Dominio público

La vacuna contra el proceso de fascistización: la izquierda organizada (I)

Sebastián Pérez Gallardo

Politólogo. Secretario de Organización Provincial de IU Córdoba

Los análisis realizados tras los resultados de las pasadas elecciones generales del 10 de noviembre deben ser útiles para las ciencias sociales, con el objetivo de que estos puedan descubrir las tendencias sociales, políticas y económicas que están latentes en nuestras sociedades. A su vez, muchos serán los análisis ante la acción política que desarrollará el recientemente conformado gobierno de coalición de izquierdas (PSOE-Unidas Podemos). Evidentemente, es algo que debe ser calificado como histórico ya que el último precedente se sitúa con el gobierno del Frente Popular durante la II República.

Tras la caída de la dictadura franquista, y hasta el día de hoy, no se había producido tal hecho, aunque hayan existido posibilidades parlamentarias, que el PSOE decidió desechar, a pesar de que la aritmética parlamentaria lo permitía y, a pesar, de que en comunidades autónomas, diputaciones provinciales y ayuntamientos, los gobiernos conformados por varias fuerzas políticas, a izquierda y derecha, son algo cotidiano.

Este hecho también se reproduce en numerosos estados europeos, como por ejemplo, y de forma reciente, en Finlandia, donde un acuerdo entre cinco organizaciones políticas (Partido Social Demócrata, Partido de Centro, Los Verdes, Alianza de Izquierdas y Partido Popular Sueco) todas ellas lideradas por mujeres, formarán parte del ejecutivo finlandés.

Este hecho se suma a otro relevante dato, y preocupante, que nos han proporcionado los resultados de las elecciones generales del 10N: el destacado aumento electoral del partido político Vox, alcanzando los 52 escaños y situándose como tercera fuerza política en el Congreso de los Diputados.

La extensión global, tanto en Europa como en América (Bolsonaro en Brasil, Trump en EEUU, el Frente Nacional y Le Pen en Francia, Salvini y la Liga en Italia, Ucrania, Bolivia, etc.) de líderes y fuerzas neofascistas y reaccionarias con su discurso y proyecto, en algunos casos ya instalados en el poder de sus respectivos gobiernos, ya sea de forma democrática o a través de golpes de estado en sus diversas variantes, hoy son una amenaza real y tangible, a la que España también ha sucumbido. Este hecho global, ya repetido en la historia y con terribles consecuencias para la humanidad, necesita ser diagnosticado y combatido, pero, lógicamente, señalado y denominado "proceso de fascistización".

Hemos de destacar que en el caso español, el surgimiento y la aparición de Vox no es un elemento "outsider", sino una creación en base a una escisión del partido político de la derecha española, el Partido Popular. Líderes, fuerzas y sectores de apoyo, militantes y propagandistas (incluso votantes), son parte de esa amalgama que convivía en el partido de la derecha española. Este responde al franquismo sociológico y político que ha sido, no solo el fundador de las derechas políticas del régimen del 78 tras la dictadura (Fraga, López Rodó, Licinio de la Fuente, Rodolfo Martín Villa, etc.), sino a la propia raíz ideológica y política de la derecha. Ciudadanos, y su débil intento de enmascararse, solo fue eso, un intento. La famosa fotografía de Colón, los numerosos pactos y gobiernos, sus decisiones y su acción política, así lo atestiguan. Hemos de tener en cuenta que España es una anomalía europea pues el golpe de estado de 1.936 contra la democracia republicana, la guerra y el genocidio franquista, tuvo como consecuencia final la victoria del fascismo español, con el imprescindible apoyo militar y económico del nazismo y el fascismo italiano, sobre las fuerzas democráticas, obreristas y de izquierdas, que, posteriormente, establecerían las bases para construir un país a imagen y semejanza de su doctrina fascista, el nacionalcatolicismo. La derecha española nunca ha roto con el franquismo, ni lo ha pretendido, ya que eso sería impugnar su propia génesis y existencia, su propia razón de ser.

El proceso de fascistización

Actualmente, ante el surgimiento y aumento del neofascismo, se recupera un viejo debate sobre la calificación, o no, del término fascista para definir los diferentes movimientos que resurgen. Es en estos momentos cuando se vuelve a recuperar una intención oculta, fijar características estrictas al fascismo y sus modalidades para que este no pueda ser calificado como tal, cuando lo que existe, y ha existido, es un fascismo con variantes pero que no alteran sus rasgos constitutivos ni su esencia. Estamos inmersos en un proceso de fascistización, ya que este no se fundamenta ni puede ser entendido solo en el crecimiento de una fuerza fascista como tal, sino en el proceso de expansión y extensión de la cultura política fascista y en su asimilación por parte de las fuerzas y sectores liberales, conservadores y derechistas y, por ende, su penetración, impregnación e influencia en la sociedad.

