Opinion · Dominio público

Cuando el sistema judicial renuncia a los derechos humanos

Amparo Díaz Ramos

Abogada especialista en violencia de género.

Justicia y leyes no son lo mismo. Tampoco son lo mismo la justicia y la aplicación de las leyes por los Tribunales. Es algo evidente e incluso “aceptado”.  La primera es un fin imprescindible para los sistemas democráticos, y las leyes y su aplicación son o deben ser, en ese tipo de organización política, un instrumento para llegar a la justicia. Según mi experiencia cuanto más grande es la justicia que conseguimos más sentido de utilidad y humildad tienen las leyes y quienes trabajamos con ellas. Cuanto más artesanal, detallado, cuidadoso y sin adornos es nuestro trabajo, más justo es nuestro resultado. Y viceversa. Cuanto más grande nos creemos en nuestros roles procesales, más alejado está nuestro trabajo de la justicia.

En un estado democrático vivir la experiencia de un procedimiento judicial, y por tanto de las leyes en acción, debería acercarnos a la justicia y ayudarnos a mejorar como individuos y como sociedad. Las leyes y los procedimientos judiciales deberían servir de modelo de cumplimiento de los derechos humanos. Pero no siempre es así. Es más, no pocas veces el procedimiento judicial aporta escasa claridad a quieres intervienen y genera un efecto de confusión,  impotencia e ira. No pocas veces las personas que pasan por los procedimientos judiciales padecen a una o varias personas, profesionales del derecho, que les tratan sin respeto, con autoritarismo, con prejuicios, sobre todo de género, o con superficialidad. No pocas veces dentro del procedimiento judicial hay comportamiento ajenos  a los derechos humanos, sin que haya una reacción pública contra algo tan grave: la renuncia a los derechos humanos dentro del propio sistema judicial.

El verdadero poder de la justicia no es el miedo sino la claridad, porque la justicia nos lleva o acerca  a la verdad de lo que ha sucedido y de lo que nos corresponde a cada persona por nuestros actos en nuestras circunstancias. Pero en los procedimientos judiciales no pocas veces hay más imposición que claridad, algo que causa malestar entre la ciudadanía y también en ocasiones entre quienes trabajamos en este mundo.

Cuando el sistema legal o judicial, o ambos, renuncia a garantizar los derechos humanos, renuncia a la justicia. Es bueno no olvidarlo.