Dominio público

¿De que lado estáis, Podemos y confluencias?

Jordi Salvador Duch

Dr. en antropología Social y Cultural y Diputado por ERC.

Cuando hacía campaña para las elecciones generales del 2015, 2016 y Podemos estaba arriba, incluso podía ganar como de hecho ganaron en Cataluña, cuando me preguntaban por ellos, siempre respondía, más que "podemos", yo les llamo "veremos".

Siempre tuve desconfianza, la verdad, pero desde el respeto por la nueva izquierda. Esos que renunciaban al lenguaje clásico que yo había mamado, hablando ya no de lucha de clases, explotación, etc. sino de soberanías compartidas, hegemonías, abajo y arriba, etc. al más puro estilo E. Laclau.

Más allá del 15 M y del independentismo republicano catalán, los únicos proyectos verdaderamente revolucionarios y multitudinarios surgidos en el Reino de España en los últimos 40 años parecían ser ellos. Su apuesta parecía una gran alternativa regeneracionista en pleno S.XXI, una crítica argumentada al "status quo" del régimen podrido del 78, a pesar de mis reservas. Tres años después, tristemente, ya no es "podemos" ni "veremos", ya lo "hemos visto". Y los pactos post 28A y 26M lo pueden certificar. Hoy ya son monarquía, cómplices del lado represor, muleta del PSOE, "patriotas constitucionalistas", "pragmáticos"... Y una "casta" muy cómoda para el stablishment por contrarevolucionarios. Gente de orden en oposición a los desobedientes.

A veces, uno sabe de que lado está viendo quien está al otro lado. Y si en el otro lado están y te regalan los votos Valls/Ciudadanos, o lo que es lo mismo neo liberalismo salvaje y ultra nacionalismo español, si la derecha te aplaude a rabiar como si fueses Coscubiela, yo me lo replantearía. Si al otro lado está el Psc de Iceta, Collboni o el PSOE de Borrell, sí, a aquellos a quién se cantaba: "que no, que no, que no nos representan", yo me lo replantearía.

Como le duele al admirado Manuel Delgado decir: ¿Quién nos iba a decir que acabarías (Ada) siendo la niña mimada y un pelín rebelde de las élites?«Te'n recordes, Ada?» (escrito a finales del 2017)

Como me duele ver que el poder, que es muy goloso, gana casi siempre. Me lo decía un día Celia Villalobos del PP en los pasillos del Congreso. También tenía razón, me lo decía hablando de Podemos: "ya verás la transformación a medida que pasen los meses". Y tenía tristemente razón, ella que sí conocía como nadie los efectos del poder en la condición humana o de muchos humanos. No en vano, Celia en su juventud era de Bandera Roja. El toque de sabiduría, en cierto modo, también me lo daba a mí, pero yo me lo tomé como un favor, como una vacuna contra la incoherencia que deseo que me sea eficaz.

Alguien podrá decir, sí, pero es que ERC, CUP i jxCat tampoco son precisamente bolcheviques. Cierto, pero por ahora junto con las principales asociaciones civiles de Cataluña, son infinitamente más revolucionarias que el resto.

Son coherentemente republicanas, hasta el punto de tener presos políticos y exiliados y cientos de imputados por serlo. Son los únicos que han retado a una partida de ajedrez al Reino en busca del jaque mate. Y de momento, en una partida muy desigual y con árbitros comprados, ya han puesto en jaque a todos los aparatos represivos del estado comandados por el Borbón. ¿O no es revolucionario apostar por un referéndum de autodeterminación, por un proceso constituyente de verdad o por una nueva constitución catalana y al mismo tiempo poner tus fuerzas también al servicio de todas las de los demás pueblos del Reino que estén por derrocar el régimen de la Sagrada Constitución del 78?

Una Constitución/pacto con los franquistas que 40 años después es una cárcel para las clases trabajadoras de todo el estado (art. 135 CE). Una Constitución que la mayoría de españoles ya no ha votado y que si la pusieran de nuevo a referéndum recibiría un castigo descomunal. Una Constitución que también es cárcel de pueblos y naciones del estado, negando su derecho a la autodeterminación, ya sea para la independencia o ya sea para la constitución de un estado confederal o federal o lo que decida el pueblo. Pues eso... ¿en qué lado estáis? porque la equidistancia nunca existió en política.