Dominio público

Recordando a todas las víctimas laborales, en tiempos de pandemia

Joaquín Nieto

Director de la Oficina de la OIT para España

Un trabajador protegido con mascarilla y mascara en un obra en Bilbao. EFE/LUIS TEJIDO
Un trabajador protegido con mascarilla y mascara en un obra en Bilbao. EFE/LUIS TEJIDO

Esta tarde como todas las tardes saldremos a nuestras ventanas y balcones a dar un largo y merecido aplauso a las personas profesionales de la salud que nos cuidan de la pandemia. Y mientras aplaudimos estaremos también rindiendo un sentido homenaje a las decenas de profesionales que han fallecido porque se contagiaron mientras nos cuidaban.

Hoy 28 de Abril, Día Mundial de la Salud y Seguridad en el Trabajo, por eso hoy es un día también para recordar a quienes a lo largo del último año salieron de su casa a ganarse la vida trabajando, pero no regresaron porque sufrieron un accidente laboral, o que contrajeron una enfermedad en el trabajo que acabó con su vida.

Dos millones ochocientas mil trabajadoras y trabajadores mueren cada año a causa de los accidentes y enfermedades laborales, causadas por las malas condiciones de trabajo.

Se trata también de una pandemia letal, aunque de otro tipo, que ya ha causado la muerte a unos 15 millones de personas entre 2010 y 2020, que día tras día acaba con la vida de 7.200 trabajadores diarios, y que, año tras año, suma millones de muertes sin que vaya remitiendo. Al contrario, las víctimas mortales anuales siguen aumentando: en 2013 las muertes eran 2,34 millones, que pasaron a ser 2,78 millones en 2017. Los dos mayores accidentes laborales de la historia han sucedido en la última década: el de Rana Plaza, en Dacca, Bangladesh, en 2013, en el que fallecieron 1.130 costureras al derrumbarse el edificio en el que trabajaban; y el desastre de Brumadinho, en Minas Gerais, Brasil, en el que unos trecientos mineros –todavía no se sabe con certeza cuantos– fallecieron enterrados tras la ruptura de la balsa de residuos tóxicos que acompaña ese tipo de explotaciones. Lo que hace más inhumana esta tragedia humanitaria y socialmente más  inaceptables estas muertes es que son evitables.

Por eso, en estos tiempos de pandemia, el homenaje a todas las víctimas laborales, se debería convertir también en un compromiso. Un compromiso para mejorar las condiciones de trabajo. Un compromiso en favor de la salud laboral y la prevención de riesgos laborales, empezando por la protección de todas las personas que hoy velan por nuestra salud y nuestro cuidado, o de aquellas que están trabajando en servicios esenciales, o en las actividades no sujetas a confinamiento. Un compromiso para que el trabajo sea un trabajo decente, es decir un trabajo saludable.