Dominio público

No podemos esperar

José Maria Vera

Director ejecutivo interino de Oxfam Internacional

Las manos recién lavadas de unos estudiantes de una escuela primaria en Zambia, en un área afectada por un brote de cólera en 2018. OXFAM/Georgina Goodwin
Las manos recién lavadas de unos estudiantes de una escuela primaria en Zambia, en un área afectada por un brote de cólera en 2018. OXFAM/Georgina Goodwin

Más de cuarenta millones de personas podrían morir en todo el mundo por coronavirus a menos que haya una intervención urgente, según el Imperial College London. Podríamos presenciar el mayor desastre humanitario del planeta desde la Segunda Guerra Mundial.

Es difícil hablar del mundo en estos tiempos en las que todas y todos sentimos tan íntimamente el doloroso impacto del coronavirus. Todas estamos amenazadas. Aquí en Madrid estamos en la tercera semana de encierro, en el que sólo destaca, si es que algo destaca en estos momentos de zozobra, el momento en el que, desde nuestras ventanas y balcones, aplaudimos cada tarde a nuestras trabajadoras y trabajadores sanitarios. Junto a cooperantes, cuidadoras y amigas preocupadas, ellas y ellos sostienen un ecosistema cuyo equilibrio se quiebra dolorosamente en estos días.

Pero debemos hablar del resto del mundo. Todas las personas necesitamos ayuda mutua en este momento. Está más claro que nunca que nadie estará a salvo hasta que todos estemos a salvo. Como dijo la ex presidenta Ellen Johnson Sirleaf, que venció al ébola en Liberia: "El coronavirus es una amenaza para todos en cualquier parte del mundo".

Actualmente, los países ricos son el epicentro de este virus mortal. Mi pareja, enfermera, me cuenta las historias desgarradoras que los números no pueden contar. Historias de doctoras obligadas a elegir a quién dejar morir y a quién salvan. Algunos de nuestros ancianos han sido encontrados abandonados y muertos en sus camas. Esto ocurre en un país en el que tenemos un médico por cada 250 personas.

Ahora pensemos un país como Zambia, que tiene un médico para 10,000 personas. En Mali hay tres respiradores por cada millón de personas. El coronavirus, sí, nos amenaza a todos, y se aprovecha de las colosales grietas que dividen nuestro mundo. Y como resultado nos hace a todos menos seguros.

Podemos vencer esta pandemia y evitar la pérdida catastrófica de vidas si la enfrentamos en todos los países. Los gobiernos deben saber que no hay otra opción en este momento.

Eso significa evitar que el coronavirus se aproveche de la desigualdad entre naciones ricas y pobres. Los países pobres con sistemas de salud débiles se están ahogando en deudas, mientras que las naciones ricas están demostrando que pueden desbloquear billones para construir nuevos hospitales y mantener vivas sus economías.

Significa evitar que este virus explote la desigualdad entre personas ricas y pobres en el interior de todos los países. Mientras que las personas más ricas de cada país se hacen test y reciben tratamientos y tienen asistencia médica y dinero, la mayoría de la humanidad enfrenta esta crisis sin nada de esto.

Y significa también evitar que esta crisis agudice la existente desigualdad entre mujeres y hombres. Las mujeres representan el 70 por ciento del personal sanitario y realizan la mayor parte del trabajo de cuidados de forma gratuita, es decir, mantienen a nuestras familias y a nuestras comunidades más que nunca.

¿Hay un ejemplo más aterrador de cómo el coronavirus explota la desigualdad que lo que ocurre a las personas en zonas de conflicto y campos de refugiados? Hay campos en los que una persona refugiada comparte un médico con otras 25.000. El hecho de que el virus esté a punto de irrumpir en esos campos, donde el distanciamiento social a menudo es imposible y el agua limpia a menudo no está disponible, debe alarmarnos a todos.

Ha llegado el momento de poner en marcha un plan masivo y ambicioso para superar esta crisis, a una escala que nunca antes habíamos visto en nuestras vidas. No podemos esperar. Cada gobierno, institución y persona debe desempeñar su papel. Y los más ricos y poderosos entre nosotros deben asumir el mayor coste, al tiempo que todos cumplimos nuestro papel para, juntos como humanidad, vencer a este virus mortal.

Los líderes de los gobiernos más ricos del mundo, el G20, se comprometieron la semana pasada a "hacer lo que sea necesario". Es una buena noticia. La rueda de la cooperación mundial está girando, pero para la escala de la emergencia que enfrentamos, no es suficiente. No es suficientemente bueno, ni suficientemente concreto. Necesitamos mucho más que estos "ejercicios de calentamiento".

Oxfam está pidiendo un paquete de casi 160.000 millones de dólares para evitar la pérdida de millones de vidas. Esto permitiría duplicar el gasto en salud de los 85 países más pobres del mundo, donde viven 3.700 millones de personas.

Hacemos un llamamiento a la cancelación inmediata de la deuda de los países pobres, y a un incremento exponencial de la ayuda para esos países. Creemos que un plan mundial de salud pública y respuesta de urgencia puede ayudar a evitar que el coronavirus mate a millones de personas.

Esto supone más de diez millones de nuevos trabajadores de salud remunerados y protegidos, y apoyo a los trabajadores humanitarios locales en las comunidades que ya están respondiendo.

Significa atención médica gratuita en todas partes. Pruebas y tratamientos gratuitos para todas las personas.

Significa una gran inversión en prevención, desde mejorar la promoción de la salud pública hasta garantizar el acceso de los trabajadores humanitarios a donde son necesarios. Necesitamos dar a las personas las instalaciones básicas para lavarse las manos.

Significa que los gobiernos deben poder requisar todas las instalaciones de salud privadas para hacer frente a este virus y otras necesidades esenciales de salud, como ha hecho España.

Y significa obtener un acuerdo mundial para que las vacunas y los tratamientos, cuando estén listos, estén rápidamente disponibles para todas las personas, de forma gratuita. Esta crisis sanitaria no puede servir para que las grandes compañías farmacéuticas y otras grandes empresas se aprovechen para obtener ganancias.

160.000 millones de dólares parece mucho. Pero es totalmente posible. Es menos del 10% del estímulo fiscal de EEUU para combatir el coronavirus. Pero es mucho más de lo que los donantes gubernamentales han comprometido por ahora.

Solo una acción política poderosa y palpable de nuestros gobiernos, unidos, funcionará en este momento. No puede haber medias tintas ni excusas. Cada vida importa por igual y salvarlos es algo que no puede esperar.