Dominio público

Nabos que hablan

Sonia Vivas

Policía en excedencia y activista feminista

Entrada precintada de la vivienda donde una mujer de 78 años, E.G.P., fue presuntamente asesinada por su marido, J.P.A.de 62 años, en Las Palmas de Gran Canaria. EFE/ Elvira Urquijo A.
Entrada precintada de la vivienda donde una mujer de 78 años, E.G.P., fue presuntamente asesinada por su marido, J.P.A.de 62 años, en Las Palmas de Gran Canaria. EFE/ Elvira Urquijo A.

En este mundo nuestro de estructura patriarcal, todos los asuntos que atañen a las mujeres han sido decididos y gestionados por señores que creen saber todo sobre cuánto nos pasa.

Y por esa sabiduría de la que se sienten poseedores y de la que alardean constantemente han sido bautizados como "señoros", para no tener que utilizar, al referirnos a ellos, otros apelativos menos agradables a la par que merecidos y poco elegantes.

El mundo debería darles las gracias por su enorme lucidez para dirimir sobre lo que nos atañe y sucede a las mujeres. Prueba de ello es la manera empática y justa con la que redactaron, un día, nuestro Código Penal. Me refiero concretamente al articulado que versa sobre los delitos contra la libertad sexual, dónde hicieron una diferenciación, vergonzante, entre abuso y violación que bien podría haber sido redactada por el mismísimo Bill Cosby.

Para quien no lo sepa, nuestro Código Penal decide que, si te drogan y te penetran después por todos los orificios de tu cuerpo, no es una violación sino un abuso ya que no hubo que ejercer violencia sobre ti porque estabas dormida y/o somnolienta.

Es decir que, gracias a estos nabos pensantes, tocarte una teta al descuido o drogarte a conciencia para violarte después por todos tus agujeros, viene a ser casi la misma cosa.

Pero como todo en esta vida llega a su fin, ha hecho falta un Ministerio de Igualdad feminista llevado adelante por mujeres, para acabar con esta aberración histórica, no sin tener que dejarse todas ellas a diario la piel y ser tildadas de todo menos de sensatas por nabos que juzgan, nabos que legislan, nabos que tienen voz, nabos que hablan.

Pero los señoros no cesan en su empeño de hablar de todo aquello que desconocen como si supieran perfectamente a lo que se refieren, porque los señoros tienen siempre que saberlo todo. Tal es así que cuando algún transeúnte les pregunta por la ubicación de una calle, en lugar de admitir que no tienen ni idea y que no la han oído ni nombrar en su vida, contestan siempre con decisión enviándoles a hacer puñetas. Porque todo antes de admitir que no se sabe algo.

El otro día una ola de indignación nos asaltó de repente a las mujeres en general y a las feministas en concreto, al escuchar al director adjunto operativo de la Policía Nacional, el comisario José Ángel González, decir en rueda de prensa por el covid-19 que las agresiones machistas se habían reducido en un 40% desde que se pusieron en marcha las medidas de confinamiento.

Su homólogo, el jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, el general José Manuel Santiago, apoyó las mismas apreciaciones de su colega. Los dos con aplomo y satisfacción como no podía ser de otra manera.

Obviaron ambos que durante el estado de alarma no han cesado los asesinatos contra nosotras, ya que han sido tres las ejecutadas, una en León, otra en Castellón y la última esta semana pasada en las Palmas de Gran Canaria.

Añadir que las llamadas al 016 han aumentado un 18%, lo que significa que las mujeres tienen más dudas sobre la interposición de la denuncia contra sus maltratadores y deciden informarse más acerca de la situación a la que se enfrentan. Esto es debido al contexto general de incertidumbre, la clara limitación de movimientos y la crisis económica que agravará sin duda los efectos negativos de la pandemia.

En definitiva, lo que han bajado en un cuarenta por ciento son las denuncias de violencia de género que interponen las víctimas, lo que nos lleva a entender haciendo un análisis para tontos, que no es que hayan bajado el número de casos, sino que ahora la violencia contra nosotras está más escondida. Lo que equivale a una vuelta atrás en la lucha por la igualdad y la no violencia.

Pero los señoros, incapaces de aceptar que desconocen la ubicación de una avenida o una calle, nos envían a todas hacia la plaza de la mentira para colgarse medallas de sufrimiento y sangre.

Y es que quizás en sus atolondradas cabezas incapaces de entender lo que significa ser mujer y vivir en una sociedad que te niega la igualdad intrínseca que te corresponde por naturaleza, pensaron por un momento que la manera de erradicar la violencia contra nosotras pasaba porque saliéramos menos.

Ya es la segunda vez que el equipo del ministro Marlaska ha anunciado que la violencia de género ha disminuido en un 40% desde la declaración del estado de alarma, haciendo una interpretación machista y sesgada de los datos y negándole a la población un análisis real de algo que nos preocupa al conjunto de la sociedad.

Los agresores durante el confinamiento tienen más poder sobre su víctima y la controlan y maltratan las veinticuatro horas del día. Convirtiéndose el encierro en un auténtico calvario para muchas mujeres.

Las cifras de asesinatos y denuncias en los meses estivales avalan esta reflexión, ya que este mismo verano los colectivos feministas dieron voz de una "alerta violeta".

Dicha activación se debió a la gran cantidad de casos registrados, siendo estos los peores de la última década, con una mujer asesinada cada dos días y un aumento del cincuenta por ciento en julio y agosto de las denuncias por agresiones sexuales. Recordar que hubo feminicidios dobles y triples como el feminicidio de Sandra, el 16 de septiembre en Valga (Pontevedra), donde el asesino acabó también con la vida de su madre, María Elena, y de su hermana, Alba, que se encontraban con ella en el lugar de los hechos e intentaron socorrerla.

Por ser un verano de barbarie machista, fue catalogado como "verano negro" por los movimientos de mujeres y se llevaron a cabo grandes movilizaciones de repulsa a la violencia que sufrimos. Se sumaron a la reivindicación infinidad de comunidades autónomas y ayuntamientos, los sindicatos mayoritarios UGT y CCOO y otras ciudades del mundo como París, Buenos Aires y Bogotá.

Pero el equipo de Marlaska se tira a la piscina a dar datos y hacer valoraciones al tuntún sobre temas que no solo desconocen, sino que a todas luces carecen de interés para ellos, atribuyéndose roles y competencias del Ministerio de Igualdad que es quien debe explicar los datos que atañen al fenómeno de la violencia machista.

Ministerio que desde el inicio de la pandemia mostró una gran preocupación por la situación de las víctimas y se volcó por completo en seguir luchando, activando numerosos protocolos e iniciando campañas para evitar que la alerta sanitaria y el estado de alarma amparasen la violencia contra nosotras y la devolvieran, como está pasando, al interior de los hogares.

Decir que la violencia contra nosotras ha disminuido es irresponsable y deja entrever que los nabos parlantes tienen que decir la suya para que no se note que ante determinados temas son torpes, poco útiles e ignorantes.