Dominio público

La pandemia del coronavirus y la necesidad de una renta básica

enta básica universal ('Universal Basic Income', o UBI), escrito en una mesa en el Foro de Davos de 2018. REUTERS/Denis Balibouse
Renta básica universal ('Universal Basic Income', o UBI), escrito en una mesa en el Foro de Davos de 2018. REUTERS/Denis Balibouse

La pandemia del coronavirus está causando auténticos estragos entre gran parte de la población no rica. Muchos países, la mayoría europeos, han decretado medidas extraordinarias. Incluso cierre de fronteras. Pocos precedentes pueden encontrarse si algunos. Quizás lo que más se asemeje es el caso de la llamada "gripe española" que en realidad se inició en Fort Riley (Arkansas) durante la I Guerra Mundial y afectó a un tercio de la población mundial con índices de mortalidad, según las zonas, del 10 y del 20%. A finales de 1920, cuando ya se acabó la pandemia, habían muerto más de 40 millones de personas. El coronavirus puede estar activo hasta principios de verano, es decir más de tres meses aún.

Según la fuente, se auguran caídas de 2 y hasta 3% del PIB mundial a causa de la situación económica previa a la pandemia y el agravamiento que la misma está suponiendo. Cuando la mayor parte de la población no rica aún no había conseguido niveles de existencia material de antes de la crisis de 2008, una nueva crisis golpeará a esta población.

Por supuesto que los muy ricos perderán, están perdiendo ya, mucho dinero por la caída en picado de las bolsas. Por supuesto que también tendrán pérdidas por la caída del valor de muchas de sus acciones y del cierre de fábricas. Por supuesto. Pero los millones de personas que se han quedado o van a quedarse sin trabajo, sea de forma provisional o a más largo plazo, no solamente tendrán "pérdidas", sufrirán también una degradación muy grande de sus condiciones materiales de existencia. Muchas patronales del mundo no han dejado de aprovechar la ocasión para reivindicar que los impuestos sean recortados y que se facilite el despido. No es de extrañar que se haya comparado su actitud con los buitres que sobrevuelan los animales heridos esperando que caigan para que les sirvan de alimento.

En la crisis desatada en el 2008 en la Unión europea se impusieron políticas austericidas que golpearon a estados enteros, como Grecia, y a toda la población no rica. Ahora, con el inicio de la pandemia, parece que no quieren aplicarse las mismas medidas de austeridad que tan nefastos resultados produjeron. Distintas medidas económicas y sociales se han propuestos con el inicio de la pandemia que se ha desencadenado justo en unos momentos en los que ya la situación económica mostraba extremas debilidades y anunciaba una recesión. Pero una destaca por la contundencia en que se ha extendido entre activistas de movimientos sociales y algunos medios de izquierda: la propuesta de una renta básica, una asignación monetaria incondicional a toda la población.

En muchos Estados se ha impuesto el confinamiento de la gente en sus domicilios con excepciones muy concretas para comprar en los supermercados, en las farmacias y poco más. Pero esta situación que para muchísima gente significará la pérdida de sus puestos de trabajo, comportará una angustia económica inmensa. Es cuando cobra todo el sentido del mundo el muy conocido y a la vez muy poco asumido por los gobiernos objetivo de "salvar a las personas". Y aquí entra con toda razón la propuesta de la renta básica.

No se trata de una caridad, ni de una "ayuda", ni de una solución "second best", ni de un substitutivo a la espera de una situación mejor. Se trata de un derecho humano, se trata de un derecho al que todos los demás están subordinados: el derecho a la existencia. Quien no lo tiene garantizado no es libre porque depende de otros para existir socialmente. No se trata de un subsidio condicionado que hay que suplicar o mostrar al burócrata que se tiene derecho a él. La lógica de los subsidios condicionados no es otra que la ayuda ex-post a quienes han "fracasado", después de haber caído. Han "fracasado" debido a la permanencia en el desempleo durante cierto tiempo, o porque incluso disponiendo de empleo se está comprendido en este 15% de trabajadores asalariados europeos que son pobres, los working poor, o por alguna otra razón. Innecesario es añadir que es mejor una situación con subsidios condicionados ex-post que sin ellos a cambio de nada, claro. Pero atiéndase a esta importante realidad: cuando se cae, se "fracasa", los subsidios condicionados se ofrecen como tabla de salvación (tabla de salvación que tan solo llega a una parte muy pequeña de la población que realmente la necesita: esta es otra cuestión de la ineficiencia, la insuficiencia y la pobreza de los subsidios dedicados supuestamente a combatir la pobreza). Cuando se cae se debe actuar "como sumisos suplicantes." Suplicantes de un subsidio condicionado. Y con el coronavirus, esta dependencia se torna más cruel para cada vez más personas. La renta básica de al menos una cantidad igual al umbral de la pobreza en cada país, garantizaría la existencia material de toda la población, no como una "ayuda", no como una caridad, sino como un derecho humano a la existencia social. Y con la situación creada por la pandemia, su necesidad es más urgente aún.

Una propuesta para que toda la ciudadanía tuviera la republicana existencia material garantizada hasta que durara la situación de emergencia: una renta básica de 1.000 euros mensuales para toda la población hasta final de año, por ejemplo. ¡Hasta final de año! No es pedir grandes cosas. Esto es menos dinero que lo que sirvió para rescatar a la banca española. Por supuesto que la renta básica, que algunos la han rebautizado como "renta de cuarentena", debería ir acompañada de más medidas, esto se da por supuesto. Pero aquí sólo queremos apuntar la necesidad urgente de una renta básica. ¿Cuál es el problema? ¿No estamos en una situación de emergencia?

Para los que les preocupa que la reciban también los más ricos: en la declaración anual del IRPF, todas aquellas personas que tuvieran unos ingresos brutos superiores a 25, 35, 40.000 euros brutos, se les podría volver a descontar. Para los que se siguen molestando porque reciban la renta básica también los más ricos, es tan grande su inquietud por este motivo que les sirve de motivación para defender que no la reciba nadie. O como mucho que reciban los pobres los subsidios condicionados para pobres (aunque solo un 8% de la población pobre los recibe, no importa: a repetir lo que se conoce aunque sea una fracaso empírica y repetidamente mostrado). Bonito razonamiento, por decir algo.

Los gobiernos y algunos economistas que no conciben como posible lo que no conocen y repiten como loros lo que conocen aunque su resultado malo ya sea conocido, se preguntan por el "coste" de una medida así. No se trata ahora de mostrar, ya hay estudios detallados, de cómo se podría financiar una renta básica, sino de defender que el "coste" de la existencia material de toda la población es prioritario a todo lo demás.

Y, por cierto, ¿cuál es el "coste" social de no implantar la renta básica?