Más allá de la recuperación mediática y pública de cierta parafernalia protofascista, con modificaciones y operaciones de maquillaje con el objetivo de no establecer la misma imagen del originario fascismo, el proceso de fascistización se articula en unas condiciones determinadas, en unas estaciones periódicas y en unas decisiones concretas.

La evidencia de una crisis sistémica, en su naturaleza económica, social y política, el avance monopolístico y acumulador del gran capital (financiero, transnacionales, oligarcas, grupos económicos, etc.), la ofensiva política del mismo frente a una etapa defensiva del movimiento obrero tras sucesivas derrotas, la ruptura del vínculo representante-representado de la democracia liberal, que se refleja en la pérdida de apoyo electoral en los partidos clásicos del orden sistémico, son etapas propias de tal proceso y son parte de nuestra actual realidad particular, España, y global.

El sociólogo griego, Nicos Poulantzas, planteó la siguiente descripción de hechos: "Se trata de una etapa ofensiva de la burguesía, que tiene su contrapartida en la posición defensiva del movimiento popular a causa de sucesivas derrotas, sin las cuales la nueva hegemonía al interior del "bloque" no habría sido posible. En una situación de crisis política como esta y cuando el proletariado se encuentra "a la defensiva", la pequeña burguesía se presenta con una posición política común de clase, como una "fuerza social" atraída por un fascismo que representa aquellos componentes básicos de sus valores de orden, corporativismo, nacionalismo, estabilidad. El ascenso gradual del fascismo desplaza a las fracciones liberales, incapaces de contenerlo, y el resultado alcanzado incluso contemplando las vías constitucionales, es un Estado policial regido por el fascismo en el poder, que pone en marcha toda la reorganización burocrática al servicio de la concentración de capital, necesaria en la fase imperialista en curso, mientras la propaganda mantiene, identificándolos con la forma del nuevo Estado, los valores de familia, unión corporativa, eficiencia, orden y moderación (Poulantzas, 1971)."

El profesor brasileño Theotonio Dos Santos Junior en su obra "Socialismo o Fascismo: El nuevo carácter de la dependencia y el dilema latinoamericano" establece la siguiente aseveración: "La base social del fascismo es, sin embargo, la pequeña burguesía en crisis de proletarización. Solo cuando obtiene su apoyo y el de la clase media, gana el fascismo el status social y asegura su tránsito y su prestigio en la sociedad… Pero para que el movimiento fascista triunfe es indispensable el apoyo del gran capital (a veces del latifundio, como ocurre en Italia y España). Es el gran capital el que proporciona los medios económicos para su crecimiento y lo introduce en el área de poder. Para que esto ocurra, es preciso que la gran burguesía ya haya intentado anteriormente todas las soluciones y se vea asustada por la posibilidad de la "anarquía social", esto es, del movimiento de masas en aumento".

El fascismo, como estado de excepción y como máxima expresión de un capitalismo violento y en crisis, tuvo siempre como determinación la eliminación de las organizaciones sindicales y políticas de clase, como una característica que responde a la génesis de su creación. Esta característica antiobrerista, contrarrevolucionaria y contraria a la lucha de clases, es esencial en su propia concepción para lograr sus objetivos como proyecto ideológico y, así, impedir los avances democráticos, igualitaristas, redistributivos y emancipadores de la humanidad. El fascismo es conocedor de que su avance tiene como máximo adversario el movimiento obrero organizado y que su victoria depende de la derrota previa del mismo, como condición sine qua non.  Este hecho siempre se reprodujo en sus diversas variantes y de forma sistemática en las diversas y terribles experiencias fascistas que la humanidad ha sufrido.

La Italia fascista del Duce Mussolini comienza, previamente a alcanzar el poder como primer ministro, creando los camisas negras. Una organización paramilitar que tuvo como determinación la violencia, la persecución y los asesinatos de la militancia y de los trabajadores y trabajadoras vinculadas a las organizaciones obreras, políticas y sindicales. Los camisas negras fueron creadas como una organización paramilitar, para posteriormente, formar parte de la estructura militar del estado fascista en febrero de 1.923 pasando a denominarse, "Milizia Volontaria per la Sicurezza Nazionale" para, más tarde, convertirse en Fuerza armada del Estado. En 1925 el Partido Comunista Italiano es ilegalizado, pasando a la clandestinidad, para ser parte de la futura resistencia italiana, siendo los comunistas italianos la gran fuerza del movimiento. Como culmen de la determinación por la eliminación de las organizaciones obreras y su militancia, en 1927 se crea la OVRA (Organización de Vigilancia y Represión del Antifascismo). Un organismo dedicado a la persecución, a la tortura, a la represión y a la ejecución.

