Dominio público

La III República empieza en tu cama, hermana

Andrea Momoitio

Periodista remasterizada y coordinadora de @pikaramagazine

Las piernas, tensas. Levantan las caderas de la cama, se agarran la cabeza con fuerza, se tiran del pelo, se aprietan una contra la otra, se alejan, se acercan, jadean, se aferran, se sueltan, se dejan, se empujan, tiemblan. Una vibración, un líquido caliente, denso, fuerte, que se tragan antes de penetrarse con firmeza. Atrapan el orgasmo con las manos y, fuera, suenan unos aplausos.

–¿Ya son las ocho?

–No sé, pero, joder, me has reventado el coño.

–Ai, perdona, perdona.

–Tranquila, que me ha encantado.

Las sábanas huelen a sexo y sus cuerpos, todavía pegajosos, respiran con dificultad. Se han besado con inocencia y perversión, en la misma medida, como si estuvieran rozándose el alma y como si quisieran desgarrarse. Poco a poco, con cuidado, con mimo, como si trataran de curarse las grietas del frío con la saliva y luego, con ritmo, como cuando bailan para no hablar.

Repiten el ritual una y otra vez; una y otra vez. Fuera, otra vez, los aplausos.

–¿Qué pasará? Qué raro.

–No sé, pero no te vayas.

Vuelven a retorcerse una contra la otra. Más orgasmos entre las manos y, fuera, los aplausos no cesan. Han perdido la noción de tiempo. Algo habrá pasado, pero qué más da. Todo lo que necesitan ahora cabe debajo de esas sábanas, manchadas, sudadas, viejas, llenas de bolas. Esa es su única bandera.

Se repite la escena.

–¿Me traes un vaso de agua?

–Claro.

Abre el grifo y aprovecha para lavarse las manos. Tiene las uñas llenas de sangre. Antes de volver a la cama, se asoma al balcón. Un gesto de sorpresa.

–No sé qué pasa, pero está todo lleno de banderas republicanas.

–¿Te imaginas que han proclamado la República? Y tú y yo aquí.

–Calla, anda, ven.

Más de lo mismo.

–¿Qué habrá pasado?

–No sé, pero la III República no va a llegar ningún 14 de abril. Será el 15 o el 26, yo qué sé. –¿Cuál será el hashtag?

–Algo así como #ALaMierda y, por fin, la coprofagia tendrá cierta visibilidad. Hemos tragado demasiada mierda ya.

Risas y más sexo.

–¿Cuál será el himno?

–Agapimú.

–¿Y la bandera?

–La del Pueblo Gitano

–¿Sólo una República?

–No, no. Habrá tantas como pueblos accedan a su derecho a la autodeterminación.

–República catalana, sí, pero también República de Ortuella, de Albacete.

–¿Aranceles?

–Qué va.

–¿Guarderías?

–En cada centro de trabajo.

–¿Spotify será gratis?

–Bueno, se pagará con los impuestos, como la Sanidad y la Educación. Los músicos y las músicas, funcionarias.

–¿Y con Felipe VI?

–No quedará ningún Felipe, ni de rey ni de saliva, porque llevaremos todas mascarilla. Las venderán en Women Secret a juego con los ligueros. Para el Sonorama, los hipsters se pondrán EPIs de naranjas, piñas, kiwis y otras frutas divertidas. De H&M, claro.

–Me pido el de piñas. ¿Trabajaremos?

–Sólo cuatro horitas al día y cobraremos lo mismo que ahora.

–¿Para qué necesitas tú dinero? Te lo hago todo gratis.

La algarabía de las calles es cada vez más evidente y sus jadeos pasan a un segundo plano.

–Tía, voy a poner la radio. Algo está pasando.

Última hora. Varios cientos de municipios izan la bandera Republicana en los balcones de sus Ayuntamientos. El Gobierno central todavía no ha hecho declaraciones. Se espera la comparecencia del Ministro de Interior en los próximos minutos. El perfil de la Casa Real en Twitter ha desaparecido, pero todavía no hay noticias de Zarzuela. Las y los periodistas se agolpan a las puertas del palacio de la Moncloa mientras miles de ciudadanos y ciudadanas toman las calles del Estado español para mostrar su apoyo al alzamiento republicano no violento.

–Hostia. Parece un relato distópico. Será una coña, ¿no?

–¿Bajamos?

En la calle, todo sigue en su sitio, pero nada parece estar en el mismo lugar. En los balcones, las banderas de la vieja República lucen impolutas. Llevan más de 80 años guardadas en el cajón aunque, probablemente, casi todas las que se ven ahora estén compradas por Amazon. Las viejas revoluciones encajan mal con el nuevo mundo. Historia viva de esa España de coprofagia. Ellas se miran, sorprendidas y expectantes. El ruido de sus besos se disimula entre los cánticos. Un hombre sale al balcón y grita:

–Ei, ¿queréis subir y hacemos un trío?

Menudo imbécil.

Ninguna revuelta revolverá el mundo como lo revuelve nuestra forma de amar.

La III República empieza en tu cama, hermana.