Opinion · Dominio público

8M: Con vosotras, ni un paso atrás

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

En semanas como esta se agolpan en mi mente vivos recuerdos de mi infancia en los que aparecen mujeres vestidas de negro. Mujeres de luto riguroso, a veces perpetuo, por el fallecimiento de sus parientes más cercanos. Madres, abuelas, hermanas, tías… todas ellas mujeres abnegadas que a base de trabajo, esfuerzo y mucho sacrificio consiguieron sacar adelante a sus familias. Mujeres que durante la dictadura fueron tratadas como menores de edad socialmente, que necesitaban el permiso de un hombre hasta para tener una cuenta bancaria.

Sin embargo, a pesar de los numerosos avances en derechos y libertades conquistados gracias a la lucha y la pelea de las mujeres trabajadoras, en complicidad con toda la clase trabajadora, aún queda mucho trabajo por hacer. Por eso el 8M es una jornada de reivindicación y también una jornada para el recuerdo y el homenaje a todas aquellas luchadoras, aquellas trabajadoras valientes del sector textil neoyorquino que un día de 1857 dijeron “basta” y salieron a protestar por sus condiciones de trabajo. O de aquellas mujeres rusas que un 8 de marzo de 1917 se manifestaron por la paz y la dignidad y con ello desencadenaron la revolución rusa, convirtiendo esa fecha del 8 de marzo en el día de la reivindicación de la mujer trabajadora. Mujeres heroicas que pagaron con la vida su lucha por los derechos laborales.

Mujeres en la manifestación del 8M de 2017 en Madrid. EFE
Mujeres en la manifestación del 8M de 2017 en Madrid. EFE

Este 8 de marzo no nos cansaremos de repetir que no vamos a dar ni un paso atrás. Si el año pasado logramos que el mundo entero se fijara en España y su manifestación de Madrid; si el año pasado se logró un punto de inflexión en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, en este 2019 no sólo hay que resistir, hay que avanzar. El feminismo, el objetivo de la igualdad en todos los órdenes es ya un camino sin retorno.

Esta semana España entera se movilizará y algo preocupante está ocurriendo: los temas de desigualdad tendrían que estar en el debate, en el tablero político, pero no lo están. Si acaso vemos y escuchamos con altavoces mediáticos las estridencias que vomitan desde Vox, PP y Ciudadanos con ocurrencias, insultos y provocaciones.

En mi opinión, aunque cada día hay que denunciar desde los micromachismos a los asesinatos machistas; desde la infame brecha salarial al parón en la salud sexual y reproductiva; pasando por el drama, cuando no tragedia, de las miles de mujeres mayores que sobreviven en soledad; aunque cada día no se puede bajar la guardia, el 8 de marzo es una jornada para reaccionar a la reacción, para reforzar la lucha por la igualdad, para sacar ese icónico músculo feminista del “we can do it”.

El 8 de marzo es el camino y con la herramienta de la huelga denunciaremos la situación de explotación que se ceba con el empleo femenino en una tarea conjunta y cómplice entre hombres y mujeres del sindicalismo de clase. Porque también, como sucedió el pasado año, después del 8 de marzo avanzaremos con más fuerza.

Aunque los datos, en todos los órdenes, a veces son escalofriantes, siguiendo a Pilar Morales, secretaria de las Mujeres de CCOO de Madrid, “no somos pesimistas porque a pesar de todo avanzamos. Y avanzamos porque las mujeres luchan, también con la complicidad de muchos hombres”, una complicidad que nos ha llevado a convocar huelga general el 8 de marzo.

Desde las Comisiones Obreras, junto a UGT, en la Comunidad de Madrid la huelga será de dos horas por turno y de 24 horas en determinados sectores y empresas, como en Educación, Sanidad, residencias, administración local y autonómica, Justicia, intervención social, Metro, Telemadrid o Contact Center…

Desde nuestra perspectiva como sindicato de clase no podemos obviar que las mujeres madrileñas tienen que trabajar 81 días más que los hombres para ganar lo mismo. Es decir, es como si las mujeres trabajaran gratis desde el 1 de enero hasta finales de marzo, con el agravante de que los salarios más bajos son los que mayor brecha padecen.

Tal y como expliqué la pasada semana, los datos que evidencian la desigualdad, tras los que hay muchas mujeres, son muy significativos. Son cifras oficiales y reales frente a las que la extrema derecha, la derecha de siempre y la nueva derecha arrastrada por ambas, se empeñan en negar con las mentiras de siempre, con esto que ahora se denomina “fakenews”, “los bulos de toda la vida”.

Esos “negacionistas” cuentan con el empujón de las religiones, que desde que se dieron cuenta que el mundo lo movían las diosas, tomaron cartas en el asunto para convertirse en aprendices de brujo y tomar las riendas patriarcales del asunto. El machismo con faldas de la Iglesia Católica da aliento a la desigualdad negando las brechas salariales y alimentando espurios beneficios empresariales.

En la Comunidad de Madrid hay casi un millón y medio de mujeres asalariadas. Si la brecha se encuentra en 5.800 euros de media, hablamos de cerca de 9.000 millones de euros que no llegan a las trabajadoras, ni a los trabajadores, va a engrosar los beneficios del empresariado. Esto es violencia en materia salarial, que requiere de la derogación de la reforma laboral para acabar con ella. Y no valen los parches. No vale ese postureo de incluir planes de igualdad o citar la ley de igualdad en los convenios si después se incumple la ley. Es imprescindible que la inspección de trabajo tome cartas en el asunto.

Pero el 8 de marzo va más lejos. Tiene, como las Comisiones Obreras, un evidente carácter sociopolítico. Sólo en la ciudad de Madrid viven casi dos mujeres por cada hombrecon más de 80 años y un elevado número de mujeres con más de 65 años viviendo solas (123.420, según datos e 2018). La soledad de las mujeres mayores es un problema que hay que acometer desde las administraciones, por no mencionar los hogares monoparentales encabezados por una mujer, que quintuplican a los encabezados por un hombre.

Por eso este 8M volveremos a estar en la movilización, gritando alto y fuerte que sobre los derechos y libertades no puede haber desigualdad, no vamos a dar ni un paso atrás.