Opinión · Dominio público

Carta abierta a Santiago Cantera, prior del Valle de los Caídos

Esther López Barceló

Responsable de Memoria Democrática de Izquierda Unida

Carlos Sánchez Mato

Responsable de Políticas Económicas de Izquierda Unida

Querido hermano:

Leemos con estupor sus últimas declaraciones sobre la próxima exhumación de Francisco Franco a la que se opone con tremenda firmeza alegando que “no se puede tocar el cuerpo de un difunto que se encuentra en un templo custodiado por una orden religiosa en su espacio que es inviolable“.

No podemos menos que sentir una profunda lástima ante su posición que tanto daño hace a toda la Iglesia.

¿Inviolable el templo?

Una mujer con un paraguas con los colores de la bandera española, en el Valle de los Caídos. REUTERS/Susana Vera
Una mujer con un paraguas con los colores de la bandera española, en el Valle de los Caídos. REUTERS/Susana Vera

Algo precioso eso de “acogerse a sagrado”, principio originado en el medievo que permitía que cualquier persona perseguida por la justicia pudiera acogerse a la protección de iglesias y monasterios. Se basaba en el concepto jurídico de que cualquier oprimido por las leyes de su país podía ser protegido por otra autoridad, fuese civil o religiosa, y derivaba de la antigua costumbre de la hospitalidad. Precioso valor ese de la hospitalidad y de acoger al que sufre de persecución injusta. De hecho, hay una iglesia protestante en Bethel (Holanda) que está dando un testimonio maravilloso de lucha ante una legislación injusta contra la expulsión de una familia armenia, o una católica, San Carlos Borromeo en Madrid, que está siempre dispuesta a ser lugar de acogida para los sin techo.

Por eso no nos cuadra su concepto de inviolable.

Porque “inviolable” debería considerar a quienes huyen de la guerra cruzando el Mediterráneo y mueren en el mar, mientras los gobiernos (el de Pedro Sánchez también) se lavan las manos y dificultan las labores de salvamento a las organizaciones que intentan rescatarles. Inviolables deberían ser los afectados por los más de 70.000 desahucios en España en 2018. Inviolables tendría usted defender que fueran los 13 millones de personas en riesgo de pobreza que malviven en nuestro país.

Pero Santiago, hace más de cuarenta años que la Iglesia católica debería haber pedido perdón por haber sido cómplice del régimen franquista.  Una dictadura que abrazó al nazismo permitiendo que miles de españoles fueran deportados a campos de concentración, mientras aquí se abrían otros tantos para castigar a quienes habían defendido la democracia. La Iglesia llevó bajo palio a su máximo responsable, aquel que dejó tras de sí la responsabilidad criminal de hacer desaparecer a cientos de miles de personas que yacen en cunetas y fosas a lo largo de todo el estado. Hace más de cuarenta años que la Iglesia católica debería haberse democratizado y haber renunciado de motu propio a seguir en el Valle de los Caídos, un mausoleo a la infamia, construido con el trabajo esclavo de miles de presos políticos.

Quienes firmamos esta carta somos un cristiano y una atea. Ambos luchamos unidos por la defensa de los derechos humanos y la justicia social. Es por ello que le rogamos se ponga, por fin, del lado de las víctimas y abandone el bando del verdugo. Recuerde que resguardar al perseguido es hospitalidad pero proteger al asesino convierte a la Iglesia, de nuevo, en su cómplice.

Porque inviolables no son los templos. Inviolables son las personas.