Opinion · Dominio público

Sombras del caso Alsasua (II): El papel investigador de la Guardia Civil

Jaime Montero Román

Miembro de la Asociación Libre de Abogados y profesor de Derecho Penal en el Centro de Estudios del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid @MonteroJaime

En este artículo pretendo relatar cómo la Guardia Civil termina haciéndose cargo de la investigación de este asunto, cuando inicialmente era la Policía Foral de Navarra la que investigaba los hechos, y lo hace además de un modo que deja muchas dudas sobre las razones por las que insiste en asumir tal investigación, por un lado, y sobre el efecto que su intervención tiene en la fijación de los hechos y la concreción de las personas implicadas, por otro.

Como se ha dicho, es la Policía Foral de Navarra quien asume en un primer momento la investigación de los hechos, al ser la primera fuerza policial que interviene, justo después del incidente, siendo también quien detiene a las dos personas que serán inicialmente imputadas.

Tal y como relatan los Policías Forales encargados de esta investigación, quedan el día 15 de octubre de 2016 (el día en cuya madrugada han ocurrido los hechos) con el Sargento y su novia “para que interpongan denuncias en las oficinas de la Policía Foral en la Plaza del Castillo de la localidad de Pamplona”.

Simultáneamente, la Guardia Civil, que ha acudido al Hospital donde los lesionados están siendo atendidos, según dice para interesarse por el estado de los mismos, reclamará a la Policía Foral el propio día 15 de octubre de 2016 la “entrega del detenido así como de las diligencias realizadas hasta el momento”, con el fin de convertirse en instructores en detrimento de dicha fuerza.

La Policía Foral decide no ceder la instrucción de la causa, y acude al Hospital Virgen del Camino de Pamplona en la mañana del día siguiente, 16 de octubre de 2016, para tomar declaración al Teniente; éste, sin embargo, no puede atenderles en ese momento dado que “en breves momentos le han informado que va a recibir la visita, en la habitación del Hospital, del Director General de la Guardia Civil y diversos mandos de la Plana Mayor de la Guardia Civil”, quedando con los agentes instructores en que se pasen por la tarde de ese mismo día para interponer la denuncia.

Poco después de la visita de esa “Plana Mayor de la Guardia Civil”, y a pesar de haber quedado con la Policía Foral, el Teniente decidirá poner la denuncia ante su propio cuerpo, como ocurre con el Sargento y la novia de éste último, quienes también cambian de opinión a lo largo de ese día 16 de octubre, y deciden interponer la denuncia ante la Guardia Civil.

El breve relato que antecede a estas líneas, y que reflejan los atestados aportados al proceso por ambas fuerzas policiales, permite afirmar el inusitado interés de la Guardia Civil por sustraer la investigación de los hechos al cuerpo policial que se encargaba de su instrucción, y hacerse cargo de la misma.

Este interés por controlar dicha investigación procede, a mi juicio, de dos causas diferentes que se complementan:

La primera reside en el hecho de que los perjudicados son dos miembros del propio Cuerpo y sus respectivas novias, de modo que dicho interés parece comprensible desde un punto de vista humano, aunque sea una circunstancia que debió propiciar justamente lo contrario, esto es, que la fuerza policial a la que pertenecían las víctimas se quedara al margen de las labores de investigación.

En efecto, el cuerpo policial que investigue no solo debe ofrecer una apariencia de actuación imparcial, que queda en entredicho por el solo hecho de investigar un delito del que ha sido víctima el máximo responsable de la Casa Cuartel en la que, al menos parcialmente, se desarrolla la investigación, sino que además la asunción de la investigación por parte de la Guardia Civil sugiere también una inaceptable mezcla de las labores policiales de investigación con la actividad de las víctimas, que comparten sus espacios cotidianos con los responsables de la investigación.

No hay que desarrollar en exceso la imaginación para intuir cómo, cruzándose por el pasillo investigadores y víctimas, o coincidiendo en el café de la mañana o en las comidas, se establecen conversaciones sobre los avances de la investigación, las impresiones de los investigadores, y lo que opinan de todo ello las víctimas, quienes pueden ver su testimonio contaminado por las informaciones de los investigadores, las opiniones que sobre ello se forman, así como pueden acceder a elementos de la investigación que, de otro modo, les resultarían completamente desconocidos, contaminación de testimonios de la que hay indicios reiterados en el sumario que sería prolijo detallar aquí.

