Opinion · Dominio público

Estados Unidos, los guardianes de la religión y la degradación de la mujer iraquí

Waleed Saleh

Profesor de Estudios Árabes e Islámicos, Universidad Autónoma de Madrid. Autor del libro 'Librepensamiento e islam' (Tirant Humanidades, Valencia, 2016). Miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado también por Nazanín Armanian, Enrique J. Díez Gutiérrez, María José Fariñas Dulce, Pedro López López, Rosa Regás Pagés y Javier Sádaba Garay

A comienzos del s.XX, el filósofo y poeta iraquí al-Zahawi (1863-1936) proclamaba:

“Descubre la cara, hija de los árabes; el velo es para la sociedad una enfermedad penosa. El descubrirse es una mañana lúcida y el hiyab una noche tenebrosa”.

Pronto la mujer iraquí empezó a conquistar derechos de los que estuvo privada durante siglos. Ya en los años treinta entraron algunas mujeres en las facultades de medicina y derecho de la Universidad de Bagdad. Eran las primeras que se interesaron por estos estudios, no solo en Iraq, sino en todo el mundo árabe.

En el año 1923 se fundó el primer club social femenino (Nadi al-Nahda al-Nisaiyya) y en 1933 fue publicada la primera revista dedicada a la mujer con el título de Layla, dirigida por Bolina Hassoun. La armenia Ana Sityan fue, en 1939, la primera licenciada en medicina y trabajó en el Ministerio de Sanidad. Y la primera en licenciarse en derecho fue Sabiha al-Shayj Dawud, que culminó sus estudios en 1941 y tuvo un papel social y político relevante. Asimismo, la primera mujer que ejerció la abogacía fue Amina al-Rahhal, licenciada en la Facultad de Derecho en 1943, además de ser la primera mujer en conducir un coche. En la década de los cuarenta, la mujer iraquí participó en la vida política creando en 1945 “la Comisión Femenina para Combatir el Fascismo”. Entre sus filas se encontraban muchas mujeres de gran formación cultural. Más tarde esta comisión cambió de nombre y fue conocida por La Liga Femenina. En 1947 publicó una revista con el título La Liberación de la Mujer. En el gobierno del general Qasim, la doctora Naziha al-Dulaymi fue nombrada Ministra de Fomento en 1959. Esta activista y feminista participó activamente en la redacción del Código de Asuntos Personales (código civil) de 1959, el más avanzado de todo Oriente Medio.

Mujeres iraníes muestran sus pasaportes en el cruce fronterizo de Shalamcha. REUTERS / Essam al-Sudani
Mujeres iraníes muestran sus pasaportes en el cruce fronterizo de Shalamcha. REUTERS / Essam al-Sudani

El gobierno del partido Baaz (1968-2003) conoció dos etapas claramente diferenciadas en lo que se refiere a los derechos y libertades de la mujer. La primera se caracterizó por su apoyo incondicional a la mujer en su lucha por su liberación y para conseguir los derechos que le corresponden. Se creó la Unión de las Mujeres Iraquíes que, pese a su politización y lealtad al partido único, obtuvo grandes logros para su emancipación y presencia pública. El sistema político seguía criterios laicos y en él no cabían los grupos y partidos de orientación religiosa. Pero a raíz de la invasión de Kuwait en agosto de 1990 y el enfrentamiento de Iraq con la coalición internacional para expulsar al ejército iraquí del territorio del país invadido, algunos de los comportamientos del gobierno de Sadam cambiaron, especialmente los referentes a las libertades sociales. En 1991 Sadam, hombre laico, mandó incluir la frase “Dios es el más grande” en la bandera iraquí para simpatizar con los religiosos. Pero fue en 1993 cuando el régimen emprendió lo que se conoció como “la campaña de fe”, una especie de re-islamización de la sociedad. Era una estrategia de Sadam para conseguir el apoyo de una clase social apegada a la tradición. Con esa campaña se limitaron las libertades; se crearon comisiones de seguimiento que controlaban la vestimenta de la mujer; no se les permitía a las mujeres viajar sin estar acompañadas de un familiar (varón); se incrementaron los contenidos religiosos en los colegios y los medios de información; a los partidos religiosos les concedieron mayor libertad; los juzgados recurrieron a los castigos estipulados por la sharia; decenas de prostitutas fueron asesinadas y muchas manos amputadas por acusación de robo,… Fue Izzat al-Duri, el segundo detrás de Sadam, el encargado de la aplicación de las nuevas normas, el cual utilizó la campaña para difundir la cofradía sufí “naqshabandiyya, a la que pertenecía. En pocos años la mujer iraquí perdió buena parte de los derechos que había obtenido como resultado del esfuerzo de miles de mujeres y hombres que lucharon para hacerles justicia.

