Opinion · Dominio público

Un 28 de abril cargado de futuro

Joan Josep Nuet

Diputado en el Congreso

Los resultados electorales del pasado 28 de abril han comportado noticias positivas que pueden marcar el futuro político de los próximos años y que marcarán seguro los próximos meses, cuando se acumularán las elecciones del 26 de mayo, la sentencia del juicio en el Tribunal Supremo y unas posibles elecciones al Parlament de Catalunya. Hasta una vez pasados ??estos eventos no quedará del todo claro el nuevo ciclo político que ya ha iniciado el 28-A.

Las grandes perdedoras del 28-A son aquellas opciones que lo han fiado todo a la inestabilidad y al «cuanto peor, mejor». La excepcionalidad no desaparece, pues con presos políticos y exiliados por las ideas que defienden y por tener la voluntad de hacer política con ellas las cosas no pueden ser normales, y no deben serlo, pero sólo reduciendo la crispación decrecerán los partidos que se alimentan de ella y podrá abrirse paso el diálogo. Un diálogo que desgraciadamente no será ni fácil ni rápido ni obtendrá resultados inmediatos espectaculares.

Trabajar por la salida política y dialogada del conflicto que vive Cataluña con el Estado requiere un cambio de ciclo y el liderazgo de fuerzas y personas dispuestas a encabezar las soluciones que no pueden ser las que lideraron la etapa anterior. Que la alianza de derechas que ha amenazado con borrar del mapa el modelo de convivencia construido en Cataluña en los últimos 40 años haya fracasado es una muy buena noticia, y que la contribución de Cataluña y Euskadi a este hecho haya sido trascendental es una fotografía precisa de dónde se encuentran estos territorios.

Es necesario que las izquierdas en el conjunto del Estado rompan con el cordón umbilical que, respecto al modelo de Estado, han establecido con el discurso hegemónico de las derechas en este ámbito. Presentar al independentismo progresista como un enemigo a batir es un error estratégico profundo que las supedita. Especialmente, la izquierda transformadora debe entender que no habrá cambios cualitativos si no hay ruptura del entramado político e institucional del constitucionalismo borbónico construido a partir de la interpretación que las élites hacen de la Constitución de 1978.

Se debe entender también que los cambios económicos y sociales necesarios para salir de la crisis por la izquierda y recuperar el empoderamiento de las clases populares que se apuntó en 2014 y 2015 sólo es posible con una acción combinada de la izquierda y el soberanismo. Que derogar las reformas laborales, blindar las pensiones públicas y reforzar las estructuras del modelo público de educación y sanidad sólo es posible combinando estas fuerzas.

El soberanismo de izquierdas será clave. Cataluña es muy mayoritariamente de izquierdas y por eso hay que construir la centralidad política con una visión inclusiva y progresista del país del 80%, la única que puede atesorar la transversalidad necesaria para tener una mayoría ganadora y romper el relato de la Cataluña dual que la derecha quiere imponer y que la izquierda ya derrotó tiempo atrás apelando a la idea «de un solo pueblo».

El independentismo y el soberanismo necesitan aliados en el conjunto del Estado y de Europa, muchos más de los que hasta ahora se ha dispuesto: vimos el 1 de octubre lo difícil que es arrancar la soberanía, y hacerlo de nuevo con un referéndum de autodeterminación será todavía mucho más difícil, así como necesario. La negociación debe seguir combinando la acción popular organizada (definitivamente vinculada a valores democráticos, inclusivos y progresistas que representan al 80%, como mínimo, de la sociedad catalana) con el diálogo político e institucional, manteniendo las manos de las derechas, al mismo tiempo, lejos de nuestras escuelas, hospitales y pensiones para dejar bien claro que el «país nuevo», la república catalana social y democrática que deseamos, está pensado ??para que la inmensa mayoría viva mejor y sólo el 1% le ponga mala cara.