Opinion · Dominio público

Las 1.001 formas del bacalao a la portuguesa

José Antonio Martín Pallin

Magistrado emérito del Tribunal Supremo. Comisionado de la Comisión Internacional de Juristas (Ginebra)

Entre las muchas virtudes de mis vecinos y compatriotas ibéricos, hay una que les caracteriza y distingue, sin descartar otras que podemos encontrar en los espacios de la política, la economía, la educación pública  o la convivencia social. La gastronomía es una seña de identidad que, en algunos casos, sustituye a los símbolos nacionales y forma parte de su cultura. Los portugueses tienen una cualidad gastronómica que esgrimen con orgullo y con la que son conocidos en muchos países.  Como nos sucede a nosotros con el toro de Osborne, el visitante puede contemplar múltiples anuncios en los que se pregonan las 1001 maneras de preparar el bacalao.

Muchos lectores habrán detectado que traigo a colación el bacalao, como pretexto para analizar, una vez más, el tan traído y llevado, Gobierno a la portuguesa. Descartado, salvo imprevistos, el  gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, el Candidato a la Presidencia del Gobierno, ha puesto en marcha una novedosa receta culinaria para elaborar lo que denomina un gobierno de progreso.  En estos últimos días ha desarrollado una frenética actividad, reuniéndose sucesivamente con grupos y organizaciones, de nuestra sociedad. Su objetivo es, recoger opiniones para plasmarlas en un texto  programático de gobierno que se ofrecerá, ya condimentado, a los partidos políticos, los únicos que constitucionalmente, tienen en sus manos la investidura del Presidente del Gobierno.

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, con el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, en un encuentro en el Palacio de la Moncloa, en mayo, tras las elecciones del 28-A. REUTERS/Juan Medina
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, con el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, en un encuentro en el Palacio de la Moncloa, en mayo, tras las elecciones del 28-A. REUTERS/Juan Medina

No sé a quién se le ha ocurrido la novedosa e inexplorada fórmula, pero, dada su ambigüedad y amplitud, indefectiblemente se quedaran fuera de los contactos, grupos a los que necesariamente van a afectar las políticas del futuro. Por ejemplo, los pensionistas, los sectores del transporte y de las nuevas tecnologías, las confesiones religiosas, las federaciones deportivas que generan ingentes cantidades de dinero que debería retornar al Fisco con un sistema impositivo   adecuado, los periodistas y las empresas que conforman el mundo de la información en una sociedad globalizada, en fin podríamos seguir con los funcionarios y sus sindicatos representativos. Admito que es difícil abarcar todos los cientos de colectivos o grupos que conforman el tejido de una sociedad y a lo mejor he citado a alguno que si han sido llamados.

No disponemos de las 1001 fórmulas del bacalao a la portuguesa, pero si podemos contrastar su experiencia política de un gobierno de izquierdas, que ya dura tres años y está a punto de ser sometido al escrutinio y verificación de las urnas, en Octubre próximo. Al parecer es el espejo en el que se quieren ver reflejadas las diferentes fuerzas políticas de izquierdas, con el apoyo externo de los nacionalistas que propugnan políticas homologables a sus congéneres europeos. El mismo Presidente de la CEOE, en unas recientes declaraciones, parece que no le hace ascos a esta posibilidad.

Siguiendo con las recetas culinarias, me parece que, con todo el respeto hacia el dominio de nuestros vecinos sobre el bacalao, aquí tendremos que acudir a la autóctona fórmula de la paella mixta, si tenemos en cuenta que entre los ingredientes contamos con los  nacionalistas vascos y catalanes e incluso de Bildu, partido que ha rechazado el terrorismo y se ha integrado en el espectro político con la idea de buscar la independencia por las vías pacíficas. Su participación puede ser necesaria, como se ha puesto de relieve en Navarra. Lo mismo que el tripartito de la derecha extrema, se ha instalado en los gobiernos de varias comunidades autónomas, incorporando a VOX en el seno del constitucionalismo, a pesar de su centralismo nostálgico de la unidad de España y del desprecio por las víctimas de los golpistas vencedores en la guerra civil, postura que comparte con los predicadores de la concordia.

En Portugal los tres partidos que sostienen el gobierno socialista, son inequívocamente de izquierdas. Aunque mantienen coincidencias en políticas sociales y económicas, ello no es obstáculo para que hayan sabido superar discrepancias en materias conflictivas, como la derogación o modificación de la reforma laboral. En los tiempos que corren habrá que ser realistas y reconocer que la economía no puede manejarse con criterios exclusivamente nacionales y que los organismos supranacionales y las políticas hegemónicas y de confrontación entre los gigantes económicos, Estados Unidos y China y nuestra integración en la Unión Europea,  condicionan determinadas medidas en el complejo mundo de la economía. En todo caso, no existe obstáculo serio e insalvable para un reparto más solidario del Producto Interior Bruto (PIB), como exige un Estado que quiera ser social y democrático.

