Dominio público

La hegemonía y el futuro en juego después de la Pandemia

Marc Grau

Profesor de la UAB

Elisenda Alamany

Concejala de Barcelona y consejera metropolitana

¿Las crisis debilitan o refuerzan los gobiernos?  ¿Quién ha liderado la gestión de la crisis del Covid-19: quien gestiona las áreas clave o quien consigue marcar el discurso? Es difícil de decir. Y el propósito de este texto tampoco es responder a estas preguntas, sino compartir cinco ideas.  Cinco ideas sobre el futuro cercano, vinculadas entre sí, y atravesadas todas ellas por las incógnitas sobre el proceso soberanista en Catalunya, la disputa por la hegemonía o la respuesta al cambio de época después de la crisis de la Covid.

1- Sentido común

En política, los significados no vienen nunca dados.  La sociedad siempre se mueve, y también lo hace el sentido común de cada momento. El campo de juego es algo que se reconstruye constantemente. A través del discurso político, los diferentes grupos compiten para construir interpretaciones del momento, y fabrican horizontes compartidos que tengan capacidad de liderar el conjunto de la sociedad.

Hoy en Catalunya nos encontramos en un momento clave. La emergencia sanitaria que padecemos derivará, a buen seguro, en una crisis social y económica a la que tendremos que dar respuesta. Y nos conviene aprender de los errores de la gestión de la crisis de 2008: poner las personas en el centro y ofrecer nuevas soluciones. Porque si se repiten las respuestas de hace una década, profundizaremos el impacto que todavía se arrastra desde entonces. Y esto, seguro, nos conducirá también a una crisis política, de cuestionamiento, de confianza y legitimidad de las instituciones.

La ciudadanía no puede cargarse sobre los hombros los costes de una nueva crisis cuando el impacto de la de 2008 aún colea. Debemos aprender de los errores del pasado. Somos una sociedad marcada por crisis encadenadas y con retos pendientes, y tocará saber hacer aquello de lo que no fuimos capaces hace más de una década. Inevitablemente, los próximos años vendrán marcados por qué proyecto lidera el sentido común de la gente y se convierte en hegemónico en nuestro país.

2- Hegemonía

La hegemonía es la disputa cultural y simbólica para vincular un relato político a una mayoría social. Depende de la audacia para leer el momento político, entender la sociedad y ofrecerle respuestas y horizontes de futuro. Si se hace bien, esta hegemonía se traduce en victorias electorales.

Ahora bien, las victorias electorales no tienen por qué traducirse a la fuerza en el logro de una posición hegemónica. Ganar unas elecciones depende de la capacidad de leer el momento político y ofrecer la respuesta que espera la mayor parte de la ciudadanía. En cambio, para convertirse en un proyecto hegemónico no es suficiente con parecerse al país y saberse ubicar en la centralidad política. Podríamos decir que es condición necesaria, pero no suficiente. Es imprescindible representar también lo que desea ser el país, el horizonte de futuro al que quiere desplazarse. Proyectar el futuro deseado y conseguir que el país te siga. Hablar de hegemonía, de hecho, es hablar de la capacidad de liderazgo y dirección política de un proyecto.

Por lo tanto, cualquier victoria electoral, si no se traduce en un ejercicio de liderazgo político, en la aparición de nuevos discursos y nuevas respuestas políticas, no podrá consolidarse nunca una nueva hegemonía. Y esto exige ganarse la confianza de la ciudadanía en el día a día, asemejándose a ella y ofreciendo soluciones a sus preguntas cotidianas. Pero no será posible sin una inversión de los valores establecidos que oriente a la ciudadanía hacia nuevos horizontes, nuevas posibilidades e imaginarios compartidos.

3- La mayoría posible

Es evidente que cualquier proyecto político que se presente a unas elecciones con intención de gobernar pretende ganarse la confianza de cuanta más gente mejor. Y aquí hay dos actitudes posibles: intentar parecerse más a la sociedad, o esperar a que la sociedad se parezca a ti. En los partidos políticos de minorías, los liderazgos recaen en aquellos que representan mejor los fundamentos y esencias del propio proyecto. En cambio, en los partidos políticos de mayorías, los líderes son aquellos que se parecen más a lo que son y quieren ser sus votantes.  En la política dirigida a las mayorías, los liderazgos y referentes se parecen al país que quieren representar y al futuro que quieren construir.

