Opinion · Dominio público

La inclusión social no está en un parque

Ana Sanz

Presidenta de la Asociación NorTEA, y miembro del colectivo "Inclusión Y Equidad Ya"

La inclusión social no está en un parque donde puedo ir con mi hija. Incluir es poder estar y ser parte consciente de cualquier proceso social. Incluir es dejar estar y dejar participar también. Implica más de una parte, no sólo la de los padres. No sólo la persona con discapacidad. Implica al resto. Implica a todos.

Mi hija es autista, tiene un trastorno del espectro autista diagnosticado hace más de 7 años. Ahora ella empieza a ser consciente de su trastorno, así lo intuimos con pequeños detalles que vemos, cada día lo es más.

Como padres, hacemos lo que cualquier familia hubiera hecho: tomamos responsabilidad en el asunto y decidimos proveerla con los mejores recursos que podemos en cada aspecto vital para que su desarrollo no típico no le impida ser independiente y feliz en su vida presente y futura.

Nuestra parte la tenemos clara, meridiana, no hay discusión. El quid de la cuestión es que no es sólo nuestra parte como padres, está ella como individuo y el resto del entorno social donde vivimos.

Como individuo, mi hija es menor de edad actualmente, y como padres somos nosotros los que ahora decidimos por ella. Como cualquier padre. Tomamos y hemos tomado decisiones en función de nuestro entorno social. Ella acude a un colegio en una localidad diferente a la que vivimos: un colegio al que no va mi otra hija, dos años mayor que ella. Mi hija con autismo empieza a preguntar por qué no va al colegio de su hermana mayor. Como padres, ¿qué le decimos? Reformulo la pregunta: ¿qué le podemos decir que sea coherente?

La verdad es que de todas las explicaciones posibles, después de ver cuando tomamos esa decisión de que fuera a un colegio distinto, la más clara era que el entorno social no era adecuado para ella. El entorno hizo que como padres renunciáramos a su derecho como cualquier ciudadano. Y me acuerdo de lo que pensé en aquel momento: éramos David contra Goliath y no teníamos ni un mísero tirachinas para hacer valer sus derechos. El entorno social disfrazado de falta de recursos, era un entorno real de falta de tolerancia y actitud de aceptación a la diversidad de las personas con discapacidad.

Dentro de cada aspecto o ámbito, existen las líneas que nos marcamos las familias, donde decidimos si renunciamos a los derechos de nuestros hijos. RENUNCIAR. Lo resalto porque es así, sin paños calientes, sin excusas. Es renunciar o ceder, admitir que ese entorno social no nos acepta.

Renunciamos. Lo hicimos. Renunciamos a su derecho de elegir centro educativo y fuimos al que tenía recursos (por lo menos) y la mejor actitud de aceptación para ella. No renunciamos a estar en un centro educativo ordinario, no renunciamos a estar con niños y niñas sin autismo o simplemente diferentes, reales, diversos, sus iguales… esa era y es nuestra línea roja: renunciar a estar apartada de la realidad social en otro tipo de centro que no sea ordinario. A eso no hemos renunciado aún.

El problema de renunciar es esa sensación de “no pudimos ser ni nos permitieron estar” que se nos quedó en el estómago. De ser ciudadanos de segunda, ese sapo que no queríamos y nos tuvimos que tragar. La renuncia pasada se vuelve presente cuando mi hija me pregunta y no sé qué decirle. No puedo decirle la verdad, aún no.

Al resto, al entorno social, que sois los responsables de mi decisión pasada sí sé qué deciros: hacéis que mi hija renuncie a sus derechos, muchos os disfrazáis bajo una falsa tolerancia a la diversidad (incluso teniendo familiares con discapacidad) y permitís que no se avance en inclusión social por motivos personales o intereses económicos en nuestro país, mi país, España.

A vosotros os digo: la inclusión está en esa línea roja responsable de derechos humanos que no se debe soltar porque detrás vendrán otras que se suelten; ya transgredida la primera, parece menos grave transgredir otras. Así pasa con las primeras líneas que aparecen en las etapas vitales de los individuos, como es la educación, la punta del iceberg. Transgredida esta, no esperemos que las otras se respeten.

¿Es irresponsable defender los derechos humanos? Leo esta pregunta nuevamente y me asombro de que alguien pueda pensar así. Algunas voces tachan de irresponsables campañas a favor de la inclusión educativa, abanderadas por Down España o Plena Inclusión. Esa campaña recupera mi dignidad (no el derecho al que renuncié) y la de mi hija como persona en mi entorno social y me hace pensar que otros padres no tendrán que renunciar a lo que tuvimos que hacer nosotros, e incluso me hace sentirme esperanzada de que mi hija no tenga que cruzar esa línea roja en un futuro de no poder ejercer su derecho educativo, que es la punta de lanza de sus otros derechos vitales.

Porque la inclusión no está en un parque, está en el entorno social que se crea a partir del entorno educativo. Puedes creer que la inclusión social para tu familiar con discapacidad está en un parque, u otro espacio donde le permiten estar, hasta el momento en que ese derecho lo pierda, y luego, cuando vayas a reclamarlo, no lo busques, porque ya no estará. Renunciaste a él hace mucho tiempo, así que a ver qué le cuentas cuando te pregunte.