En el caso de la Alemania nazi, se actúa de forma similar a la Italia fascista, con la persecución, encarcelamiento y eliminación de los comunistas, socialdemócratas y sindicalistas, siendo estas las primeras víctimas del terror nazi. La creación de la organización paramilitar de las SA, que alcanzaría con Hitler ya en el poder los cuatro millones de miembros, fueron creadas para las labores de propaganda del partido nazi y para combatir el poder del movimiento obrero, los "judeo-bolcheviques", mediante la violencia y el terror.

El Incendio del Reichstag en febrero de 1.933 va a suponer la justificación para comenzar su política de eliminación de la oposición política, ilegalizando en primer término al Partido Comunista de Alemania. El Partido Comunista de Alemania era la mayor organización obrera, que se vertebraba con miles de militantes y que tenía funciones que iban desde grupos de autodefensa hasta ayuda asistencial. Mediante un decreto especial se detiene al líder comunista Ernst Thälmann (Sería asesinado en agosto de 1.944 en el campo de concentración de Buchenwald) y a miles de militantes y líderes comunistas. El primer campo de concentración fue creado el 22 de marzo de 1.933 en Dachau, dos meses después de que Hitler alcanzase la cancillería alemana. Sus primeros reclusos fueron los comunistas y los socialdemócratas.

El fascismo español. La eliminación sistematizada de los militantes y trabajadoras y trabajadores pertenecientes o favorables a las organizaciones sindicales y políticas obreristas se produjo desde el comienzo del golpe de estado, con detenciones y asesinatos de los dirigentes y militantes de izquierdas y obreros, durante la dictadura franquista y continuó hasta en el propio periodo de la posterior transición. Un genocidio, persecución y prohibición, con su entramado legal (Ley de responsabilidades políticas de 1939, Ley contra la masonería y el comunismo, etc.) que se deja sentir en las fosas comunes existentes a día de hoy, extendiéndose a lo largo y ancho de todo el país, y siendo, por desgracia, el mejor ejemplo de ese plan exterminador. Hechos que fueron acompañados de la incautación de las propiedades de las organizaciones obreras y de izquierdas (CNT, UGT, PNV, PSOE, etc.) y que a día de hoy las mismas no han visto recuperado su patrimonio en su totalidad.

Los casos italiano, alemán o español, son solo algunos ejemplos de la extensión exterminadora más original de los fascismos, pero que son extensibles al resto de casos (Argentina, Chile, Brasil, Francia, etc.).

Ya de forma reciente, y en pleno siglo XXI, hemos podido ver como, independientemente de las acciones realizadas por organizaciones genuinamente fascistas, antidemocráticas y antiobreristas (Hogar social, España 2000, etc.), el PP presentaba como propuesta la prohibición de las organizaciones comunistas y Vox la ilegalización de los partidos políticos marxistas, o como, se establecía una legislación represiva (Ley de seguridad ciudadana, "ley Mordaza".) En estos últimos años más de 200 sindicalistas y trabajadores/as han sido sancionados/procesados por ejercer el derecho constitucional de la huelga.

"Organícense, porque necesitaremos de todas nuestras fuerzas" (Antonio Gramsci)

La necesaria y trascendental labor que debe desarrollar el actual e histórico gobierno de coalición de izquierdas, para que mediante la toma de decisiones legislativas se puedan establecer las bases de un proyecto democratizador de España, no puede dejar en un segundo plano el principal cometido de la izquierda organizada. Ante el actual contexto de crisis sistémica, de agudización de sus contradicciones y de los riesgos posibles que supone el proceso de fascistización en el cual estamos inmersos, con su consecuente determinación en la eliminación de las organizaciones obreras y de clase, las mismas, sostenedoras de las bases de la democracia, tanto en la defensa de los históricos logros conquistados como en su propia génesis libertadora, deben modificar su actual posición, defensiva, para situarse en una posición de carácter ofensivo. El imperioso avance democrático y emancipador necesita de la creación, construcción, fortalecimiento y ampliación de las organizaciones obreristas y de clase, de la izquierda organizada, al igual que necesita de la coordinación y unidad de acción de las mismas como medio de relación para un proyecto común.

Una izquierda organizada que por sus profundas convicciones antifascistas, aprendidas en la lucha y en defensa de las libertades, es la única garantía para alejar, frenar y eliminar las ideas y proyectos fascistizantes, que se sabe conocedora de su profundo carácter transformador y emancipador y que desde sus orígenes y sus diversas trayectorias históricas, a través de sus diferentes organizaciones, tanto políticas como sindicales, han sido las protagonistas del progreso. Combatir el proyecto neoliberal en su acción y en la capacidad de influencia y difusión de los grandes medios de comunicación que construyen nuestra cosmovisión, propiedad de los poderes económicos y empresariales, necesita de la articulación e implantación de la izquierda organizada en el territorio, a través de su tejido social, los centros de trabajo, los barrios y municipios, etc. como una prioridad política y social que contribuya a situar a la clase trabajadora como sujeto y objetivo de un proyecto económico, social y político superador del capitalismo.