El proyecto hegemónico en los próximos años en Catalunya será el que sepa abrirse para sumar. Pero también es clave saber cerrarse a lo que es antagónico a lo que somos y pretendemos. Será hegemónico el proyecto que sepa leer y representar los grandes consensos del país: una salida digna y justa de la crisis, la importancia de un sector público que nos proteja, la oposición a la represión, el papel de las élites, el derecho a decidir, la necesidad de respuestas al cambio de época, etc. La definición de la dicotomía entre un "nuevo nosotros" y su alteridad es la clave para arrastrar una "mayoría posible" transversal que integre, aunque sea parcialmente, sectores sociales y políticos diversos.

4- Nueva época y nuevos liderazgos

Durante los últimos años en nuestro país, sobre todo a partir de la última crisis de 2008 y su gestión, hemos vivido la política tradicional con distancia, resignación y desconfianza. El momento político actual demanda nuevos liderazgos políticos que sean reflejo de una nueva época. No estamos hablando (sólo) de un cambio de personas, sino que debe ir ligado a un cambio de valores y de agenda de políticas.

Cuando acabe el miedo, la incertidumbre y la angustia de estar encerrados en casa y podamos salir "con normalidad" a las calles, tendremos que afrontar las preguntas de una nueva época.  Desde hace más de veinte años se están gestando cambios en la sociedad, acelerados por las crisis que hemos ido encadenando. Cambios demasiado profundos para considerarlos transitorios o coyunturales.

Las dinámicas sociales o económicas, la concepción del trabajo, las estructuras sociales y familiares o las formas de consumo o de interacción no volverán a ser las mismas. De todo ello, ha resultado una sociedad que ha cambiado mucho en los últimos años, a la que no le servirán ni las recetas antiguas, ni volver atrás, y que sigue esperando nuevas respuestas.

Los nuevos liderazgos deben ser los mejores testimonios de los nuevos tiempos. Deben gestionar mejor, y con más audacia, el momento político de cambio de época que atravesamos. Deben ofrecer nuevos relatos y horizontes de posibilidad, dibujando un "hacia dónde vamos" compartido por una mayoría de la sociedad. Y, sobre todo, a pesar de las dificultades del momento, han de transmitir ilusión en este proyecto de futuro.

5- La nueva Catalunya

Finalmente, conviene tener en cuenta que no tendremos un país nuevo si antes no somos capaces de imaginar una "Catalunya nueva". Si no somos capaces de imaginar un país que no deje a nadie atrás, y ponga los servicios públicos en primer término. Que disponga de una economía productiva fuerte, entendiendo las complejidades de todo el tejido empresarial y la diversidad de sectores, y sepa proteger también los trabajadores o su territorio.

Un país que apueste por una agenda verde ambiciosa, que afronte el reto de adaptar el turismo o el comercio a los nuevos tiempos, que replantee los sistemas de producción y las dinámicas de deslocalización, o que trabaje nuevos modelos de movilidad, vivienda o urbanismo para poder repensar nuestras ciudades. Una nueva Catalunya con unas instituciones renovadas, a la altura de una sociedad que ha cambiado mucho en los últimos años, con nuevas agendas y maneras de hacer. Debemos ser capaces de imaginar un país, en definitiva, que responda a los retos de los nuevos tiempos y ofrezca respuestas al cambio de época.

Porque no se trata de ganar sólo elecciones, se trata de ganar un país. Primero imaginemos una nueva Catalunya, y después tendremos la fuerza de una mayoría para construirla. Un proyecto de país que responda a los retos del cambio de época y dibuje lo que podemos llegar a ser. La batalla por la hegemonía dependerá del liderazgo para dirigirse a una "mayoría posible" con la nueva épica de un país nuevo por construir.