Dominio público

Las razas no existen, aunque el racismo sí

Cedremonia de nativos americanos en Canadá. REUTERS
Cedremonia de nativos americanos en Canadá. REUTERS

El pasado día 13 de abril, el diario El País publicaba, bajo el título 'No diga raza', un artículo escrito por el biólogo Javier Sampedro. En él, el también divulgador científico volvía a poner sobre la mesa un debate que, lamentablemente, reaparece cada cierto tiempo y parece imposible de detener: la existencia o no de razas en la especie humana. Los antropólogos y antropólogas creemos que la desinformación, incluso con la mejor de las intenciones, puede tener consecuencias nefastas, sobre todo si alimenta la discriminación y el racismo en una situación tan compleja como la pandemia actual. Por eso, no queremos desaprovechar la ocasión para llamar la atención sobre la necesidad de actuar con mucha cautela en relación con el uso y defensa de la categoría 'raza', desterrada por los genetistas y por la disciplina antropológica desde hace décadas.

El artículo afirma, entre otras cuestiones, que el racismo no consiste en creer en la existencia de razas humanas, sino, más bien, en que unos grupos son genética o culturalmente inferiores que otros. Si bien es posible llegar a aceptar una premisa como ésta, también es verdad que el uso de conceptos supuestamente raciales es metodológica y políticamente erróneo. No sólo naturaliza categorías socialmente construidassin reconocer que no hay carga genética común que respalde tal condición, sino que reproduce -quizás sin desearlo- una herencia racista inserta en ellas, algo que puede tener peligrosos efectos prácticos. Cuestionar el término 'raza' es imprescindible no solo porque biológicamente no existen distintas razas, sino porque culturalmente sus efectos clasificatorios permiten crear unas diferencias que pueden leerse en clave de superioridad y/o supremacismo racial.

De este modo, el textose acerca a un importante tema, la vulnerabilidad a la COVID-19 de la población hispana y afro-americana en Estados Unidos, mediante la defensade la existencia de razas y criticando duramente a la disciplina antropológica. Sin embargo, ninguna aproximación a la pandemia puede considerarse completa sin tener en cuenta la cuestión cultural. De este modo, es muy probable, por ejemplo, que los hallazgos del impacto del virus en población inmigrante de origen mexicano no sea la misma que en población norteamericana de clase media con ancestros hispanos que vivan en Nueva York, provengan éstos de España o de América Latina. La categoría 'hispano' debe usarse pues con cautela, porque no es objetiva aunque sea relevante, debiendo cruzarse con otras variables sociodemográficas como la clase social, la formación educativa, etc.

Además, Sampedro incurre en varias falacias y sesgos por prejuicios. Afirmaciones tales como 'Como amante del jazz, incluso creo que hay razas superiores en ciertos sectores de la actividad humana: los negros son mucho mejores en ese universo musical profundo que ha marcado al siglo XX, y lo siento por vosotros, músicos blancuchos' están llena de trampas. Se trata de una manera de afirmar la superioridad blanca mediante el mecanismo de la idealización compensatoria: decir que son superiores en algo, porque en todo lo demás están por debajo. La trampa es muy fácil de ver si se sustituye en su misma frase la palabra 'negro' por 'blanco' y 'blancuchos' por 'negruchos'. Si resulta inadmisible es que existeuna trampa retórica. Además, el científico y periodista pone en boca de los antropólogos y las antropólogas supuestas afirmaciones propias (o sobre cómo trabajan) totalmente reduccionistas y distorsionadas para así poder atacarlas; e incurre en sesgos e ironías clasistas como cuando afirma 'La razón más probable de esas diferencias raciales en la vulnerabilidad al coronavirus es que los negros y los chicanos son de clase baja, y ser de clase baja es una de las peores decisiones que puede tomar una persona al nacer. Pero tampoco es nada extraño que haya diferencias biológicas en la susceptibilidad a un virus'. Es evidente que las diferencias biológicas suponen una mayor susceptibilidad al virus, la más evidente de las cuales es la edad. El proceso de envejecimiento en los seres humanos conlleva, además de otras dimensiones socioculturales, una especificidad en la forma y composición de tejidos y órganos, en cambios en funciones sistémicas como la cardiovascular, respiratoria e inmunológica, y la propia capacidad de adaptación al ecosistema (incluyendo virus y bacterias que ingresan al cuerpo como parte del ecosistema). Pero afirmar eso después de hablar de razas biológicas crea la trampa retórica de dar por cierta la existencia de razas, dado que se concibe a éstas como parte del argumento general sobre las diferencias biológicas.

Para finalizar, la publicación realiza una crítica completamente inexacta, desinformada y malintencionada sobre la Antropología. Sampedro se refiere a ésta en tono caricaturesco y paternalista diciendo que sus profesionales 'se pasan el día estudiando a tribus del Amazonas que no han tenido contacto con la civilización o a poblaciones de bosquimanos que se encuentran entre los ancestros más antiguos de la humanidad moderna'. Este es un ejemplo más del desconocimiento del autor. Como disciplina, la antropología está entroncada en comunidades científicas internacionales, con estándares de rigor y ética profesional muy sólidos e institucionalizados, y se dedica a una mayor variedad de cosas que el estudio de 'tribus del Amazonas'. El propio concepto de tribu también hace tiempo que está superado, aunque el Sr. Sampedro tampoco parece haberse enterado de esto.

En un momento tan difícil en el que la información veraz y contrastada es más necesaria que nunca, es necesario realizar una llamada general a incrementar la sensibilidad y la reflexión. Artículos como este, además de ridiculizar a quienes niegan la existencia de las razas humanas, transmiten la idea de que 'naturalmente' hay disciplinas superiores a otras y 'razas' superiores a otras, y se basan en la descalificación gratuita y desinformada. Las razas no existen, aunque el racismo sí.

Firmado:

  • Cristina Sánchez-Carretero, Presidenta ASAEE, Presidenta Agantro, Incipit-CSIC
  • Begonya Enguix, Vicepresidenta ICA, UOC
  • Liliana Suárez Navaz, IMA, U. Autónoma de Madrid
  • Miquel Ruiz, Comité Ejecutivo ASAEE, U. Valencia
  • Alvaro Pazos, Vicepresidente ASAEE, Presidente IMA, U. Autónoma de Madrid
  • Pilar Monreal, Comité Ejecutivo ASAEE, U. Autónoma de Madrid
  • Beatriz Santamarina, AVA, U. Valencia
  • Jose Mansilla, Observatori d'Antropologia del Conflicte Urbà (OACU)