Opinión · Dominio público

Mujeres, trabajo y salud

MARI LUZ RODRÍGUEZ

Mañana es el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo. Un día para recordar a todas las personas que han perdido la vida o la salud trabajando y para renovar el compromiso de todos los agentes implicados en la lucha contra la siniestralidad laboral. Un día que este año hemos querido dedicar a las mujeres, porque también sufren daños en el trabajo aunque rara vez se hable de ello.
Desde hace décadas, la participación de las mujeres en el trabajo retribuido ha ido en aumento. Hoy hay en España más de ocho millones de mujeres ocupadas, lo que representa algo más del 44% de la población trabajadora.
Este cambio en positivo de la participación de las mujeres en el mercado laboral tiene, no obstante, zonas de sombra. Con frecuencia las mujeres se ven confinadas a una gama más estrecha de ocupaciones que los hombres (segregación horizontal) y a puestos de trabajo inferiores (segregación vertical). Las mujeres siguen siendo mayoría en ciertos tipos de ocupaciones en el sector servicios y en la economía informal; y, en la industria, suelen ser asignadas a puestos claramente feminizados. No es raro que la vida profesional de muchas mujeres transcurra en puestos de trabajo de baja cualificación y con más propensión que los hombres a contratos a tiempo parcial o eventuales.
Todo ello se refleja en la Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo, donde las mujeres presentan menor grado de satisfacción que los hombres respecto de factores como la posibilidad de promoción, el desarrollo profesional o la autonomía. Una de cada cuatro de ellas declara también que la cualificación de su puesto de trabajo es inferior a la formación alcanzada, siendo esta discordancia sensiblemente superior a la que encontramos entre los hombres.
Así las cosas, puede decirse que el crecimiento cuantitativo del empleo de las mujeres no se ha correspondido con un crecimiento parejo de la calidad del mismo, de modo que persisten desigualdades que acentúan la falta de homogeneidad en las condiciones de vida, trabajo y salud de mujeres y hombres.
Según la encuesta citada, las mujeres sufren una mayor exposición que los hombres a posturas estáticas y movimientos repetitivos de mano-brazo. También afectan más a las mujeres factores como el tratamiento directo con el público, la exposición a tareas repetitivas y la simultaneidad de tareas. Estas condiciones en el trabajo de las mujeres tienen impacto sobre su salud que difiere del que reciben sus compañeros varones. El 75% de las mujeres afirman sufrir molestias osteomusculares atribuibles a posturas y esfuerzos derivados del trabajo. Además, el riesgo de sufrir estas dolencias se incrementa no sólo en la medida que lo hacen los requerimientos físicos, sino también cuando se asocian con la presencia de factores de carga mental. Según esta misma encuesta, las mujeres son también más vulnerables a síntomas como alteraciones del sueño, cansancio, cefalea o estrés.
Por otro lado, a las propias condiciones de trabajo suelen unirse demandas generadas en el entorno social o familiar. La Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo contabiliza más de un 30% de mujeres trabajadoras con hijos menores de 14 años, un 10% que viven solas con sus hijos y un 43% que forman parte de núcleos familiares integrados por pareja e hijos. Mírense estos datos desde la conocida diferencia entre los tiempos que dedican mujeres y hombres a la conciliación de la vida laboral y familiar y súmense a que una de cada cuatro mujeres considera que la maternidad perjudica su carrera profesional.
Aparte de estos indicadores de trabajo y salud están los de siniestralidad. Durante 2010, fueron notificados 191.343
accidentes de trabajo en jornada y 3.507 enfermedades profesionales entre la población de trabajadoras. Los primeros representan un 30,5% del total, las segundas, un 44,5%. Las enfermedades profesionales de las mujeres se concentran en los sectores del comercio y la industria de alimentación y más de un 73% de ellas son tendinitis y parálisis de los nervios por presión, que incluye, entre otras patologías, el síndrome del túnel carpiano.
Todo esto es importante que lo sepamos y lo hagamos visible, pero también que lo afrontemos con políticas de empleo y prevención teñidas de visión de género. Ampliar las opciones de ocupación de las mujeres, mejorar la organización del trabajo en las empresas y avanzar en medidas que impulsen la corresponsabilidad de mujeres y hombres en el reparto de las tareas familiares es sólo el principio. Luego debemos mejorar el conocimiento de los riesgos y las patologías laborales con más incidencia entre las mujeres; erradicar la violencia de género en el trabajo y reducir la exposición a riesgos ergonómicos, psicosociales y químicos; garantizar la prevención de la salud reproductiva, el embarazo y la lactancia; y caminar con paso firme hacia la eliminación de las desigualdades en el entorno laboral. Ese es nuestro reto.

Mari Luz Rodríguez es secretaria de Estado de Empleo

Ilustración de Iker Ayestaran