Dominio público

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni lo que bebía

Sofía Castañón

secretaria de Feminismos Interseccional y LGTBI de Podemos y portavoz adjunta de Unidas Podemos en el Congreso

Manifestación feminista frente al Ministerio de Justicia, en Madrid, el pasado noviembre. REUTERS
Manifestación feminista frente al Ministerio de Justicia, en Madrid, el pasado noviembre. REUTERS

Señoras diputadas del Partido Popular, me dirijo a ustedes desde un texto, no desde una tribuna. Desde donde he centrado mi activismo (la posibilidad de intervenir en mi entorno, en el espacio, a través de la escritura) y desde donde he pensado, antes que en ningún otro lugar, el feminismo. No quiero con ustedes una batalla terminológica. No quiero con ustedes una batalla en este tema, porque apelo a su ciudadanía y a su posibilidad de empatía. Apelo a la realidad que conocen y viven, cada una con sus circunstancias, y no a los lemas de partido.

Les pregunto sin doblez: ¿Cuántas veces han sentido miedo? No sólo por la calle, a veces no es así. Al fin y al cabo, de los datos oficiales que tenemos, tan sólo el 18% de las agresiones sexuales provienen de desconocidos. ¿Nunca han vivido una situación que al principio era natural y pasó a ser incómoda? ¿Nunca pasó a ser violenta, desagradable, profundamente injusta?

Les escribo a ustedes, en su adscripción al Partido Popular, porque hace un año votaron a favor de la ley de Sólo Sí Es Sí. Votaron a favor de una ley para proteger de manera integral nuestra libertad sexual y para erradicar las violencias sexuales. Sin fisuras, a favor. ¿Qué ha pasado en este tiempo? Si cabe, el anteproyecto que sin leer ahora algunas critican, tiene más trabajo de calado. ¿Qué hay más importante que defender la libertad de las mujeres, la ciudadanía de pleno derecho? Ustedes saben que esta ley protege y no ataca. Que garantiza, que educa, que va a la raíz. Recuerdo de hecho cómo en los meses de trabajo en torno al Pacto de Estado en materia de violencia de género, el consenso de que hacían falta políticas públicas que educaran, que formasen así como reconocer que la violencia machista va más allá del ámbito de pareja o expareja era un profundo consenso. Díganme que nada de eso ha cambiado.

Y sí, claro que las calles dicen "sola, borracha, quiero llegar a casa". Reconocer esto no es incitación al alcohol, es describir que hay situaciones de vulnerabilidad que lo son si eres mujer. Que la sociedad ha mirado cómo era nuestra ropa, a qué hora estábamos dónde, si habíamos bebido o consumido drogas. Y que todo eso se ha puesto sobre la mesa mientras decíamos "me han violado", "me agredieron en un portal", "me metieron en un coche y después de violarme y grabarlo con sus móviles bromearon con tirarme al río". Nada, absoluta y rotundamente nada, nunca, justifica una agresión. Y sin embargo, siglos de dolor y revictimización. De culpa, de daño, de herida. Por eso decimos que en la calle no quiero ser valiente sino libre. No quiero tener todas las alertas activadas para estar preparada para gritar, para correr, con las llaves en la mano, con el teléfono en la otra. ¿Cuánto tiempo hemos vivido asumiendo como normal que entre nosotras nos avisemos cuando llegamos a casa? ¿No es cierto? ¿Y no es cierto que ya estamos, estáis, hartas?

La ley de sólo sí es sí es un avance en los derechos de las mujeres. De todas. Es para todas, piensen como piensen, porque protege la libertad, y porque no se dedica sólo a cambiar el código penal, eso es para cuando se ha producido el daño. Es para sensibilizar, para cambiar nuestra concepción, para colocar el consentimiento (no la resistencia, no la oposición activa, sino el consentimiento) en el centro.

Estamos en desacuerdo en muchas, muchísimas cosas. Sería tan hipócrita por mi parte negarlo. Y es correcto, porque esto es democracia. Una democracia en la que están hasta quienes no respetan su esencia ni respetan los Derechos Humanos. Tienen la oportunidad, diputadas del Partido Popular, de no caer en esa ruptura de consenso democrático. Tienen la oportunidad de reconocer que sí, que el feminismo es el responsable de que hoy puedan ser diputadas, porque fue abriendo paso gracias a las pioneras para que hoy podamos ejercer la representación pública, para que podamos hacer política. Nos debemos, todas, a ese avance de derechos. Y eso persigue la ley de libertad sexual.

No es un arma arrojadiza, es una legítima y necesaria ley, que lleva décadas reivindicándose, y que nos aterriza de una vez en el siglo XXI.