. Pero al final no hay última estación en nada. Perdemos cuando nos olvidamos de tener que seguir empujando para avanzar, cuando perdemos la perspectiva de que siempre, o casi siempre, será la penúltima.

Por eso esta revista no viene a solucionar todos los problemas. Viene a seguir empujando en el debate colectivo, el cuestionamiento social y la reflexión entre compañeras. Nos parece una buena manera de desmarcarnos de las inercias que nos ahogan y de marcarnos nuestros propios tiempos… Al fin y al cabo, ¿no era eso también hacer política?