Dominio público

El mundo tras la crisis del coronavirus

José Luis Centella

Exsecretario general del PCE

La crisis provocada por la extensión de la pandemia causada por el COVID19 ha cuestionado los principios ideológicos del capitalismo, devaluado el poder de los EE.UU. y su capacidad de hegemonía sobre el resto del planeta. Ningún Estado mira hacia Washington como referente de las medidas a tomar para afrontar la emergencia pero, lo que es más novedoso, tampoco ha recurrido a los EE.UU. para pedir ayuda económica o sanitaria, como podía haber ocurrido en otros tiempos. Sin embargo, más de 80 países se han dirigido en este sentido a China que sí está apareciendo ante los pueblos del primer mundo como un ejemplo para vencer la crisis médico sanitaria, sin olvidar que Italia ha pedido ayuda a Rusia y Cuba al margen de la Unión Europea.

Al mismo tiempo, la Unión Europea ha continuado su camino hacia la pérdida total de peso en el concierto internacional. Su incapacidad para actuar de forma unitaria y, mucho menos, solidaria, su absoluta falta de iniciativa y de capacidad productiva, que le hacen muy dependiente, han situado a la Unión Europea ante la mayor crisis de su historia, donde se ponen en evidencia todas sus debilidades y contradicciones internas, fruto de un proceso de integración de carácter neoliberal y supeditado a la OTAN.

Una cuestión significativa a la que se ha prestado poca atención es el desastroso comportamiento de los organismos internacionales, de manera especial la ONU, que han estado prácticamente desaparecidos en esta situación de emergencia; también se comprobó cuando el FMI se negó a facilitar ayuda a Venezuela para la compra de material sanitario, situándose de una forma clamorosamente servil a los EEUU, de manera que se constata que esos organismos no estaban diseñados pensando en el interés general.

La devaluación de los EEUU, el fracaso de la Unión Europea, y las disputas dentro de países capitalistas, de forma especial en los EE.UU., están mostrando la imposibilidad de una acción mancomunada en el seno del capitalismo que anteponga el interés general al beneficio económico. Ante esta evidente pérdida de simpatía de millones de seres humanos de todo el planeta hacia los valores capitalistas, los poderes burgueses no pueden permitir que se constate que China ha respondido de forma mejor ante el coronavirus, y que el sistema político y económico chino está siendo más eficaz y solidario que el de EEUU y la Unión Europea para defender de la seguridad de sus ciudadanos.

En esta situación los intereses capitalistas encabezados por el presidente estadounidense, Donald Trump, atacan duramente a China, buscando, entre otras cuestiones, recuperar un clima de guerra fría que les permita aumentar la presión militar y ejercer una mayor presión internacional hacia los Estados actualmente dependientes de los organismos económicos internacionales. Estados Unidos necesita una política exterior agresiva, porque persigue el dominio de las materias primas y los recursos naturales del planeta mediante la ocupación militar o el control colonial para mantener las altas tasas de beneficios de las empresas multinacionales.

Desde este análisis de las consecuencias que está provocando la crisis actual, es importante tener presente que esta decadencia de la llamada globalización neoliberal, de carácter capitalista, es anterior a la crisis provocada por el COVID-19, porque cada vez era más obvio que los problemas de la humanidad no pueden resolverse con un sistema de relaciones internacionales basado en un mundo unipolar, donde las ganancias de las grandes potencias se consiguen a costa de las pérdidas de los Estados menos desarrollados, la denominada teoría de la suma cero.

Lo que ha ocurrido, es que la situación de emergencia que está provocando la pandemia está agravando una situación de cambios geopolíticos que ya estaba en marcha, de manera que poca gente duda de que el orden internacional que aparecerá después de que sea controlada la pandemia será diferente al que hemos conocido, lo que no quiere decir que esté asegurado el triunfo de valores solidarios y socialmente avanzados.

Tenemos que ser conscientes de que el capitalismo tiene demostrada capacidad para reinventarse y cambiar las formas para que no cambie lo fundamental: la acumulación de altas tasas de beneficios en manos del gran capital, al tiempo que no podemos desconocer que la crisis también afecta a China donde se produce una situación de paralización de la actividad económica que frenará su crecimiento.