Pero el golpe letal para las libertades sociales, y en particular para los derechos de la mujer, llegó con la invasión estadounidense de Iraq en 2003. El país invasor que alardea de ser símbolo de la libertad en el mundo, con su famosa estatua en Nueva York, ha dañado profundamente la estructura económica, política y social del país mesopotámico. La mujer y los niños, siendo los más vulnerables han sufrido y siguen sufriendo, más que ningún otro sector social, las consecuencias de la ocupación. Desde el principio, el poder en Iraq se le entregó a los partidos del islam político chií. Ya sabemos de sobra cuál es la visión de estos partidos hacia la mujer.

En junio del 2004 se creó el Ministerio de Asuntos de la Mujer para velar, supuestamente, por sus derechos. La inmensa mayoría de las mujeres iraquíes no solamente no han visto mejorar sus circunstancias desde la creación del ministerio, sino más bien ha observado el empeoramiento acelerado de sus vidas. Ibtihal Kasid al-Zaydi, que fue nombrada ministra de esta cartera ministerial en 2010 por el primer ministro al-Maliki en su segundo mandato, hizo declaraciones escandalosas a la prensa en cuanto a los derechos de la mujer. Afirmó no creer personalmente en la igualdad entre hombres y mujeres; que el hombre, según su opinión, es superior a la mujer y tiene preferencia sobre las féminas, porque así lo sugiere el Corán y que ella, siendo ministra no sale de casa nunca sin pedir permiso a su esposo. Además, dictaminó una serie de normas relativas a la vestimenta de las empleadas de su ministerio, prohibiéndoles que vistieran faldas cortas, zapatos ligeros, camisas de colores (solo se permitía el negro), pantalones ceñidos y vestidos que marcaran las formas del cuerpo. Estas normas fueron rescatadas por otros organismos, comenzando por el Ministerio del Petróleo, para generalizarlas a todas las empleadas del Estado iraquí.

Fue aún peor el proyecto de ley presentado por el Ministro de Justicia que aprobó el Gobierno iraquí en octubre de 2017 y lo envió al Parlamento para su legalización. El proyecto venía a modificar la Ley 88 del año 1959, una de las más progresistas de Oriente Medio. Dicho proyecto en su segundo artículo, punto quinto, permite que los clérigos de las dos confesiones suní y chií puedan formalizar el contrato matrimonial y los jueces están obligados a aceptarlo. Los clérigos de ambas ramas del islam admiten el casamiento de niñas a partir de los nueve años lunares (ocho años y nueve meses), porque así lo hizo el Profeta del islam. En cambio, la edad de los varones será quince años. El Código de los Asuntos Personales que estaba en vigor en aquel entonces prohibía el matrimonio antes de los dieciocho años para los dos sexos. Entre otras perlas del nuevo proyecto encontramos que la esposa puede solicitar el divorcio solo por dos motivos: que el esposo sea impotente o que haya sufrido la amputación de su miembro viril. En cambio, el esposo lo podrá solicitar por numerosas causas, dos de ellas tienen que ver con los problemas de la piel de la esposa. El proyecto permite la poligamia, prohíbe que el hombre pueda casarse con una mujer no musulmana, en contra de lo que venía siendo la norma de que un hombre musulmán podría contraer matrimonio con una cristiana o judía (gente del libro). Permite la violación dentro del matrimonio; prohíbe a la esposa abandonar el hogar familiar sin el consentimiento del esposo; obliga a la esposa a cohabitar con la familia del esposo si no se dan las circunstancias para independizarse; otorga la custodia de los niños al padre a partir de los dos años de edad en caso de divorcio; priva a los nietos de la herencia de los abuelos si el padre o la madre fallece antes que los abuelos. En fin, es un proyecto que, de haber sido legalizado, hubiera significado un terrible drama para la sociedad iraquí y una catástrofe jurídica. Habría devuelto al país a los peores momentos de la historia. Habría abierto las puertas a la pederastia, habría agudizado aún más el carácter sectario del país, muy presente desde la invasión norteamericana. Afortunadamente, organizaciones civiles, individuos, intelectuales y asociaciones se pusieron en pie de guerra para evitar su legalización. Pero sus defensores dentro del Gobierno iraquí y muchos parlamentarios chiíes están esperando la oportunidad para volver a presentarlo y aprobarlo en el Parlamento. Una de las consecuencias directas de este proyecto, fue la aparición de decenas de miles de carteles expuestos en público en Bagdad y otras grandes ciudades iraquíes que exigen a la mujer vestirse de forma recatada y no salir a la calle excepto por una necesidad inevitable.

