Opinion · Dominio público

El tic tac del cambio climático

Lara Contreras

Responsable de relaciones institucionales de Oxfam Intermón

La Cumbre del Clima de Naciones Unidas, la llamada COP25, que se celebra estos días en Madrid, está considerada como un encuentro de transición porque el momento relevante de nuevos compromisos será el año que viene, la COP26.

¿Pero, de verdad, podemos hablar de una Cumbre de transición y poco ambiciosa? Si pensamos que estamos en un momento de conformarnos con cualquier pequeño acuerdo o declaración es que no estamos oyendo el clamor de jóvenes, hombres y mujeres, madres y padres, millones de personas en todo el planeta. Todas estas personas están diciendo que hay una crisis, una emergencia que no puede esperar más. El tic tac del reloj del cambio climático no para, pero los gobiernos y líderes mundiales no lo escuchan. Parecen tener el sonido del reloj en silencio porque no reaccionan.

Los datos hablan por sí solos. Por dar algunos de ellos. Con el compromiso actual de reducción de emisiones, la temperatura de la tierra superará los 3º C y necesitamos que esta temperatura no rebase los 1,5º C. Desde 2008, los fenómenos meteorológicos producidos por el cambio climático son la primera causa de desplazamiento interno, desplazando a 20 millones de personas al año de media.

Hoy en día, es siete veces más probable que nos veamos obligados a desplazarnos por fenómenos climáticos que por terremotos o volcanes, y 3 veces más que por conflictos. De hecho, España es el tercer país de Europa con más población en riesgo de desplazarse debido al cambio climático. Y si las emisiones de CO2 siguen este ritmo, se estima que 140 millones de personas en África Subsahariana, Asia Meridional y América Latina se habrán visto obligadas a desplazarse para 2050.

Pero además, el impacto del cambio climático es injusto y tiene una relación directa con la desigualdad, ya que la población más vulnerable a las consecuencias del cambio climático no se encuentra proporcionalmente en los países que más emisiones producen, que son los países de renta alta. El grupo de países denominados por Naciones Unidas como países menos desarrollados, que incluye a los más pobres del planeta, sólo son responsables de un 0,8% de las emisiones totales. En el otro extremo, los países de renta alta, entre los que se encuentra España, emiten a la atmósfera 44 veces más CO2. Según la huella del consumo, un ciudadano medio español expulsa cada año a la atmósfera casi cuatro veces más que un ciudadano chino, 5,6 veces más que uno marroquí, 6,4 veces más que un guatemalteco y 16,5 veces más que una persona nigeriana.

Siete de los 10 países donde se corre más riesgo de desplazamiento interno a causa de fenómenos climáticos son Estados Insulares en Desarrollo, como Cuba, Dominica y Vanutu. Hasta un 5% de su población se desplaza al año por el cambio climático. Sin embargo, las emisiones de gases de estos pequeños estados suponen un tercio de las producidas por países de renta alta.

Pero, además, los países de renta alta sólo han comprometido el 10% de los 100.000 millones de dólares al año necesarios para que los países pobres inviertan en mitigación y adaptación al cambio climático. Parece que no somos conscientes de que el cambio climático nos afecta a todas las personas y que, por tanto, somos responsables de pararlo.

El reloj no va a parar, o nos arremangamos y reaccionamos o destrozamos nuestro planeta. El cambio climático está aquí ya, y no espera. Por eso, la COP25 debe incrementar la ambición y conseguir que los países se comprometan a reducir drásticamente sus emisiones, que inviertan en la adaptación y mitigación de los países más vulnerables, así como que les condonen o reduzcan su deuda y que creen un mecanismo de financiación de “pérdidas y daños” para que los países que sufren las consecuencias del cambio climático puedan recuperarse y así sus poblaciones no se vean obligadas a desplazarse.