Opinion · Dominio público

Glotonería o democracia

 

SAID EL KADOUI

En su reciente visita a Barcelona, el ministro de Estado de Marruecos, Mohamed el Yazghi, dijo que los marroquíes ya habían conseguido lo que los manifestantes de otros países árabes están reclamando ahora.
Unas semanas antes, cuando aún no se había resuelto la expulsión del poder de Hosni Mubarak en Egipto, la ministra de Exteriores de España, Trinidad Jiménez, dijo que en Marruecos ya se habían hecho las reformas necesarias para evitar la revuelta.
Que no están en lo cierto no sólo lo demuestran las manifestaciones habidas en Marruecos el día 20 de febrero, sino la misma reforma constitucional que acaba de anunciar el rey Mohamed VI.
Esta ola de cambio que se está produciendo en los países árabes, y que supone una inyección de dignidad a todos los que nos sentimos representados por ella, nos ofrece una gran lección: nadie más que los propios ciudadanos de los países afectados puede generar un cambio real.
Varios amigos me hicieron llegar el vídeo que circulaba por la red donde 14 personas (todas ellas jóvenes, exceptuando una mujer de mediana edad) exponían los motivos por los que participarían en la manifestación que se iba a producir en Marruecos el 20 de febrero. Los voy a enumerar todos porque me parecen una buena síntesis de las carencias de Marruecos. “Para vivir en un país sin hogra –humillación– ni discriminación”. “Para que todos los marroquíes tengamos los mismos derechos”. “ Para que en nuestro país se pueda trabajar sin tener que pagar sobornos”. “Para pedir que el país ofrezca educación a todo el mundo y no solamente a los que tienen dinero”. “Para que los enfermos sean atendidos gratuitamente”. “Para que mi lengua, amazig, se enseñe en los colegios y tenga el mismo rango que el árabe”. “Para pedir que se respeten los derechos de los trabajadores y que se acabe con la explotación”. “Porque quiero libertad y esperanza en mi país”. “Para que la gente no se vea obligada a vivir en chabolas”. “Para que la Policía no nos siga humillando”. “Para luchar contra los malhechores de mi país”. “Para juzgar a los ladrones que han desvalijado a mi país”. “Para pedir una Constitución popular y democrática”. “Porque la vida es muy cara”.
Este vídeo tiene el acierto de enumerar prácticamente todas las demandas que deben ser exigidas a un país que se jacta de haber hecho las reformas que los demás están pidiendo ahora. Sus jóvenes no creen estar viviendo en un país democrático, libre, con las mismas oportunidades para todos y con una educación y una sanidad propias de una democracia. También creen estar siendo robados y humillados por aquellos que les deberían de proteger. Hecho que, por otra parte, confirman los cables de Wikileaks que ya nos hablaban de una institucionalización de las prácticas corruptas y, en palabras del exembajador de EEUU, de una glotonería vergonzosa de algunos allegados del rey. Por lo tanto, Marruecos, lejos de ser ejemplo para el resto de los países árabes, debe mirarse al espejo y hacer las reformas que sus ciudadanos le piden.
Esta vez parece que la respuesta no se ha hecho esperar. El día 9 de marzo, el rey Mohamed VI pronunció un discurso que, aunque se haya enmarcado en la puesta en marcha del proyecto de regionalización del país, responde a esta ola de cambio. En él promete reformar la Constitución y señala siete ejes sobre los que debe de pivotar esta reforma. Primero: la consagración constitucional del carácter plural de la identidad marroquí, donde la lengua amazig ocupe un lugar central. Segundo: consolidar el Estado de derecho y de las instituciones y afianzar el sistema de los derechos humanos en todas sus dimensiones. Tercero: hacer de la Justicia un poder independiente. Cuarto: el Gobierno ha de ser elegido por la voluntad popular expresada en las urnas y surgido de unas elecciones libres e imparciales. Quinto: reforzar el papel de la sociedad civil y de los partidos políticos. Sexto: reforzar los mecanismos de control y rendimiento de cuentas de la vida pública. Y séptimo: constitucionalizar los instrumentos de buena gobernanza y de los derechos humanos, además de proteger las libertades.
La música de esta reforma suena bien. Aparentemente responde a una parte importante de la reivindicación popular: reduce el poder del rey, garantiza una Justicia independiente, unas elecciones libres, limpias e imparciales, las libertades individuales y colectivas y respeta los derechos humanos. ¿Es creíble? Tendremos que estar atentos a la letra, la nueva Constitución, que debe estar redactada en el mes de junio.
Lo que es indudable es que los marroquíes, animados por esta maravillosa reivindicación de la democracia que se está produciendo en muchos países árabes, también están pidiendo un cambio radical de paradigma. Dejar de ser súbditos y ser ciudadanos de pleno derecho. Y todo ello, ahora.
Si las movilizaciones han logrado echar del poder a Ben Alí en Túnez, a Mubarak en Egipto y están poniendo en grandes aprietos a Gadafi en Libia, ¿por qué no van a conseguir la instauración de una monarquía parlamentaria en Marruecos tal y como pide la mayoría de marroquíes?
Parece que este anuncio del rey no va a detener las movilizaciones y sigue convocada la manifestación para el 20 de marzo. Celebro que la gente haya perdido el miedo y siga protestando hasta cerciorarse de que, esta vez sí, va en serio.
Marruecos no es Libia, pero, hasta que se demuestre lo contrario, está a años luz de ser una democracia.

Saïd El Kadaoui es psicólogo y escritor

Ilustración de Javier Olivares