Pueden aparecer nuevos peligros, porque si la globalización neoliberal era negativa para la humanidad, peor puede ser la alternativa que están defendiendo algunos pensadores capitalistas postulando el cierre de fronteras, trabas al comercio internacional, agravamiento del carácter unilateral de las relaciones internacionales, aumento del militarismo y del control dictatorial de los pueblos. No es nuevo que ante el fracaso del capitalismo liberal los poderes económicos apuesten por el fascismo como el mejor guardián de sus intereses.

Frente a ese pensamiento de carácter reaccionario, antisocial, patriarcal, militarista, debe levantarse una propuesta para que la crisis de la globalización neoliberal pueda dar paso a una nueva gobernanza mundial basada en la multilateralidad y la horizontalidad en las relaciones entre Estados, que desarrolle un comercio justo de beneficio mutuo donde todos ganen, que entierre la teoría de la suma cero y realice grandes cambios en el ordenamiento y las instituciones internacionales, es decir, levantar una vez más la bandera del internacionalismo frente al fascismo.

En esa necesidad de una nueva gobernanza mundial adquiere todo su sentido la propuesta de construir una comunidad que asegure un futuro compartido para la humanidad, sume voluntades y esfuerzos para cooperar y que puedan alcanzarse objetivos comunes para que todos los habitantes del planeta puedan tener derecho a una vida digna, y sumar esfuerzos para combatir juntos las situaciones de emergencia como la que vive la humanidad.

Construir un nuevo orden internacional que se base en nuevos principios, nuevos valores y nuevas formas de representatividad de la comunidad internacional, nos conduce obligatoriamente a plantear la olvidada refundación de la ONU con un nuevo reparto en la participación de todos los Estados del planeta y una nueva dimensión de sus agencias internacionales, que regularmente son atacadas por el actual gobierno de los EEUU; así como replantear la configuración y el papel de las instituciones económicas que han sido los pilares sobre los que se ha construido el dominio del gran capital sobre los recursos económicos, las materias primas y recursos naturales del planeta, imponiendo políticas neoliberales que han destruido todos los elementos públicos de protección social.

Por otra parte, es necesario trabajar para acumular fuerzas en defensa de un proyecto constituyente en Europa en un proceso que desborde institucional y territorialmente a la actual Unión Europea, mediante una forma de integración horizontal, solidaria, independiente, que se plantee una reconstrucción de la economía, el modelo productivo y la vida en una Europa devastada por años de Neoliberalismo y que puede ser rematada por la crisis provocada por la extensión del COVID19.

También es importante ser conscientes de que América Latina está siendo el territorio en el que se está jugando una batalla fundamental entre las fuerzas que siguen defendiendo un proyecto de integración regional que permita disponer de los recursos y riquezas naturales para mejorar la calidad de vida de los pueblos latinoamericanos, y las fuerzas de las oligarquías locales que pretenden volver a una situación de dependencia de los EE.UU. como la mejor fórmula para asegurar la defensa de sus intereses de clase.

Construir esta comunidad con un futuro compartido para toda la humanidad, es lo que puede permitir, no solo una más rápida salida de la actual situación de emergencia mediante la cooperación mutua y las posibilidades de compartir recursos, sino que puede ayudar a evitar que situaciones como la actual se repitan, desarrollando un concepto de seguridad compartida integral y sostenible en beneficio de toda la humanidad.

Nadie puede negar que en el mundo actual existe una total interdependencia entre todos los países y territorios: la cuestión es poder afrontar esta interrelación desde la cooperación que consiga compartir recursos y avances técnicos para multiplicar la ganancia conjunta, elaborando reglas claras que ayuden y protejan a los Estados más débiles y vulnerables de las agresiones de los Estados más poderosos y desarrollados.

Para empezar, una crisis de emergencia como la que está viviendo la humanidad nos demuestra que las crisis no respetan fronteras, ni continentes; hace necesario reforzar la cooperación internacional, y plantear la refundación de las Naciones Unidas y el desarrollo de un nuevo orden internacional, porque no puede haber una gobernanza mundial solidaria, progresista, socialmente avanzada, sin una institución plenamente democrática y representativa, que tenga el control sobre las instituciones económicas internacionales para hacerlas más útiles a los países que más van a sufrir la situación de emergencia. En este sentido, la cooperación económica internacional debe experimentar grandes cambios para establecer reglas que permitan un mejor aprovechamiento de la economía para mejorar la calidad de vida de quienes se vean afectados por las consecuencias de la crisis.