El camino que se está siguiendo para conseguir la investidura es preciso reconocer que es atípico y que no tiene precedentes, que yo conozca, en otras democracias. Después de descartar el gobierno de coalición con Unidas Podemos, se ha iniciado una operación de marketing político, incuestionablemente original pero, en mi opinión, contradictoria con el sistema previsto en nuestra Constitución.  Las entrevistas del Candidato a Presidente del Gobierno con la llamada sociedad civil, han tenido un eco innegable en los medios de comunicación, y estoy seguro que está siendo analizada por los politólogos. Apelo a ellos para que me iluminen, porque confieso que estoy desconcertado.

Siempre me ha llamado la atención el apelativo de la sociedad civil. En los textos de Derecho que estudie en la Facultad lo civil se contraponía a lo militar y a lo canónico. El término, en las circunstancias actuales, sugiere que se trata de esa inmensa mayoría de ciudadanos que no participa de las funciones públicas y de las actividades partidistas, a los que se llama a votar cada cuatro años, crisis de gobierno aparte. Que conste que considero que es un modelo de democracia participativa, que siempre me ha parecido superior a la representativa, pero, en este caso, se han invertido los momentos políticos y se ha llamado a muchos grupos sociales para ser oídos pero no para participar en la toma de decisiones.

Nuestra Constitución ha dejado algunos resquicios a la democracia participativa. Por ejemplo la iniciativa legislativa popular, la posibilidad de participar en un referéndum consultivo y sobre todo la acción popular y la posibilidad de ejercer directamente funciones judiciales, como es la de juzgar, a través del Tribunal del jurado. También ha dado un peligroso protagonismo a las Fuerzas Armadas, que debe ser urgentemente aclarado y delimitado  y un trato preferencial, a pesar de la aconfesionalidad del Estado, a la religión católica.   Un mínimo sentido democrático y constitucional, debe excluir a estos dos actores de cualquier pretensión de protagonismo político.

El objetivo parece claro, conformar un gobierno de progreso. En su verdadero sentido, progresar no es siempre hacer justicia social. En un terreno científico el progreso supone avances tecnológicos  que pueden favorecer o complicar la vida de los ciudadanos pero en  la política, lo importante es el día a día y el sostenimiento de medidas que permitan alcanzar un imperativo constitucional, como es el libre desarrollo de la personalidad y el reconocimiento de los derechos económicos y sociales que se recogen en el texto constitucional.

Desconozco que método  se va a seguir para la redacción del texto programático. También si va a ser un texto cerrado o sometido a las aportaciones y críticas de los partidos llamados a la investidura.  En toda receta lo importante son los ingredientes, sin descuidar la materia prima.  El Jefe del Estado, es decir el Rey, ha urgido a la pronta investidura de un Gobierno. La iniciativa ha sido jaleada, con grandes reflejos, por la derecha extrema que ha apelado al poder moderador del Rey. Por más que repaso la Constitución, no encuentro en que pasaje se le atribuye esta potestad. En mi opinión, el comentario seguramente podría haberse evitado, pero no tiene mayor importancia porque ha venido a reconocer una realidad que es absolutamente compartida por nuestra sociedad.  He dicho, en varias ocasiones, que repetir unas elecciones no es conveniente, entre otras cosas, porque parece difícil que se cambie el sentido del voto, pero, en todo caso, no es una tragedia.

Iniciada la hoja de ruta, no es bueno dejar la solución para el último minuto de la prórroga. Si se fracasa, no es posible la tanda de penaltis. Iríamos a nuevas elecciones que se verían afectadas por anunciadas y previstas turbulencias. Una de ellas, aunque no lo parezca, sería dejarse seducir por las encuestas que anuncian un fuerte viento de cola que llevaría al PSOE al borde de la mayoría absoluta. En todo caso sus efectos no se conocerían hasta las elecciones de Noviembre y en la ruta hacia las urnas, nos encontraríamos,  inevitablemente, con un turbulento mes de Octubre.

Es previsible, lo contrario me parecería una irresponsabilidad, que la sentencia del “process”, se conozca después de 11 de Septiembre, para evitar efectos añadidos a las reivindicaciones tradicionales de la Diada. Estaríamos a doce días del tiempo límite para convocar elecciones.  Si Dios no salva a la Reina, se avecina una fuerte turbulencia anunciada, el Brexit duro. También en el mes de Octubre se va a pronunciar el Tribunal de Justicia de la Unión Europea de Luxemburgo sobre todo el entramado jurídico que se ha montado sobre los derechos de los políticos catalanes elegidos para formar parte del Parlamento Europeo. Su decisión puede afectar, de forma imprevisible, sobre la sentencia española. Por supuesto no será inocuo, el resultado de las elecciones portuguesas. Cuando todo esto, estaba más o menos contemplado, surge el ciclón Salvini que añade un nuevo ingrediente al plan de vuelo para llegar a destino.

El Candidato no puede desconocer las turbulencias que le esperan. Pienso que siempre  es mejor evitar los malos augurios y en el caso de que decida ir a nuevas elecciones, alguien tiene que manejar  con maestría los mandos de la aeronave para que pueda resistir las fuertes turbulencias que encontrará en su ruta. No me olvido del bacalao, las recetas portuguesas gozan de merecida fama.