Dominio público

Hombre, varón, de sexo masculino

Miguel Lorente Acosta

Exdelegado del Gobierno para la violencia de género y profesor de medicina legal en la Universidad de Granada

Protesta en Madrid los "abusos patriarcales" en el juicio contra 'la Manada'. ATLAS

La Macroencuesta sobre Violencia contra las Mujeres de 2019 ha vuelto a poner de manifiesto la doble responsabilidad de los hombres en la violencia de género. Por un lado, porque los hombres son responsables de haber creado una cultura y una sociedad que normaliza, minimiza y oculta la violencia de género; y por otro, porque sus autores materiales son hombres.

El 99,6% de la violencia sexual sufrida por las mujeres ha sido ejercida por hombres, el 98,2% del acoso sexual padecido por las mujeres ha sido llevado a cabo por hombres, el 87,9% del stalking que viven las mujeres ha sido realizado por hombres, y el 100% de la violencia de género en la pareja y el 100% de los homicidios que se cometen en ese contexto, ha sido materializado por los hombres con los que mantenían o habían mantenido una relación de pareja.

El resultado es objetivo: el 57,3% de las mujeres de nuestro país (¡más de la mitad!), ha sufrido algún tipo de violencia por parte de los hombres a lo largo de sus vidas; y en el último año la han padecido más de 4 millones de mujeres. Y todo desde la "normalidad".

Si un determinado grupo de población sufriera violencia física, psicológica, sexual, acoso, stalking… en esta proporción, por ejemplo, el 57% de las personas que ejercen la Medicina, o el Derecho, o el periodismo, o de las que trabajan en la agricultura o en la construcción, ¿creen que la actitud social, con ese silencio encubridor y las justificaciones cómplices, sería la misma?, ¿cómo se reaccionaría ante los partidos políticos y las personas que negaran esa violencia?

La demostración de que la violencia que sufren las mujeres es "de género", es decir, construida sobre las referencias culturales que definen las identidades y los roles de hombres y mujeres, dentro de los cuales sitúan a los primeros con la capacidad de corregir o castigar a las mujeres, no está en sus estadísticas, sino en la reacción ante las mismas. En esa distancia al problema de la violencia que todavía mantiene una gran parte de la sociedad para no ver, y en la pasividad que guarda para que nada cambie.

Esta misma situación es la que hace que el 92% de las mujeres que sufren una violación no denuncie, y que el 78,3% de las que padecen violencia en las relaciones de pareja tampoco lo haga bajo argumentos como que la violencia sufrida no es lo suficiente grave, como indica el 46,4%, por vergüenza (el 5,7%), o por miedo al agresor (4,7%).

Al final, la imagen de la violencia de género es muy nítida: la mayoría de las mujeres no denuncian, cuando lo hacen hay un 21,3% que la retira para evitar las consecuencias que podría tener sobre sus hijos e hijas la imagen de un padre condenado, y cuando todo sigue adelante el porcentaje de condena es bajo, aproximadamente del 22%, lo cual hace que sólo alrededor del 6% de todos los maltratadores sea condenado. Una situación que desde el punto de vista práctico hace que los agresores, y muchos hombres que no descartan usar la violencia de género, la vivan como impunidad. De hecho, el 42,5% de los maltratadores que han sido denunciados no modifica su comportamiento a pesar de la denuncia.

Y toda esa violencia que queda sin condena no desaparece, sino que continúa en las mujeres que no denuncian y en el 30,2% que tras hacerlo mantiene la relación con el agresor. Y esa continuidad genera consecuencias psicológicas que llevan, entre otras consecuencias, a que un 24,4% de las mujeres desarrollen conductas de consumo de medicamentos, alcohol y drogas, y a que el 25,5% maneje ideas de suicidio como forma de salir de la violencia.

Pero si hay algo que demuestra la construcción machista de esta violencia y el posicionamiento de los hombres ante ella, es la ausencia de los hombres en su solución, y no me refiero sólo a la necesidad de implicarse en los cambios sociales y en las medidas concretas para su erradicación. Me refiero a su ausencia a la hora de prestar ayuda y apoyo a las mujeres de sus entornos que la han sufrido. Las propias víctimas relatan que acuden en busca de ayuda a las amigas (50,7%), a las madres (36,2%) y a las hermanas (22,1%); ¿dónde están y cómo son los amigos, los padres y los hermanos para que una mujer que sufre violencia de género no los vea como referencia ni apoyo? 

Cuando hace unos 20 años me preguntaban por el "perfil del maltratador" yo contestaba que tenía tres características: "hombre, varón, de sexo masculino", para remarcar que la violencia de género es producto de la voluntad de los hombres que la ejercen, no de ningún rasgo o alteración. Hoy la Macroencuesta-2019 nos aporta nuevos datos sobre esta realidad.

La sociedad está cambiando ante la violencia de género porque las mujeres están cambiando, no porque lo hagan los hombres. El papel de los hombres aparece perfectamente definido en la autoría de los diferentes tipos de violencia contra las mujeres, y en su ausencia como parte de la solución, incluso en los contextos más cercanos. Eso es lo terrible y lo que refleja la Macroencuesta de 2019, como antes lo hicieron las otras.

Pero también nos muestra que la transformación social que están llevando a cabo las mujeres es imparable y está dando frutos, y que cada día la sociedad es más crítica ante esta violencia, del mismo modo que hay más hombres que renuncian al machismo para vivir su masculinidad en igualdad. El machismo está cada vez más sólo y por eso los machistas necesitan esconder la realidad por medio de la negación, aunque ya nadie los crea fuera de sus propios espacios.