Dominio público

El mundo tras la covid-19

Enrique Javier Díez Gutiérrez

Enrique Javier Díez Gutiérrez es profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León. Miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado por Nazanín Armanian, María José Fariñas Dulce, Pedro López López, Rosa Regás Pagés, Javier Sádaba Garay, Waleed Saleh Alkhalifa y el propio autor

Personas con mascarilla pasean cerca de la Torre Eiffel, en París. . REUTERS/Gonzalo Fuentes
Personas con mascarilla pasean cerca de la Torre Eiffel, en París. . REUTERS/Gonzalo Fuentes

Laicidad viene del término griego laos, que designa al pueblo entendido como unidad por el bien común. El laicismo recoge ese ideal universalista de organización de la sociedad. Por eso, uno de los principios básicos del laicismo es la búsqueda del bien común que los griegos denominaban koinonía. El bien común, postergando y poniendo entre paréntesis los intereses privados.

Esto es lo que pensé cuando mi amigo y compañero Vicente Manzano, profesor de la Universidad de Sevilla, me invitó a que aportara alguna idea para el seminario de reflexión y acción titulado "Tras el Covid-19, cómo cambiaremos el mundo". Un seminario para pensar colectivamente acerca "no del mundo que nos espera, sino del mundo que deseamos que ocurra, para ponernos ya manos a la obra".

Lo primero que se me vino a la cabeza fueron propuestas que llevo largo tiempo deseando que se pongan en marcha, ahora con más fuerza tras ver cómo debería quedar fulminado el relato neoliberal tras la pandemia. Pues esta crisis de la covid-19 ha mostrado claramente que el capitalismo neoliberal ha sido la auténtica pandemia, pues ha saqueado sistemáticamente los bienes comunes y arrasado la solidaridad colectiva, y ahora lo hemos comprobado cuando más la hemos necesitado.

Así y todo, tanta gente ha mostrado, durante esta crisis, que es posible seguir confiando en la capacidad del ser humano para sacar lo mejor de sí y retomar de nuevo la solidaridad y la ayuda mutua, que me he sentido realmente esperanzado.

Por eso, escribí de forma impulsiva estas cuatro propuestas que, tras la pandemia y la reacción social colectiva, creo posible que no sea solo sueños, sino posibles realidades que se pongan en marcha a nivel mundial:

  1. Presupuestos "escandalosos" para el bien común: educación, sanidad, servicios públicos, pensiones...
  2. Supresión de presupuestos para armamento..., es decir, para la muerte.
  3. Poner límites al enriquecimiento de una minoría a costa de la mayoría y redistribuir los recursos y bienes del planeta de forma equitativa.
  4. Decrecimiento del modelo productivista, capitalista y depredador del planeta y del medio ambiente...

Ante la crisis de la covid-19 los bancos europeos tendrán a su disposición 3 billones de euros, mientras cobrarán un 0,25% por los importes prestados sin que tengan luego obligación específica ninguna en cuanto a su destino. También el BCE comprará activos por importe de 1,1 billones de euros en 2020, incrementando su balance con bonos públicos y de empresas privadas por encima de los 6 billones. Incluso la UE ha acordado desbloquear medio billón de euros contra la crisis del coronavirus. Miles de millones de euros.

Quiero que estos miles de millones de euros no se destinen, como la anterior crisis de 2008, a la reestructuración del capitalismo, socializando las pérdidas del capital para que las paguemos entre todos, con políticas de austeridad y recortes de derechos y nivel de vida de la clase trabajadora. Quiero, por el contrario, que se destinen a la consolidación de un Estado Social Avanzado que democratice la economía de forma equitativa, justa y progresivamente decreciente que ponga fin al modelo extractivista y de saqueo del planeta. Servicios públicos de titularidad y gestión pública, así como empresas públicas en sectores estratégicos para controlar democráticamente los bienes comunes esenciales (energía, comunicaciones, agua, etc.) no en función de los beneficios y el mercado. Es decir, fortalecer los instrumentos del Estado para garantizar una mayor protección social y un mayor control de la economía que supedite el mercado al interés general.

Quiero que esos miles de millones sirvan para avanzar en un Estado social que no solo nos proteja colectiva y solidariamente, sino que ponga límites al enriquecimiento de unos pocos y pueda redirigir la economía hacia las necesidades reales del ser humano. Necesitamos políticas de nacionalización de fortunas y beneficios por encima de los 100.000 euros al año o de más de 300.000 euros de patrimonio. ¿Quién necesita más de esa cantidad para vivir dignamente? No responde a ninguna necesidad humana acumular tales cantidades. Deben revertir al bien común. Es decir, decretar normativa y legalmente "tolerancia 0 a la acumulación". En vez de campañas de "pobreza 0", poner en práctica una campaña real de "riqueza cero" y redistribución justa de los bienes y los recursos planetarios.

Igualmente es necesario pensar que vivimos en un planeta finito y no hay planeta b, para seguir consumiendo y saqueando el planeta en función no de necesidades, sino de deseos impulsados por un mercado basado en el crecimiento continuo y desmesurado. Si todo el planeta consumiera al ritmo del habitante medio de los países del norte, necesitaríamos varios planetas para mantener este ritmo insostenible. No sólo estamos destrozando el planeta a un ritmo acelerado, sino que estamos condenando a las futuras generaciones a heredar un planeta arrasado y esquilmado de sus recursos naturales. Sabemos que únicamente la ruptura con el sistema capitalista, con su consumismo y su productivismo, puede evitar la catástrofe.

¿Es tan difícil plantear un mundo así? ¿No es de sentido común? Solo unos pocos egoístas y egocéntricos sujetos pueden defender que su deseo particular está por encima de las necesidades de todos y todas. Ya es hora de poner coto a los deseos de esos "borjamaris" que defienden con uñas y dientes sus privilegios de clase y que están dispuestos a destrozar el planeta, a los más débiles e incluso la idea de humanidad, con tal de seguir manteniendo sus privilegios. La crisis del Covid19 es la oportunidad para reinventar un modelo planetario de sociedad al servicio del bien común.

Espero que a partir del debate en el seminario se avance en muchas más propuestas, como éstas, que se vienen defendiendo desde hace mucho tiempo, pero que no hemos sido capaces de convertirlas en el relato social mayoritario, que dispute el relato neoliberal que la clase dominante ha conseguido convertir en un dogma con sus medios de difusión masiva. Para disputar la guerra económica desatada por el capitalismo neoliberal en todos los frentes, debemos disputar y ganar simultáneamente la guerra ideológica. Si no somos capaces de imaginar otro mundo posible, no podremos caminar hacia él. Esperemos que la creación de una Internacional Progresista, impulsada por Noam Chomsky, Yannis Varoufakis y Naomi Klein sea un cimiento sólido en este camino.