En estos tiempos, el desarrollo de las fuerzas productivas, los avances tecnológicos, los descubrimientos médicos permiten hacer frente con éxito a las situaciones de emergencia como la actual; hace falta sustituir el mercado neoliberal que pone toda la economía y los recursos naturales del planeta al servicio de las grandes empresas capitalistas, hace falta desarrollar reglas para fomentar políticas económicas para salir de la crisis en función del interés general, desde la solidaridad, fortaleciendo los instrumentos de protección social pública, y unas relaciones internacionales basadas en el beneficio mutuo.

La cuestión básica para poder consolidar un nuevo marco de relaciones políticas, económicas y culturales entre los Estados del planeta, desde unas instituciones internacionales, es el diseño de un gran proyecto de reconstrucción del planeta que haga frente a las consecuencias que la actual crisis está provocando, porque solamente asegurando a toda la humanidad unas condiciones de vida dignas puede tener futuro cualquier proyecto que pretenda diseñar un nuevo modelo de sociedad para este Siglo XXI.

La cooperación económica internacional debe experimentar grandes cambios para establecer reglas que permitan un mejor aprovechamiento de la economía para mejorar la calidad de vida de quienes se vean afectados por las consecuencias de la crisis siendo fundamental implantar nuevas fórmulas en el comercio internacional desde principios justos en el que todos ganemos y sean un instrumento para el progreso de los pueblos desde unas bases sostenibles de respeto a la biodiversidad y la soberanía alimentaria con la defensa de la recuperación ecológica del planeta.

Es por tanto necesario un Gran Proyecto de Reconstrucción del Planeta que cuente con suficiente apoyo social, político y económico, con reglas de funcionamiento claras que eviten las situaciones de injusticia, neocolonialismo y degradación medioambiental que ha causado la globalización neocapitalista. La construcción de un nuevo orden internacional exige hoy en día un desarrollo conjunto o por lo menos no tan desequilibrado como el que sufre el planeta como consecuencia de la hegemonía de siglos de dominio y explotación capitalista.

En este objetivo de dotar a la humanidad de un proyecto común aparece con gran fuerza la iniciativa que lleva tiempo promoviendo el gobierno de la República Popular China en colaboración con decena de Estados y organismos económicos de todo el planeta: la iniciativa de una Franja y una Ruta, que en este momento puede ser de gran ayuda para superar la crisis económica que va a sufrir todo el planeta y que afectará con más dureza a los países más débiles y desprotegidos.

La Iniciativa Una Franja y Una Ruta es el mayor proyecto de cooperación internacional de la historia; la propuesta es que esa Iniciativa sea contemplada por todos los Estados del mundo como la oportunidad para coordinar proyectos y recursos para dedicarlo a la reactivación de la economía mundial que, sin duda, se verá afectada por la paralización que sufre la producción en todo el mundo. La propuesta debe contemplar que, junto a la refundación de las instituciones internacionales, se plantee aprovechar la Iniciativa Una Franja y una Ruta para convertirla en un anillo que rodee todo el planeta, con principios justos, sostenibles, socialmente avanzados y netamente solidarios para construir un futuro compartido para toda la humanidad

Desde todos estos argumentos es el momento de realizar un llamamiento a una gran convocatoria que de manera plural, diversa, intensifique todas las iniciativas, foros y encuentros para confluir en el más amplio movimiento para que se preste atención un GRAN PROYECTO DE INTERÉS GENERAL, que nos llevaría a esa comunidad con un futuro compartido para toda la humanidad, para poder salir de esta terrible experiencia que hemos sufrido más unidos, más solidarios, más convencidos que nunca en la historia de que por encima de las fronteras, del  color de la piel, del lugar de nacimiento, de las culturas o religiones, juntos podremos afrontar con éxito los desafíos que el futuro nos depare, derrotando la injusta globalización neoliberal, para construir una gran comunidad en la que puedan incluirse todos los pueblos del mundo.