Opinion · Dominio público

Lo que no interesa contar sobre el bombardeo de Cabra

Francisco Navarro López

Doctor en Historia

En los últimos años, cada vez que se acerca el aniversario del terrible bombardeo perpetrado sobre Cabra, proliferan en prensa los artículos que recuerdan la masacre de aquel fatídico día en la que murieron más de un centenar de personas.

Resulta cuanto menos curioso, que una y otra vez, estudiosos y periodistas se afanan en contar con toda clase de detalles tanto los hechos como las consecuencias de aquella acción de guerra de la aviación gubernamental. Hasta ahí pudiera estar todo bien si pasamos por alto el problema que conlleva el omitir las causas y el contexto del mismo, ya sea de forma deliberada al suprimir parte del relato completo, o bien por ignorancia al no haber accedido a todas las fuentes; ya sean tanto primarias como secundarias.

En todas estas publicaciones se repite la misma tónica: “Cabra no tenía ningún interés militar ni estratégico y estaba alejada del frente, por lo que fue un bombardeo dirigido a la población de forma indiscriminada”. Nada más alejado de la realidad.

Resulta curioso que estos relatos que han hecho correr ríos de tinta sobre este bombardeo y de otras localidades cercanas que también resultaron atacadas por la aviación republicana en las mismas fechas como fue el caso de Baena, hayan “omitido” la abundancia de establecimientos de tropas nacionales en estas poblaciones. Hecho más que relevante.

En Baena, estaba destinada la 22 Compañía de Zapadores, así como el Primer Batallón de la Bandera de La Falange de Huelva. A su vez, durante el 15 de noviembre se trasladaron desde la población de Luque, el teniente coronel jefe de la Infantería Divisionaria, donde quedó su Cuartel General instalado. Puede llamar poderosamente la atención, que ese mismo día la aviación republicana realizó un bombardeo sobre esta localidad y la vecina población del Albendín, resultando herido un soldado del decimosegundo Batallón de Pavía y varios civiles, coincidiendo con este traslado, ¿casualidad? En Valenzuela, contaba con el Primer Regimiento de la 34. º División entre otros.

En Aguilar, permanecían unidades de descanso pertenecientes al VIII Batallón del Regimiento de Infantería de Lepanto n.º 5, Regimiento de Infantería Granada n.º 6, III Batallón del Regimiento de Infantería de Castilla n.º 3, XI Batallón del Regimiento de Infantería de Castilla n.º 3 y una Unidad de Regulares de Alhucemas.

Solamente en Cabra, las tropas concentradas eran considerables, entre otras, se hallaban la 34. ª Compañía de Automovilismo, la 34. ª Compañía de Trasmisiones y el Batallón de Trabajadores n. º 37 (prisioneros que realizaba funciones de allanar el camino a las fuerzas sublevadas). Por si fuera poco, desde el 1 de noviembre de 1938, apenas una semana antes del ataque aéreo, se ubicó nada más y nada menos, el Cuartel General de la 34 División, situándose los Puestos de Mando de los comandantes de Artillería e ingenieros, “otra casualidad”. Indicar que entre las víctimas de dicho bombardeo se hallaban numerosos militares pertenecientes a las fuerzas que se encontraban acantonadas en el pueblo, que tampoco parece interesar contar.

Imagen de Cabra tras el bombardeo.
Imagen de Cabra tras el bombardeo.

El bombardeo de Cabra al igual que las demás poblaciones cercanas, no fueron producidos por el azar ni estaban dirigidos a la población civil, al menos de forma expresa como sí se hizo con Guernica, fueron ataques definidos dentro de una estrategia que pertenecía a un contexto concreto, y que se aplicaron a estas poblaciones del sur de la provincia de Córdoba (Aguilar, Albendín, Baena, Cabra, Carcabuey, Nueva Carteya y Luque) al reunir una serie de condicionantes militares que hacían ser candidatas para los intereses del ejercito republicano.

Cuando estos estudiosos indican que Cabra estaba alejada de frente, me hace suponer que no están familiarizados con las zonas fronterizas de guerra que existieron en esta provincia. Si nos vamos al suroeste, el límite estaba situado a poco más de 35 kilómetros de Cabra, concretamente en Almedinilla, al oeste en las inmediaciones de la Estación de Luque, a unos 30-35 kilómetros, siendo todos estables a lo largo de la contienda. Sin mencionar otro frente relativamente cercano y que fue uno de los más activos de toda la Guerra Civil, localizado en el norte de la provincia donde se acometieron grandes enfrentamientos.

Tampoco podemos obviar la importancia que tenía para el mando del Ejército del Sur franquista la Estación de Ferrocarril de Cabra, basta con echar un vistazo a los libros de control de viajes de dicha estación, y poder corroborar la gran cantidad de desplazamientos de tropas que subían y se apeaban de allí, miles.

A todo esto, se le puede sumar la existencia de un campo de concentración de prisioneros y evadidos en la ciudad egabrense, que desde mediados de 1938 hasta abril de 1939 albergó a más de 1.300 cautivos, incluidas 24 mujeres. Tampoco se menciona los más de un centenar de vecinos (117) de la misma localidad que fueron represaliados por parte de las autoridades sublevadas locales, mientras que las víctimas del bombardeo recibieron reconocimiento desde el primer año, disponiendo de un funeral, recibiendo los familiares una suscripción encabezada desde el ayuntamiento con 5.000 pesetas, e instalándose a la entrada del colegio de las Escolapias la cruz de los Caídos con sus nombres inscritos. En cambio, para los familiares de los egabrenses asesinados por los golpistas, aún tienen que sentir el peso de sus antepasados en la nuca, ya que todavía en pleno siglo XXI permanecen en cunetas y en fosas comunes.

Evidentemente, un bombardeo nunca debe tener justificación, ni con estas líneas pretendo tal cosa, pero no se puede entender los hechos y las consecuencias de un episodio sin obviar sus causas y su contexto. Porque entonces dicho relato estaría truncado.

Igualmente habría que destacar que la actuación de la aviación republicana fue muy inferior respecto a la sublevada durante la guerra en la provincia (desde comienzos del conflicto la aviación franquista dominaba los cielos cordobeses). Ejemplo de ello lo podemos encontrar en los ataques del 20 de diciembre de 1936 en el que las bombas franquistas causaron un centenar de muertes en la población de Bujalance o el día de Navidad de 1938, donde tanto las explosiones producidas como los ametrallamientos desde los aviones, mataron a unas ochenta personas en El Viso. No parece que se haya hecho eco de estos sucesos por la misma prensa que cada 7 de noviembre rememoran sin faltar un solo año el de Cabra.

Ante tal despropósito no es difícil imaginar que la única intención de todas estas investigaciones de dudosa objetividad y desprovisto del más mínimo rigor están orientados con un único fin: el de seguir manteniendo el viejo relato revisionista de que todos fueron culpables y que tanto un bando como el otro cometieron atrocidades, que durante tanto tiempo han hecho creer a la población. Sin embargo, por mucho que se intente enmascarar la historia, la clave del conflicto siempre estuvo en la lucha de la clase trabajadora por aminorar la desigualdad que afectaba a la gran mayoría y que amenazaba con la disminución de los privilegios que ostentaban las elites pudientes (nobleza, burguesía, e iglesia), y que estos junto con militares africanistas, para preservar su poder no dudaron en perpetrar un golpe de Estado contra la legalidad vigente, originando una larga guerra.