Opinion · Dominio público

Pedro y Pablo: esto olvidaréis si os olvidáis de la cooperación internacional

José María Vera

Director de Oxfam Intermón

El acuerdo al que llegaron hace unas semanas el Gobierno del PSOE y Podemos sobre los presupuestos incluía medidas positivas para enfrentar la desigualdad en España. Más allá de que fragüe en unas nuevas cuentas públicas para 2019, cosa improbable ahora, se trata de propuestas que sientan las bases de futuras alianzas. Y sí, con este acuerdo ambos partidos pactan un programa progresista asumiendo su responsabilidad hacia la población española. Muy bien. Pero ¿acaba su responsabilidad al llegar a la frontera?

El acuerdo omite cualquier mención a la cooperación internacional al desarrollo, que es la política pública más castigada durante la crisis y más desatendida en los años de recuperación del PIB. Un 73 % de recorte, que se ensaña especialmente con la acción humanitaria, afectada por un tajo del 80 %. Ambos partidos se comprometieron varias veces, en programas y en el Parlamento, a recuperar esta machacada política.

Resulta sorprendente en un PSOE que hizo bandera de su compromiso internacional, desde su fundación hasta tiempos recientes. Parece que también se volvió localista, como todo aquel que aspire a algo hoy. La acción exterior solidaria da pocos votos. “Ya no hay acampadas en la Castellana por el 0.7”, afirmaba el ministro Borrell. Como si hubiera acampadas semanales por otros asuntos que sí se atienden.

Lo mismo se podría decir de Podemos que, a la hora de la verdad, debilita su compromiso con la justicia global. Tal vez algunos confunden toda la cooperación con un parche asistencialista, criticado por una cierta izquierda que solo concibe la revolución mundial y a la que los colectivos distantes que se afanan por defender sus derechos hoy, les importan solo de palabra. Si la cooperación no fuera más que una extensión del sistema capitalista, el PP no la habría fundido, ¿no?

Queridos Pedro y Pablo, humildemente, me gustaría recordaros qué os olvidaréis si, finalmente, os olvidáis de la cooperación internacional.

Os olvidaréis de la malaria, la tuberculosis y tantas enfermedades, y de quienes las padecen en lugares inaccesibles para su tratamiento.

Os olvidaréis de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. El discurso del Presidente ante Naciones Unidas será papel mojado si este olvido no se revierte. La Agenda es universal y por lo tanto aplicable a cualquier estado, España incluida. Sin embargo, su consecución es imposible sin el apoyo a los países frágiles, sin luchar contra la pobreza y la desigualdad donde éstas son más agudas. Si se toma en serio, la Agenda exige transformaciones estructurales en el sistema, amigos de Podemos.

Hablaréis mucho de cambio climático y energías verdes, pero os olvidaréis de quienes son forzados, hoy mismo, a abandonar su tierra por nuestra irresponsabilidad al calentar la atmósfera.

Os olvidaréis de las mujeres colombianas víctimas de la violencia sexual en el conflicto que asoló el país y de tantas mujeres que luchan por una vida libre de violencias en América Latina. De las defensoras de derechos humanos, de la tierra y el agua, de mujeres como Berta Cáceres que ponen su cuerpo en primera línea para que lo parta el poder depredador.

Os olvidaréis de volver a hacer de España un país responsable en la arena internacional, comprometido en procesos que enfrentan los retos globales: la desigualdad extrema, la fiscalidad internacional, las migraciones, el empleo… Son mesas en las que el compromiso de palabra vale solo para un rato: luego hay que afirmarlo con recursos, demostrando que importa de verdad.

Os olvidaréis de los niños, y sobre todo de las niñas, que no pueden ir a la escuela en Africa, que tienen que trabajar desde edad temprana, que no tienen salida por más que peleen como leonas.

Os olvidaréis de cientos de profesionales de la cooperación, con décadas a sus espaldas de trabajo callado, en oficinas o directamente en programas, fajándose en lugares extremos. También de miles de personas voluntarias. La mejor “marca España”, la más apreciada en muchos lugares distantes porque habla de fraternidad.

Os olvidaréis de miles de colectivos y movimientos que son el verdadero contrapoder frente al auge del populismo autoritario y la extrema derecha. Feministas, indígenas, antirracistas, marchas contra la corrupción, gentes en la calle para clamar por un mundo más justo, que alzan la voz, aunque se la intenten callar a trompadas. En Nicaragua, en Filipinas, República Dominicana o Brasil. Las mejores, quienes de verdad pueden resistir ahora y cambiar esto mañana y sí, os olvidaréis de ellas.

Os olvidaréis de las víctimas de conflictos y desastres, cuya vida pende de un hilo, el último, el de la acción humanitaria que debe garantizar agua, alimento y protección. Que no solo es asistencia para salvar vidas. Que también es luchar contra las causas. Esos 1000 millones de euros en armas vendidas a Arabia Saudí para bombardear Yemen, que ha recibido mil veces menos en ayuda humanitaria. Ay, si los yemeníes votaran en España.

La cooperación al desarrollo no es perfecta, claro que no. La educación o la salud tampoco lo son, y no acabamos con ellas. También requiere de cambios profundos en su hacer, más calidad e impacto, abandonando todo lo que no sea defender los derechos de quienes se ven privados de ellos.

Dicho esto, si alguien que se considere progresista justifica este olvido, si justifica dejar tirados a quienes mueren bajo las bombas, o de hambre por el cambio climático, pues puede que tenga ideas progresistas pero su corazón se cubrió de escarcha.

Confiamos que quede en un lapsus, en un olvido temporal.