La segunda causa del manifiesto interés de la Guardia Civil por hacerse cargo de la investigación policial deriva de la oportunidad que estos hechos representan de perseguir un movimiento de naturaleza política, como es la plataforma “OSPA”, que el propio capitán de la Guardia Civil encargado de la investigación definió como un movimiento no violento, pero que pone en discusión la presencia de la propia Guardia Civil en el territorio foral navarro.

Esta oportunidad de la Guardia Civil de discutir la legitimidad de un movimiento como “OSPA”, a raíz de un episodio ocurrido a las 05:00 horas de la  madrugada de la víspera de un día festivo, en un claro contexto de ocio nocturno y consumo de alcohol, exige sin embargo enfocar la investigación en una dirección determinada que posibilite ese vínculo, estableciendo relaciones entre los hechos y el movimiento perseguido, interés que de nuevo permite cuestionar la imparcialidad de la Guardia Civil en el desarrollo de la investigación.

Prueba de ello es su actuación, sin ser fuerza instructora, desarrollando un informe policial denominado “diligencia de informe” (cuya misma existencia es una incógnita desde el momento en que no instruyen la causa), que precisamente trata de establecer una vinculación entre dicho movimiento “OSPA” y los hechos acontecidos en el Bar Koxka en la madrugada del día 15/10/2016.

Del contenido de este informe llama la atención que a las 08:00 horas de la mañana del día 16/10/2016, esto es, apenas 24 horas después del incidente y sin haber tomado declaración formal todavía a los agentes perjudicados, ya se establezca una vinculación entre el incidente y el referido movimiento “OSPA”, a lo largo de más de 20 folios que, por su contenido y extensión, parece evidente estaba realizado con anterioridad a que ocurrieran los hechos.

Esta intención de vincular un incidente violento con un movimiento político podría guardar relación con un elemento de la investigación que también nos genera inquietud, como es la circunstancia de que, a pesar de que la Guardia Civil no es la fuerza instructora, como ya ha quedado dicho, sin embargo es quien realiza las identificaciones de los sospechosos, que además se lleva a cabo exhibiendo sólo las fotografías que el Servicio de Información de la propia Guardia Civil (encargado de las investigaciones antiterroristas del Cuerpo) proporciona, sin conocerse los criterios de selección ni siquiera por los agentes encargados de exhibirlas, tal y como puso de manifiesto en el juicio una de las agentes encargadas de las identificaciones.

Cabe preguntarse, lícitamente, si a través de la asunción de la elaboración de los reconocimientos fotográficos por parte de la Guardia Civil, y en concreto mediante la elección de los sospechosos que debían ser exhibidos a las víctimas por investigadores de la lucha antiterrorista, se ha pretendido vincular el incidente con el movimiento OSPA, por razón del interés de la Guardia Civil por acabar con dicha plataforma.

Del mismo modo, cabe preguntarse cuál hubiera sido el resultado de los reconocimientos fotográficos si los sospechosos no hubiera salido de una selección del Servicio de Información de la Guardia Civil, en base a criterios que se desconocen, y sí de la investigación policial ordinaria que hubiera realizado la Policía Foral, y si en ese caso los investigados en el proceso hubiesen sido los mismos, o no.

Por último, y retomando el primero de los elementos examinados, cabe preguntarse de qué manera el hecho de que investigadores y víctimas hayan convivido en la Casa Cuartel durante el desarrollo de la investigación ha ofrecido ocasiones a las víctimas de conocer las impresiones, conclusiones, etc. que van obteniendo los investigadores, y se ha contaminado de este modo su testimonio, máxime cuando nada de ello hubiera ocurrido si sencillamente se hubiera permitido la investigación de la fuerza policial inicialmente encargada de la misma.

Todas estas cuestiones permiten, a mi juicio, poner en duda el papel investigador de la Guardia Civil en el presente asunto, y ello sin entrar a valorar el modo de realización de los reconocimientos fotográficos, diligencia que igualmente suscita graves dudas, pero de la que nos ocuparemos en el siguiente artículo de la presente serie.