Por otro lado, los sucesivos gobiernos iraquíes desde 2003 han abierto por razones sectarias las puertas al régimen teocrático iraní. La penetración del país vecino alcanzó todas las articulaciones de la vida de los iraquíes. Siguiendo el modelo de “Wilayat Fequih” (el gobierno del jurisconsulto) aplicado en Irán desde que Jomeini llegó al poder en 1979, se implantó también en Iraq. Los iraquíes importaron a un clérigo desde Qom llamado Ali al-Sistani para desempeñar este papel en la ciudad de Nayaf donde está enterrado el fundador del chiísmo Ali, primero del Profeta. Al-Sistani, que apenas sirve para dirigir una oración, se convirtió en guía y líder supremo del país. La peregrinación de los políticos chiíes, que son la mayoría de los continuos gobiernos, a la ciudad de Nayaf es interminable. Es el nuevo oráculo que opina y dicta órdenes sobre cualquier asunto político, social, económico… y de este modo, Iraq se ha convertido en una sombra o más bien en una copia del país de los ayatollah. Y lo peor de todo es que el sistema iraní exportó a Iraq algunas prácticas sociales terriblemente nocivas. Desde que Jomeini llegó al poder permitió y legalizó lo que se conoce como el matrimonio temporal o de placer (mut’a o sigueh), práctica que estaba prohibida en tiempos del Shah. Se trata de una prostitución camuflada, cuya víctima principal es la mujer. Los propios clérigos ofrecen a los deseosos de relaciones sexuales un formulario que rellenan, con el visto bueno del religioso y con este documento la pareja puede ir a un hotel para mantener relaciones sexuales. Curiosamente los propios clérigos son los que más recurren a este tipo de encuentros carnales. Supuestamente es un contrato matrimonial cuya duración podría ir de media hora a noventa y nueve años. La mujer recibe una dote y el “matrimonio” no genera derecho de herencia ni debe engendrar descendencia. Esta práctica la han trasladado a Iraq donde no se conocía anteriormente. Con el paso del tiempo, han comenzado a aparecer casas y centros clandestinos para estos encuentros sexuales. Pero últimamente las oficinas del matrimonio temporal se han legalizado y trabajan de forma pública, y muchas de ellas pertenecen a líderes político-religiosos. En una céntrica calle de Bagdad, una de estas oficinas luce un gran cartel que reza: oficina de la interventora Um Haidar al-Kadimi para el cuidado de viudas, divorciadas e investigación social. Matrimonios duraderos, matrimonios temporales, tel…

Todas estas calamidades que están viviendo las hijas del país de los dos ríos, son consecuencia directa del retroceso del laicismo en este país. Iraq a mediados del pasado siglo abanderaba junto a Siria y Egipto una tendencia liberadora que intentaba romper las ataduras impuestas tanto por la tradición como por la religión. En buena medida consiguió sus objetivos como se ha comentado anteriormente. Pero a las mentes oscuras no les han agradado estos avances y han procurado frenarlos por intereses espurios. Los que conocimos de primera mano aquellos años, nos resulta difícil asimilar estos cambios sociales tan bruscos y tan perjudiciales especialmente para la mujer.

Resumiendo, observamos que la mujer iraquí después de ser una de las más liberales, progresistas e independientes en toda la región, gracias a políticos, hombres de religión y la injerencia de EEUU e Irán ha retrocedido no décadas sino siglos en cuanto a sus derechos y libertades. Su voluntad ha sido usurpada y su vida dañada porque así lo han decidido unos hombres que han querido devolver a la sociedad iraquí a los siglos más oscuros de la historia de este país. Y lo más grave es que algunas mujeres participan activamente en arruinar la existencia de sus congéneres.